Debate y equilibrios, urgentes para el país

Debate y equilibrios, urgentes para el país

Debate y equilibrios…
Hace un par de años que no veía en el parlamento mexicano una discusión tan acalorada como bizantina, pero al final discusión que abrió el debate para primero cuestionarle y luego exigirle resultados en materia de salud, producto del COVID19 al super subsecretario plenipotenciario, López Gatell. La senadora Lilly Téllez, con muy malos modos, con un estilo casi vulgar y bajo un guion que pareciera de televisión, logró lo que se propuso y más. Logró ser la nota de la prensa y de las redes al día siguiente de la comparecencia y al mismo tiempo, logró hacerle ver a sus compañeros legisladores, es decir, a la oposición, que la 4T no es imbatible, que, por el contrario, es falible y hasta torpe para la defensa cuando el ataque es franco y sustentado. Que no nos gusten las formas que utilizó la senadora Téllez, no merman en absoluto la esencia de su discurso, centrado en el manejo de la crisis y la cantidad de muertos y sus subregistros, exhibió a Gatell como un subsecretario soberbio y servil con su jefe y hasta le fincó un dejo de vanidad.

“pequeño virrey de las camas vacías” fue el mote con el que bautizó la senadora al doctor López, después de decirle cuatro datos:
1.- Que la letalidad del virus en México es superior a la de cualquier país.
2.- Que el 73% de los intubados, mueren.
3.- Que se le niega atención al 36% de los posibles portadores. Y que,
4.- La clase política tiene prioridad al momento de la atención médica.

No me gusta el debate de las ofensas, no coincido con el estilo de Lilly Téllez, sin embargo, noto a una clase política adormilada, ausente de la agenda nacional que dicta el presidente; sí, los diputados y los senadores en muchos casos cuando la agenda contempla votaciones en el legislativo hacen su chamba, pero solo votan, ya no discuten la esencia de la iniciativa sino la obstinación de que pase sin modificaciones por venir del ejecutivo. Me refiero a ambas partes, a los oficialistas y a la oposición, ambos bandos dormidos y ajenos, han dejado en el olvido al parlamentario combativo que los mexicanos que gustamos del debate legislativo tenemos en la memoria. Para cerrar esta primera idea de debates y equilibrios, me gustaría poner como ejemplo de que solo se debate cuando de espacios políticos se trata, la batalla campal por la dirigencia de MORENA. Se debate y se pone en tela de juicio el método para la selección, pero no se debate a fondo el proyecto político del partido en el gobierno. Se discute y se debate a los “padrinos” de los candidatos a la dirigencia y sus cualidades, sus yerros y sus pretensiones políticas, pero no se debate la posición del presidente del partido, cuando eventualmente no se coincida con el presidente de la república. Cuando me refería a que la representación de MORENA en las cámaras podría llegar a ser hasta torpe para defenderse de ataques bien orquestados, me refiero a la falta de interés en los temas nacionales, que no coindice con la fiereza que muestran cuando de defender la propuesta del presidente se trata.

El año que entra se celebra la elección mas grande la historia del México con instituciones y además de las gobernaturas, legislaturas locales y ayuntamientos, se renueva la cámara de diputados, a la mitad del sexenio del presidente AMLO, existe la posibilidad de que el país sufra transformaciones interesantes a partir de la composición de la cámara baja. Si el partido en poder pierde la mayoría, no solo y de facto se crearía un contrapeso que podría servir de equilibrio en el país, sino que obligaría a pactar (a MORENA) sin ponerle la bota en el cuello a los demás grupos parlamentarios, un programa integral de agenda nacional con proyecto político. Los equilibrios siempre son buenos, aún cuando vayamos a escuchar hasta el cansancio que se necesita la mayoría en el congreso para seguir con las grandes reformas que presenta el presidente de acuerdo con su visión de transformación institucional y de la vida pública de México.

Para ambos escenarios, ambos bandos deben estar preparados; es decir, para que todo siga igual si MORENA gana la mayoría, o para crear acuerdos y consensos que permitan equilibrios que el país necesita y que deben de ser priorizados sin una idea pragmática de ganar algo más que la satisfacción de hacer las cosas bien.

Acostumbrémonos nuevamente a la crítica, seamos tolerantes como cuando fuimos críticos. Que la clase política y sobre todo los parlamentarios eleven el debate pero que discuta todo, que no se vea en ninguna aprobación la mano beligerante de quien cumple el adagio del “diputado levanta dedo”

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