La Utopía en el Hogar (21) El acondicionamiento físico

La Utopía en el Hogar (21) El acondicionamiento físico

Después de cinco meses de contingencia, veintiún semanas de disminución de actividades, ciento cincuenta días sin acciones afectivas, casi 13 millones de segundos sin hacer ejercicio como dicen que Dios manda. En algunos momentos, cuando al reflejo del espejo se observa a un desconocido, las personas con hábitos físico atléticos se preguntan hasta cuándo, cuánto hay que aguantar para empezar a recuperar algunos hábitos cotidianos que obedecen a la búsqueda del cuerpo sano que cargue una conciencia igual.

Una de las labores más agradables para todos aquellos que ven en la práctica físico atlética es que es una tarea que actúa a favor de quien lo hace. Esto ocurre al contrario de otras actividades cuyas palabras o hechos pueden actuar en contra de quien las confiere. En los tiempos de prepandemia, era una característica común de las ciudades medias y grandes ver la gran cantidad de gimnasios, muchos de ellos ocupados a tope por personas de todas las edades llevando a cabo la complicada tarea de mantenerse en forma. También, era grato ver las calles, jardines y centros deportivos atestados de caminantes, corredores, patinadores, jugadores callejeros, equipos organizados y tantas formas de manifestación haciendo la lucha por mantenerse en activo, vigorosos, ágiles y sobre todo con buena presencia ante los ojos del resto de la sociedad.

Los que se mencionan son aquellos que han estado haciendo contrapeso a la otra cara de la moneda, los de hábitos poco pertinentes para la salud humana, los sedentarios, los fumadores obsesivos, los bebedores compulsivos, aquellos con hábitos alimenticios deficientes, los consumidores de sustancias nocivas para la salud, los hedonistas irresponsables y tanta fauna consumidora que pareciera que cada día tienen que cumplir con una dosis de auto destrucción para llevarse en esa loca carrera y a pasos agigantados lo que queda de ambiente sano en el planeta. Por regla general se recomienda no hacerlo notorio ante los que padecen estas raras patologías, pero la pandemia está cobrando caro principalmente a aquellos que descuidaron su salud en estos dudosos placeres, casi siempre acompañados de una voracidad insaciable y fuera de contexto. La mayoría de los afectados son aquellos que están bajos en defensas como resultado de los excesos.

Ojalá y pronto se pueda disfrutar de una “normalidad” al menos parecida a lo que estábamos viviendo antes de ella, aunque no por eso se pueda decir que qué buena vida estábamos llevando, pero algo bueno debemos sacar de ella. Si ya se ha estado demostrando que una buena disciplina en las actividades deportivas ayudan a los ciudadanos a incrementar sus defensas ante los bichos externos, se pudieran diseñar, ya sea de modo propio o a través de los medios masivos de comunicación, clubes de vecinos, en familia o individualmente, rutinas que pudieran mantener en las personas la buena condición física, aquella que permita mantener la plasticidad, la fortaleza, la agilidad y la ejecución de nivel como parte indispensable y primordial del intento general por llevar una vida sana.

Todo mundo se sabe al menos una rutina de ejercicios para mantenerse en forma, y si no, las caminatas y los recorridos a trote por unos cuantos minutos al día, harán que, junto a otros hábitos saludables, la vida adquiera sentidos más gratos y gratificantes. Ahora se ha aprendido que llevar una vida sana no es de dientes para afuera (ni para adentro) y que se puede vivir mucho mejor con poco, y el ejercicio es un ingrediente fundamental. No es necesario llegar a los excesos, con un poco de tiempo al día, de preferencia todos los días, la existencia cobra significados de dimensiones que solo se limitan por los alcances de la experiencia y la imaginación.

Estar en forma le da sentido a la existencia. Cuando las personas confían en su constitución física como parte de una cultura general de hábitos sanos en todas las acciones vitales, las ganas de vivir se multiplican, pues dada esta situación, es fácil que el concepto de mañana siempre tenga a su vez, un porvenir.

Imagine usted, por ejemplo, ver a un par de machos alfa de setenta o más, echando arrancones de velocidad corriendo en una empinada calle de las que abundan en esta hermosa ciudad patrimonio. Ese tipo de iniciativas solo se le ocurrirían a alguien en paz con su organismo después de décadas de una disciplina moderada.
Cuídense. Mantengan la sana distancia, lávense las manos. Lleven una vida en paz. Hagamos ejercicio como Dios manda.

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