La Utopía en el Hogar (28): Tristes recuerdos y comparaciones odiosas

La Utopía en el Hogar (28): Tristes recuerdos y comparaciones odiosas

Los días siguen pasando y la incertidumbre derivada de la pandemia continúa. No hay forma de predecir cuáles serán las características del mañana y si estas se parecerán, aunque sea un poco, a todo lo que se ha tenido que experimentar cotidianamente hasta este hoy que parece que no va a terminar nunca. Veintiocho semanas de aislamiento que por un lado han parecido eternas y, por otro lado, viéndolas en retrospectiva, han transcurrido como un suspiro. Como decían los refraneros de antaño, todo es según del cristal con que se mira.

Estos días, en especial, hacen que me aflore la tristeza extrema. Como dice el eslogan que acuñaron los sobrevivientes de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, Ciudad de México y en general del movimiento estudiantil y social, “2 de octubre no se olvida”. Y no, para los que fuimos parte viva de ese movimiento es simple y llanamente imposible de olvidar; no solamente por lo ocurrido ese aciago día, sino por todo lo que ocurrió mucho tiempo antes y mucho tiempo después. Antes, los movimientos obreros, campesinos y populares fueron brutal y sistemáticamente reprimidos. No hay forma de olvidar la descarada forma de “controlar” a campesinos, médicos, ferrocarrileros y maestros, para citar algunos pocos, del sutil y megalómano Adolfo López Mateos y sus antecesores como el “cachorro de la Revolución, Miguel Alemán. ¿Quién puede olvidar el asesinato bestial de Rubén Jaramillo y su familia por mandato de López Mateos, desmembrando así las últimas manifestaciones del movimiento zapatista (el de a deveras)? Por eso, las barbaridades cometidas por los presidentes que le sucedieron, Diaz Ordaz y Echeverría Álvarez no deben extrañar a los analistas históricos. Los sucesores de este par de energúmenos se han pintado solos y no han desmerecido en cuanto a cola criminal que les pisen. Por eso, no es de extrañar que cuando se hace la consulta popular para el enjuiciamiento a los expresidentes, la conciencia histórica de los mexicanos salta inmediatamente y por millones, exigen que estos delincuentes salden sus cuentas ante la justicia formal, porque ante la justicia histórica han quedado exhibidos como lo que son.

No todo quedó ahí, luego siguió la guerra sucia, mediante la cual fue masacrada la mejor generación de mexicanos, surgida a partir de la declaración de los derechos humanos en 1948 y que, tras el proyecto educativo mundial (en México tuvo su propia versión, instrumentado por el Secretario de Educación Pública, Jaime Torres Bodet, con el “Plan de 11 años”) salió desde las universidades de todo el mundo a las calles de las principales ciudades del mundo, París, Praga, Tokio, Berkeley, México, por citar algunas y en todas, la respuesta de los gobiernos imperiales y totalitarios fue la misma. La represión y el exterminio de los librepensadores. En su lugar, nos heredaron generaciones de malandrines entre los que destaca la bestia del neoliberalismo y sus sucesores. Los episodios lamentables recientes los sufrimos con las últimas de estas lacras, con los lamentables episodios de la guerra contra el narco, las represiones de Atenco y la desaparición (literal) de los estudiantes de Ayotzinapa, por citar solo estos.

Por eso extraña hoy día, donde se permite la libre expresión y manifestación de las ideas, ver a grupúsculos (termino acuñado por los anteriores gobiernos ante las protestas sociales) hacer gala de una violencia moral y social desmedida atentando contra la democracia representada en la elección de nuestro actual mandatario, con el respaldo de muchísimo más de treinta millones de votos. De verdad da pena ajena ver a esa colita de rufianes jugando a la víbora de la mar haciendo el papelón con sus fanáticas greyes de aire escondidas en casas de campaña (robadas a los damnificados del terremoto de 2017 y que fueron donadas por el gobierno de Canadá) y a los “anarquistas” que creen que ejercer la violencia extrema representa esta ideología. Cosas veredes, Sancho, diría el caballero de la triste figura.

Pero como dice el presidente, son tiempos de cambio, y en un esquema de fomento a la paz y a la concordia, hay que aguantar esto y más. Hay que prepararse cada día para ser mejores ciudadanos y respaldar la reconstrucción de este maravilloso país, México.

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