El debate cotidiano en México ya incluye al presidente

El debate cotidiano en México ya incluye al presidente

La ofensiva contra el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), encabezada por poco más de 600 intelectuales opositores, muy pocos muy conocidos y muchos más casi desconocidos, tiene como propósito obtener fuerza política a favor de la demanda de que AMLO suspenda las conferencias de prensa mañaneras con el argumento de que su ejercicio del derecho de réplica y sus críticas a hechos y políticas del pasado, polarizan a la sociedad y violan los derechos de medios y periodistas, que todos los días con noticias falsas y con razón o sin ella, critican dichos y acciones del presidente y su gobierno. Es importante recordar que un buen número de esos intelectuales aparecen con frecuencia (algunos diariamente) en las grandes redes de medios electrónicos, ya sea como conductores o como comentaristas, o como columnistas en la prensa escrita, que en el mejor de los casos juzgan al presidente y a su gobierno por aplicar políticas diferentes a las que corresponderían si el PRIAN se mantuviera en el poder. Un ejemplo de ello son las críticas a la construcción de la refinería de dos bocas y las reparaciones en curso a las seis refinerías en funcionamiento desde hace décadas. Los señalamientos contra esa inversión suponen que en muy corto plazo los hidrocarburos dejarán de utilizarse en virtud de que todo el parque vehicular será eléctrico, lo cual no ocurrirá ni en los países desarrollados. Las guerras frías y calientes que con frecuencia ocurren por el control de los yacimientos petroleros, y la construcción de permanente de nuevas refinerías en distintos territorios, son la mejor prueba de lo equivocado de ese argumento.

Lo cierto es que desean silenciar al presidente porque, hasta ahora, las batallas mediáticas que han desatado los intelectuales referidos han tenido un desenlace muy negativo para su credibilidad, como en el caso que tomaron como detonante de su ofensiva: las sanciones a la revista Nexos; la opinión pública mostró su rechazo al trato privilegiado que recibía, y su indignación por la falsificación de un comprobante de pago de cuotas al Infonavit. Su primer intento fallido de descalificación del presidente llegó cuando lanzó su campaña contra el ‘huachicol’ y ellos apostaron a generalizar la protesta por los problemas de abasto de combustible. El mismo fracaso han venido cosechando en sus reiterados intentos de descalificar la conducción de la lucha contra la pandemia de Covid-19 en México y de atribuir a AMLO y al doctor Hugo López Gatell la responsabilidad personal por los lamentables fallecimientos ocurridos. La inconsistencia de estos ataques queda exhibida también por su interesado olvido de que los gobernadores también son autoridades sanitarias, y cuando hacen mutis sobre los varios reconocimientos emitidos por la Organización Mundial de la Salud a las autoridades mexicanas.

Al afirmar que está en peligro la libertad de información y la propia democracia, esa oposición ilustrada parece decidida a llenar el vacío generado por la falta de ideas y propuestas de la pedestre oposición partidaria que padece nuestro país. Como dice Pablo Gómez, si su propósito central es arrebatar la mayoría parlamentaria a la 4T, muchos de los abajofirmantes deberían solicitar al PRI, PAN, PRD, MC candidaturas a diputados federales para tratar de llegar a San Lázaro a detener a López Obrador. Eso sería más práctico y digno que estar exigiendo inútilmente al presidente que deje de decir lo que piensa para adecuarse al viejo e hipócrita concepto de investidura presidencial alejada del debate con los simples mortales, que ellos quieren revivir. Ya deben aceptar lo evidente: primero, de diciembre de 2018 a la fecha en México no se ha perseguido a nadie por sus dichos o escritos, y segundo, en los países con mayor tradición democrática el jefe de gobierno está todo el tiempo en el debate. Sobre todo en los países con sistema parlamentario como Inglaterra, España, Italia y demás países europeos el debate es diario, aunque no haya mañaneras. Aún en sistemas presidencialistas, los titulares del poder ejecutivo se han acostumbrado a gobernar debatiendo públicamente. Quizá durante los años del neoliberalismo muchos de esos nuevos opositores se la pasaron en sus nichos de confort, ajenos a los avatares de la política, recibiendo concesiones y guardando silencio para no entrar en conflicto con el poder que repartía privilegios como forma de asumir ciertos costos. Pero ahora deberían entender que la lucha política ha cambiado. Ya no están vigentes las viejas reglas. La ciudadanía aprobó su derogación. Ojalá que los más representativos de ellos decidan entrar al terreno de la competencia por los votos auténticos de los electores.

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