Solidaridad para disminuir los contagios y avanzar en la nueva normalidad

Solidaridad para disminuir los contagios y avanzar en la nueva normalidad

Apartir de la aparición del primer brote de coronavirus el mundo se paralizó. Los lugares que una vez estuvieron llenos del ajetreo y el bullicio propio de la vida cotidiana se convirtieron en pueblos fantasmas con restricciones masivas. Se cerraron fábricas, escuelas y hasta parques, se impusieron restricciones a los viajes y se prohibieron reuniones masivas. La conciencia sobre la peligrosidad del virus se ha ido abriendo paso, aunque no faltan los comportamientos irresponsables que tienen el propósito de disminuir la credibilidad de las autoridades que están al frente de los esfuerzos de toda la sociedad.

La respuesta global contra esta enfermedad no tiene precedentes. La Organización Mundial de la Salud (OMS; organismo de la ONU) logró generalizar el diagnóstico y las poblaciones de los distintos países utilizan el mismo lenguaje y hasta la misma estrategia general, aunque con diferencia notables en la temporalidad de las intervenciones de los estados. En nuestro país, aún los comentaristas más insistentes en la necesidad de cambiar la estrategia, no hacen más que repetir las orientaciones de la OMS, o referirse al número de casos de infectados o de fallecidos, sin que expliciten los parámetros utilizados para calificar su gravedad.

Hoy sabemos que incluso si el número de casos comienza a disminuir, como ya empezamos a ver en México, todavía estaremos lejos del final. La epidemia puede tardar meses en alcanzar niveles aceptables, posiblemente años si no se produce pronto la vacuna que buscan diversos grupos de cientificos. A estas alturas ya está claro en todo el mundo que la estrategia de autoaislamiento para romper las cadenas de contagio, aunque aportó los resultados esperados, ya no es sostenible a largo plazo porque el daño social y económico se está volviendo insoportable. La mayoría de los gobiernos ha diseñado una estrategia de apertura gradual de las actividades económicas y sociales, manteniendo las alertas encendidas por si se requiere un nuevo periodo de autoaislamiento.

En los tiempos que corren las distintas sociedades están en la etapa de interiorizar las medidas específicas de salida que sus autoridades sanitarias han diseñado para el momento en que la disminución diaria de casos sea evidente. Todos debemos tener claro cuál será nuestro papel ante las medidas específicas que aplicará cada entidad federativa, es decir, en que órden y ritmo van a levantar las restricciones económicas y sociales, pese a que el coronavirus no va a desaparecer. Es un gran desafío científico y social.

A estas alturas hay tres formas de salir de este gran problema. Vacunación, inmunidad de rebaño y asumir las medidas sanitarias y la sana distancia como comportamiento permanente de nuestra sociedad. La vacunación puede estar próxima si se revelan como ciertas las noticias de varios equipos de distintos países en el sentido de que se obtendrá a fines de año. La inmunidad de rebaño fue adoptada en algun momento por Suecia, pero sus resultados no han sido lo rápidos que esperaban. Lo cierto es que la duración de la inmunidad producto de alguna vacuna, ni la de rebaño, están garantizadas en su duración. Faltan pruebas clínicas suficientes para demostrar su eficacia y seguridad.

La tercera opción son los cambios permanentes en nuestro comportamiento que nos permitan mantener bajas las tasas de transmisión. El desarrollo de medicamentos que puedan tratar con éxito una infección por Covid-19 también podría ayudar a las otras estrategias propiciando que la enfermedad sea menos mortal y reducir la presión sobre las áreas de cuidados intensivos. Esto permitiría a los países hacer frente a más casos antes de tener que reintroducir medidas tan fuertes como la cuarentena.

La estrategia a corto plazo de México y muchos otros países ha sido reducir los casos tanto como sea posible para evitar que los hospitales se vean desbordados, aunque la duración de la epidemia se incremente. Es evidente que cuando un sistema de salud se queda sin camas de cuidados intensivos es cuando aumentan los fallecimientos. Las medidas de ampliación o reconversión del sistema hospitalario en México han resultado suficientes hasta hoy para garantizar la atención de todos los que la requieran.

Los habitantes de Zacatecas debemos asumir el hecho de que la epidemia en nuestra entidad está en su fase ascendente y de que, por ello, estamos obligados a intensificar las medidas sanitarias y la sana distancia recomendadas por las autoridades. Se requiere mucha disciplina y solidaridad colectiva para disminuir el número de contagios y el de muertes por Covid-19 y, en consecuencia, avanzar hacia el color amarillo y el verde para que se puedan abrir las escuelas y el renacimiento de las actividades productivas. La solución a este problema no llegará si no tenemos presente que hay que cuidarnos y cuidar a los demás. ■

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