Educación en la encrucijada: ante el Covid y la desigualdad educativa

Educación en la encrucijada: ante el Covid y la desigualdad educativa

Al terminar el ciclo escolar pasado se proyectó la posibilidad de iniciar con actividades presenciales escalonadas, lo cual se traducía en un inicio con modelo híbrido: una parte presencial y otra virtual. Con un plan de distribución de clases que permitiera evitar la aglomeración en las escuelas. Para los procesos de planeación se activaron los Consejos Técnicos Escolares con la idea de arrancar el 10 de agosto. Pero la situación cambió.

Los sindicatos y algunos colectivos de padres de familia han cuestionado la enseñanza en línea o 100 por ciento virtual por la brecha digital en los alumnos y la falta de capacitación de los profesores en esos métodos de enseñanza. Y como los pronósticos de la semaforización de la pandemia han cambiado respecto a las previsiones de hace un mes, significa que no hay condiciones sanitarias para el regreso en forma presencial. Si iniciara el 10 de agosto tendría que ser en línea o distancia. Ante la oposición de hacerlo en condiciones de desigualdad o brecha digital y poca preparación docente, se anuncia la idea de posponer el inicio del ciclo escolar.

Pues bien, lo que queda muy claro es que el Covid desnuda al sistema educativo mexicano. Y uno de sus problemas esenciales es la inequidad. Sólo el 50 por ciento de los hogares tienen Internet, y según las mediciones de la Ibero, únicamente el 60 por ciento de los alumnos pudo seguir el programa “Aprende en casa”, aun cuando ampliaron los medios de difusión, como tv, radio y algunos impresos. Este fenómeno queda perfecto para el Programa Sectorial de Educación que pone como una de sus altas prioridades conseguir la equidad. La llamada Nueva Escuela Mexicana, en medio de su nebulosidad, revela que le preocupa conectar el problema de desigualdad y excelencia educativa como ejes estructurantes del proyecto educativo de la 4t.

Sin embargo, hay algunos problemas: entregaron con 6 meses de retraso el plan sectorial, y en este, no mencionan algún anexo o nota sobre el tema de la pandemia y los ajustes que esto implica al plan. Nada. Y si la desigualdad educativa es el centro del plan, debería traer una estrategia para conseguir la redirección de los presupuestos educativos que, a la fecha, son bajísimos. Éstos bajaron y pasaron a representar sólo el 3 por ciento del PIB, y en términos del monto presupuestal para el 2020, la función educativa pasó de ser el 14.4 por ciento del universo presupuestal, al 12 por ciento. La pregunta natural es, ¿si bajan la inversión educativa pueden cumplir las metas en torno a la equidad? Y si para el próximo año esperamos la disminución de la percepción fiscal, que pasará (probablemente) del 18 al 13 por ciento del PIB, ¿se hará algo para resolver la desigualdad en la educación?

Necesitamos un plan emergente para el sector educativo que se agregue al sectorial y se implemente una estrategia para paliar los efectos perversos de la pandemia. Por ejemplo, ¿cómo se va a atender el déficit de los aprendizajes y la asimetría de estos durante el semestre pasado y lo que sigue? No ocupamos meros anuncios de fechas. La desigualdad educativa crecerá enormemente, por la crisis económica que sumará 10 millones de mexicanos a la pobreza. El plan sectorial se presentó 6 meses tarde y se hizo como si nada extraordinario estuviese pasando en el país. A la fecha no vemos un plan de emergencia que resuelva las cuestiones aquí expuestas, ojalá y el lunes 3 se haga. Pero a este día, no vemos que las autoridades de educación tengan respuestas a las preguntas cruciales. Están pasmados.

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