Las nuevas tecnologías no garantizan la calidad de la educación

Las nuevas tecnologías no garantizan la calidad de la educación

Cuanto más sabio y poderoso
es un maestro, más inmediatamente
se realiza su obra. Y más simple es:
Carlos Castaneda

El término calidad tiene muchos significados y se le puede connotar de diferente manera, su concepto evoca la valía, las cualidades, lo noble, e incluso, lo sublime. A la calidad se le puede conceptuar como el conjunto de propiedades inherentes a una cosa que permite caracterizarla y valorarla con respecto a las restantes de su especie, incluso, se le llega a considerar como símil de superioridad o excelencia de algo o de alguien.

Cómo recuerdo aquellos discursos demagógicos de un Director General del Colegio de Bachilleres del Estado de Zacatecas, quien, como dijera Abraham Lincoln, vestía las ideas menores con palabras mayores; dicho director llegaba a los planteles y lo primero que solicitaba a los directores, era la relación de alumnos que tuvieran puro diez de calificación –que por cierto, no eran muchos-, en su discurso que dirigía a la comunidad educativa, los mencionaba y decía que ellos eran alumnos de calidad –entre línea daba a entender que los demás no lo eran-, ¿usted, estimado lector, piensa que todos los alumnos que obtienen diez de calificación son de calidad?

Se espera que esta pandemia de Covid-19 dé un vuelco a los discursos y hechos de los políticos y, por supuesto, de las autoridades educativas. Los discursos actuales siguen siendo siniestros –si no lo cree, escuche hablar al secretario de educación pública-, lo único que hacen personalidades como este secretario, es el darle una orientación de nobleza a su lenguaje. En fin, antes de entrar en materia sobre el uso de las tecnologías en educación, deseo reconocer aquella lucha que de siempre han sostenido un número considerable de maestros que claman por una educación pública y social versus la educación privada y neoliberal; de siempre he sostenido que en las escuelas privadas no educan a los alumnos, solo los instruyen, los someten, les adiestran la memoria y los formatean –ven a los alumnos como generadores de ganancia-, en cambio, en los centros educativos público, la dinámica es diferente, se tiende más a fortalecer en el educando la dimensión humana –en ambas modalidades, el concepto de calidad es diferente-. Espero y esta revolución sanitaria, conduzca a una revolución educativa y social, que ya no se vean mantas a las afueras de las escuelas con leyendas como “Esta escuela es de calidad”, reitero, la calidad no es compatible con la cantidad. La calidad se gana con la calidez.

Qué razón tenía el Dr. Pablo Latapí Sarré (qepd), quien, de manera reiterada decía que el uso de las nuevas tecnologías no garantizaba la calidad de la educación, que no siempre los mejores maestros eran los que más conocimientos tenían, sino más bien los que los le daban una visión de calidad a su práctica profesional, eran los que le encontraban sentido social al conocimiento con el que contaban. Continúo, las autoridades educativas de siempre sostenían que mientas más se tecnificara al sistema educativo, se garantizaría la calidad de la educación –tremendo error-; la experiencia nos ha dicho que las “modernas” tecnologías no han garantizado aprendizajes significativos, pero sí han provocado el despilfarro de dinero.

Por lo general, quienes tienen la mejor tecnología en el ámbito educativo, son las instituciones privadas, sin embargo, como lo he aseverado, eso no es garantía de una buena educación, tal vez este tipo de tecnología sirva más para instruir que para educar. En cuanto a la educación pública, también se han institucionalizado toda una serie de proyectos, mismos que, aparte de resultar costosos, no han dado los resultados esperados; el primer proyecto, al cual lo cacaraquearon como algo innovador, fue la creación de las telesecundarias (1968), las que, como su nombre lo dice, la tecnología de punta en ese entonces, era la televisión, a través del tiempo y después de sufrir varias transformaciones, este proyecto no prosperó. Así como este proyecto, vinieron otros más, cuando la tecnología utilizada era la computadora, y, supuestamente, para llegar a lugares donde no existía internet, crean el programa de Enciclomedia, proyecto carísimo y sin beneficio alguno. Recapitulando, de por lo menos cuatro décadas a la fecha, no ha habido un proyecto del cual se tenga entera satisfacción en cuanto a los beneficios que han proporcionado a la sociedad.

Con todo esto, deduzco que a las autoridades gubernamentales y educativas no les interesa la educación de los alumnos, mucho menos el uso adecuado de las diferentes tecnologías que, incluso, las adquirían a precios muy elevados; siempre contaban con el aval de diputados y senadores a quienes también les daban jugosas cantidades de dinero y recibían aparatos eléctricos de parte de las empresas que participaban como proveedoras de artículos de esta naturaleza.

Amén de todos los problemas que históricamente se han presentado en el ámbito educativo, hay uno que es toral: el de la formación de profesores, es evidente que las instituciones formadoras de docentes solo los han formateado, no promueven la formación profesional, motivo por el cual no cuentan con conocimientos sólidos para profesionalizarse. Entonces, ¿realmente podemos decir que el sistema educativo promueve una educación de calidad? ¿De qué calidad hablan? ¿De la que resulta de posturas autoritarias y controladoras?

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