“El Pintado”: una lectura a la pandemia

“El Pintado”: una lectura a la pandemia

Justo hace un par de semanas, Maximiliano Gómez, uno de mis amigos más recientes, me pidió que revisara su novela corta o cuento largo, que planea publicar pronto. La obra problematiza la política de la posverdad, que en estos años ha generado discusiones interesantes, y la resistencia de grupos tradicionales a las feministas y a la comunidad LGBT+; así como reflexiona sobre la contingencia sanitaria y las consecuencias físicas y emocionales del encierro —irónicamente, ahora sabemos porqué los animales en cautiverio suelen tener conductas errantes y estar agobiados. Para los activistas y defensores de los derechos humanos de mujeres e integrantes del colectivo LGBT+, el texto puede ser doloroso e incómodo. El protagonista se empeña en atacar y desestimar a estos grupos vulnerables, a partir de un discurso ofensivo y agreste. Sin embargo, el personaje representa a un grupo específico de los conservadores.

El planteamiento de este texto literario conduce a espacios y grupos tradicionales ya establecidos, que se resisten a otros discursos y emplean ciertos mecanismos e incluso la violencia física y verbal para mantenerse. Lo anterior es interesante, porque ilustra los juegos de poder y las acciones por las que distintos espacios buscan visibilizarse y otros no perder sus intereses y, hasta en cierto modo, comodidades.

Entonces, ¿el enemigo es el otro? Con esta contingencia sanitaria, al menos en los países latinoamericanos, se ha evidenciado problemas, que no solo son de salud. Los índices de empleo informal son altos y muchos trabajadores no tienen las prestaciones y seguridades, así como sus salarios son inferiores a la media. También, los espacios de las mujeres han sido afectados. A ellas se les suele relacionar con la casa y los lugares de la familia. El aislamiento y las restricciones han producido que los esposos e hijos estén en casa, estas mediadas han modificado los lugares de las mujeres e incluso se han reducido más. Esto ha generado otras distribuciones que aún no logramos identificar y tampoco comprender.

Organismos y activistas han mostrado su preocupación en esta contingencia, pues muchas víctimas de violencia están encerradas con sus agresores, que ha provocado el aumento de casos de violencia, a pesar de las contradicciones y negaciones de ciertas entidades e instituciones públicas. ONU Mujeres ha informado de que las medidas de aislamiento y restricción de movimiento han tenido repercusiones, tales como mayores niveles de estrés, inseguridad económica y alimentación, disminución de ingresos y aumento de desempleo, violencia y mayor exposición a la explotación sexual, debido mayormente a las escasas fuentes de empleo y precariedad laboral.

Si bien hay un miedo real al contagio y la muerte, la población recibe mensajes contradictorios. Mientras expertos en la materia afirman que hay mucho por aprender y llaman a que la población aplique medidas de prevención, hay políticos que se niegan a seguirlas e incluso, en el peor de los casos, minimiza el impacto del virus. Estas medidas no solo son para el auto cuidado y la preservación, sino es un gesto de cortesía y empatía al otro.

Sin embargo, estas medidas muchas veces no pueden ser aplicadas, porque el contexto no lo permite. Por ejemplo, no todos los habitantes pueden aislarse porque, como mencioné, no tienen prestaciones y seguridad laboral y deben salir a trabajar; hay sectores de la población que no cuentan con los servicios básicos y tampoco con la posibilidad de recibir atención médica. También, hay desinformación y paparruchas, que señalan la inexistencia del virus y el interés de médicos para aprovechar y comercializar con los cuerpos de los pacientes.

Desde el lugar en donde se mire, lo mencionado en el párrafo anterior es atroz. Por un lado, estos problemas y circunstancias recuerdan las desigualdades en los distintos sectores de la población, que la contingencia ha evidenciado o, en el peor de los casos, agudizado. Por el otro, los gobiernos no han podido o querido terminar con estos problemas.

Ahora bien, esta novela se nutre con este panorama terrible y desigual. Su protagonista, un misógino y homofóbico, digna figura del patriarcado extremo, hace consciencia de que su presente está cambiando y no quiere adaptarse a las circunstancias. Quizás esto se debe a sus propios intereses y comodidades, así como la educación (¡vaya cliché!). El texto de Maximiliano se inscribe en la producción literaria y artística, que tienen por escenario la contingencia sanitaria, a pesar de que aborda problemas reales y anteriores a este escenario.

En los últimos meses, a la par del aislamiento y las restricciones sociales, han surgido iniciativas artísticas, como también antologías, que llevan por temas la pandemia y la contingencia, desde sus distintos vértices. Ciertamente, no es posible conocer todas estas propuestas literarias y artísticas, muchas de ellas nacen de un genuino interés por comprender y presentar un archivo del presente.

A pesar de que estos proyectos reciban críticas y mofas, en gran medida debido a si el interés es genuino o solo se sigue una moda, son maneras para replantearse y diseñar estrategias para la vida, en las que se contemple la empatía, el respeto a los otros y la solución de problemas, como los mencionados anteriormente.

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