Ante el Covid: ¿cómo regular el comportamiento libre de los ciudadanos?

Ante el Covid: ¿cómo regular el comportamiento libre de los ciudadanos?

La relación entre sociedad y Estado no es simple. El Estado tiene desde su origen la misión de dirigir a la sociedad. Y esta dirección significa, al final del día, regular comportamientos: hacer que los ciudadanos paguen impuestos, que los patrones paguen aguinaldo a sus trabajadores, que los niños vayan a la escuela, y así, en todos los ámbitos institucionales se establecen formas de regulación de comportamientos. Y hay conductas de todo tipo: económicas, políticas, educativas, sanitarias, etc. Para lo cual, el Estado tiene una serie de instrumentos para hacerse obedecer: leyes, coacción, propaganda, impuestos, regulaciones institucionales, etc.

Sin embargo, el Estado tiene dos límites: sus propias capacidades y la libertad de los ciudadanos en ciertos temas. Esto es, si tiene poca capacidad regulatoria no podrá dirigir a la sociedad. Y también la libertad de tránsito, creencias, manifestación, de vivir su vida privada, es un claro límite del Estado para conducir los comportamientos. A esto se le llama ‘capacidad directiva’. Por ejemplo, en México tenemos un grave problema de obesidad, la cual genera problemas enormes de salud. Las llamadas enfermedades culturales se provocan no por virus, sino por los comportamientos de la gente: los hábitos alimenticios. El Estado claramente tiene límites de acción porque las personas son libres de comer lo que quieran, no se les puede dictar coactivamente cómo deben comer, a menos que tengamos una tiranía que elimine la libertad a nombre de la salud. Así, al Estado se le establece el reto de tener capacidad directiva sin eliminar la libertad de las personas. A sabiendas que la libertad de éstas, también está limitada por el derecho a la salud de los demás.

Así las cosas, si el contagio que provoca el Covid-19 está sin control, significa que la capacidad directiva del Estado es deficiente. El diagnóstico dice que el avance del contagio se debe a reuniones familiares y/ sociales. Por tanto, no esperaríamos que se tomen medidas para restringir las actividades económicas, y por el contrario, se hiciera una campaña para que la misma población restrinja estas actividades, y donde se hagan, las realicen con formas de ‘convivencia segura’: al aire libre, protegidos de los aerosoles (cubrebocas), cuidando el distanciamiento entre las personas y procurando el lavado de manos cada 2 horas.

A veces la mejor manera de enfrentar un problema no es prohibiendo las actividades, sino permitiéndolas de manera regulada. Porque claro está que las necesidades emocionales están buscando su realización. En suma, es importante que las ‘nuevas medidas’ tengan algo de racionalidad de acuerdo a los diagnósticos dados a conocer. No vayan a repetir aquello del ‘hoy no circula’ y ocurrencias que nada tienen que ver con los mecanismos efectivos de contagio, sólo para hacer ruido desde el gobierno. Necesitamos gobiernos inteligentes, no que hagan ruido. No es un reto fácil porque se trata de regular el comportamiento libre de los ciudadanos, por eso se necesita creatividad e inteligencia y no ocurrencias torpes. Estaremos atentos a las respuestas de los gobiernos a este reto, así se mide la altura de los mismos. Vale.

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