El segundo informe (constitucional) de López Obrador en 7 puntos

El segundo informe (constitucional) de López Obrador en 7 puntos

El pasado martes primero de septiembre, tuve la oportunidad de acudir al programa de debate de esta casa editorial Sound Politicon, con el director de este medio, Raymundo Cárdenas Vargas, y los compañeros colaboradores editoriales Ricardo Arteaga y Carlos Galaviz. El espacio, como siempre, permitió un intercambio de ideas con respeto aún en las diferencias. Mis posiciones, en muchos puntos coincidentes con las de ellos fueron la siguientes, hago un recuento porque me parece importante el tema más allá de la fecha y el día: por el contexto.

Primero. Podemos seguir discutiendo lo anecdótico: que si la rifa del avión, que si el juicio a los expresidentes. Pero en esa discusión no vamos a ningún lado. Se camina simplemente para no detenerse a obtener perspectiva.

Segundo. El análisis de este segundo informe de gobierno debe ubicarse en un contexto histórico sin par en el último siglo. Tenemos pues que este informe de gobierno tiene dos tiempos: de septiembre a marzo aproximadamente, que antecede a la pandemia y de marzo a la fecha la pandemia.

Tercero. El presidente parece inmune a la pandemia, a la crisis económica, a los errores de su gobierno y sus colaboradores. Las encuestas lo sitúan quizá como el presidente mejor evaluado en una situación de crisis tan tremenda como la que vivimos. Por otro lado, no veo, a la oposición haciendo nada que le permita competir con el presidente. Las oposiciones más bien siguen en su impase, imposibilitadas de recuperarse, extraviadas luego del golpe de 2018, en un laberinto que a veces comparten con el presidente.

Cuarto. En cuanto a salud y la pandemia: me quedo con el encabezado de un análisis de El País: Medio año de una epidemia que sobrepasó (también) a México. “También”, destaco. Los casos abundan de un manejo que no ha resultado como quisiéramos ¿se pudo haber manejado mejor? Seguramente ¿vamos a seguir dando vueltas en ello? El contexto extraordinario en el que nos encontramos nos debiera llevar a perder el menos tiempo, lo mínimo de energías, de talento, en esto y generar un consenso mínimo para la reconstrucción de un futuro que se nos perdió.

Quinto. En cuanto a la economía. No podemos hablar de recuperación económica ni de crecimiento ni de distribución del ingreso en estas condiciones, ni antes ni después. Se requiere una reforma fiscal progresiva en serio. Hay quiénes en medio de la pandemia, se hicieron más ricos y muchísimos más que se hicieron más pobres. La ausencia de una reforma fiscal, junto a la de una en materia de seguridad social y pensiones (no la que ya se presentó), es de lo que yo más le criticaría a la cuarta transformación en sus primeros meses, en los que no aprovechó el bono democrático inmenso que recibió de la elección del 2018 para un esfuerzo en ese sentido.

Sexto. En materia de seguridad, parece que se han reducido ciertos delitos, pero el que más nos duele, el irreparable e insuperable, sigue su propio rumbo. Recién leía un documento de Lantia Consultores compartido por Eduardo Guerrero. El documento es un mapa delictivo del país, en él, básicamente se analiza la distribución del poder de los grandes cárteles de la droga y culmina en una recomendación, que, en mi experiencia desde lo local, es imposible de ignorar: las estrategias, las políticas en materia de seguridad deben descansar en análisis y políticas que partan desde lo local, lo regional. Partir de una adecuada estrategia de coordinación y de presencia del Estado (en todos sus ámbitos y niveles) podría conjurar la maldita violencia que nos está matando desde antes del coronavirus.

Y séptimo. Creo que estamos varados en otro “eterno comienzo”, en términos del académico del CIDE Ugo Pipitone. El gran problema del desarrollo en México, como en otros países subdesarrollados, es y ha sido, por un lado, la terrible desigualdad, que engendra otros tantos males sociales y la baja calidad institucional, que a su vez es el origen de otros tantos fenómenos perjuiciosos en el Estado y el resto de las instituciones. Creo que hay un esfuerzo sincero, bienintencionado y auténtico por combatir la desigualdad, pero en el caso de la calidad institucional veo más bien lo contrario: para transformar a las instituciones se requiere, sí, como primer ingrediente, voluntad política, que quiero creer, la tiene el presidente; pero también hace falta un proyecto técnico, de mejora de las instituciones, de respeto y mejoramiento de las capacidades de la burocracia, y en ese sentido, por el contrario existe una austeridad que va más allá de la virtud y que está engendrando vicios que nos costará años resarcir.

@CarlosETorres_

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