La protección del patrimonio cultural en tiempos de COVID-19 [Primera parte]

La protección del patrimonio cultural en tiempos de COVID-19 [Primera parte]
Limpieza de retablos de cantera.

La Gualdra 451 / Antropología e Historia / Ollin: Memoria en Movimiento

 

 

Dada la actual crisis sanitaria que enfrenta nuestro país por el COVID-19 y ante las medidas establecidas para combatir la pandemia a nivel mundial, se ha generado entre el gremio de profesionales del campo de la conservación del patrimonio cultural una serie de interrogantes en torno a las nuevas dinámicas que enfrentará la disciplina en favor de la conservación-restauración de los bienes culturales muebles e inmuebles, en su camino hacia una nueva normalidad.

Ante esta situación, en la que lo primordial es proteger la salud de las personas, es necesario reflexionar sobre las medidas que se deben tomar en edificios y artefactos históricos y la eficacia o repercusión que estas pautas tendrán sobre nuestro patrimonio. La aplicación de una serie de medidas preventivas puede significar la correcta conservación de los bienes culturales.

Desde la declaración de emergencia sanitaria en toda la República Mexicana, se ha podido observar cómo se ha desarrollado una serie de medidas sanitarias preventivas para disminuir la transmisión del virus entre las que sobresalen las tareas de desinfección de espacios públicos y de objetos.

Si bien existen productos y soluciones eficaces para inactivar el virus sobre nuestras manos y sobre las superficies de distintos materiales, hay que tomar en cuenta que las medidas de desinfección en masa de edificios patrimoniales y objetos son contraproducentes, ya que los productos y técnicas empleados contienen químicos y sistemas de aplicación pensados para instalaciones sanitarias, industriales o alimentarias, vehículos, oficinas, etc. y no contemplan un protocolo apropiado para los complejos y delicados materiales de los bienes culturales.

La falta de una metodología de desinfección desarrollado exprofeso para bienes culturales con el objetivo de eliminar el virus pone en peligro el amplio espectro de objetos artísticos e históricos que componen el patrimonio cultural mexicano; la aplicación de un protocolo industrial con productos ordinarios puede derivar en daños irreparables.

El área de conservación y restauración del Centro INAH Zacatecas pretende en esta primera entrega, compartir con los lectores cómo es que estos productos comúnmente utilizados en la desinfección del virus, afectan los materiales que forman parte de nuestro patrimonio cultural; esto con la finalidad de evitar que se produzcan daños y nuestros bienes muebles sean conservados en las mejores condiciones durante esta pandemia.

Los productos más utilizados para desinfectar son los que contienen Hipoclorito de Sodio (Cloro), Peróxido de Hidrógeno (Agua Oxigenada), Amoniaco y sus derivados (Sales de Amonio Cuaternario); estos tres productos tienen efectos corrosivos y son altamente oxidantes, su aplicación sobre los materiales históricos ya sean bienes muebles o inmuebles no es recomendable ya que a mediano y largo plazo pueden producir alteraciones de las capas pictóricas en el caso de pinturas y esculturas.

El caso del alcohol etílico o etanol, por ejemplo, es un disolvente que daña gravemente pinturas, barnices y aglutinantes; causa desprendimientos y debilitamiento de la superficie al disolverse su estructura, lo que a largo plazo se traduce en efectos adversos en bienes muebles -donde esté presente este material-, como lo son retablos, cuadros, policromías de esculturas, relieves, tintas de libros, documentos antiguos, etc.

Algunas empresas especializadas en limpieza doméstica e industrial tienen nuevas soluciones desinfectantes para hacerle frente al COVID-19, soluciones procedentes de otros campos y utilizadas sobre materiales contemporáneos, pero que son nocivas para los bienes culturales y obras de arte. La mayoría tiene restricciones para la salud, como el caso del Ozono; para que este sea efectivo contra el coronavirus, es necesaria una exposición prolongada que resulta dañina para el ser humano, además de ser altamente oxidante y causar reacciones químicas en elementos orgánicos como libros, documentos y textiles; su uso está prohibido a nivel internacional por las organizaciones encargadas de la preservación del patrimonio cultural.

Otro de los instrumentos utilizados como medida de desinfección es el uso de la luz ultravioleta, la cual solo tiene efectividad si se aplica con gran intensidad y durante largos periodos; esta luz puede ocasionar quemaduras internas en las personas y alterar la composición química de los materiales que están expuestos.

Asimismo los sistemas de pulverización electrostática, vaporización, nebulización, etc., son sistemas para mejorar la aplicación de los productos desinfectantes ya señalados, lo que los hace igualmente peligrosos para el patrimonio cultural. El riesgo está en el producto utilizado y no en su modo de aplicación.

Finalmente debemos tener muy en cuenta que el virus tiene una supervivencia de hasta 5 días en la superficies dependiendo del material del que estén conformados los objetos, por lo que un espacio aislado es un espacio seguro y no requiere medidas extraordinarias de limpieza y desinfección.

La mejor medida para no dañar nuestro patrimonio cultural es la prevención; los bienes culturales no se contaminan, al menos que un portador del virus los manipule o se acerque a ellos sin protección; en todo caso debemos ser precavidos en cuanto al uso y manipulación -por citar otro ejemplo- de los objetos litúrgicos, la mejor desinfección del patrimonio se dará con el propio paso del tiempo.

En nuestra próxima entrega se compartirá una serie de medidas alternativas para la limpieza y desinfección de bienes muebles culturales mediante acciones que no pongan en riesgo la salud de las personas, pero que contribuyan a disminuir las fuentes de riesgos y los daños colaterales que pudiera ocasionar el uso inadecuado de productos desinfectantes.

 

* Responsable del área de conservación y restauración del Centro INAH Zacatecas.

Las fotos de que acompañan este artículo petenecen al Área de conservación y restauración del Centro INAH Zacatecas.

 

 

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