El abandono escolar, la pandemia y su contexto

El abandono escolar, la pandemia y su contexto

La pandemia ha provocado el incremento de todos los factores que reproducen la pobreza: el desempleo, la ausencia de servicios públicos y el abandono escolar. Los hogares donde hay varios niños y/o jóvenes se convierten en un espacio multi-aula donde cada chico requiere su computadora, servicio de internet y apoyo para elaboración de tareas. En muchos de los hogares esto es una verdadera locura: estrés, interferencia de actividades, y lo más grave: la falta de posibilidades de contar con esos componentes esenciales. Si un hogar está en la línea de pobreza, es imposible que cada miembro de la familia tenga su propio ordenador y cuente con la conexión a la red. Si los padres salen a trabajar para ganar el sustento diario, no hay quien pueda apoyar a los chicos en sus labores escolares. Así las cosas, el plan para tener el proceso educativo desde casa, simplemente, fracasa.

Se han prendido las alarmas porque el abandono va creciendo: a nivel nacional se ha llegado a un promedio de un 10 por ciento de la matrícula que abandona la escuela en el nivel básico por motivos económicos y la imposibilidad de darle seguimiento al plan de estudios desde casa. En el caso del Bachillerato ya teníamos un 16 por ciento de abandono y en el nivel superior se llegó al 8 por ciento. Y estos números indican que un amplísimo número de hogares están haciendo extraordinarios esfuerzos para mantener a los niños en la escuela, porque el abandono es del 10 por ciento, pero los hogares que no tienen internet es de 44 de cada 100. Ese contraste es indicador de un enorme esfuerzo, que claro está, impacta más en las mujeres, las que terminan padeciendo mayor pobreza de tiempo.

Pero no sólo los pobres han pagado factura por la pandemia. Las escuelas privadas que atienden (sobre todo) a capas de ingresos medios ya cerraron el 25 por ciento, con la posibilidad de llegar a 40 de cada 100. El número de empresas educativas tronadas es (y será) enorme.

Es imperativo que se inicie el regreso de forma selectiva dando prioridad a los alumnos con desventajas económicas. En ese contexto, el proyecto de Escuelas de Tiempo Completo sería una forma excelente de nivelar a los alumnos más vulnerables. Es decir, de recuperar aprovechamiento con un enfoque de equidad. Pero ese programa está en cero pesos en el presupuesto 2021. Otro imperativo es cerrar la brecha digital: si el 44 por ciento de los hogares están excluidos de ese servicio, indica que casi la mitad de las familias está en rezago permanente dada la importancia de la conectividad para todos los aspectos de la vida contemporánea. En suma, la desigualdad tendrá un agresivo crecimiento. Es momento que hubiera un plan nacional de digitalización completa, pero no hay tal. Por tanto, las expectativas de los niños que vienen arrastrando brechas, anuncia la reproducción de la pobreza de altas proporciones. En México tenemos una losa encima que no atrapa en medio del pantano. Así estaremos otra década.

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