Los gobernadores y la próxima elección (segunda parte)

Los gobernadores y la próxima elección (segunda parte)

No todos los gobernadores tienen los mismos incentivos para el 2021. Vamos a clasificarlos para facilitar este análisis. En el primer grupo pondremos a los que aspiran a contar con victorias electorales propias que a su vez les permitan mantener viva la posibilidad de competir en 2024. En este primer grupo tenemos a los gobernadores de Jalisco, Enrique Alfaro, por Movimiento Ciudadano, a Francisco Cabeza de Vaca, de Tamaulipas y Javier Corral de Chihuahua por Acción Nacional; en esta clasificación se ve muy diluida dicha postura por parte de alguno de los gobernadores del Partido Revolucionario Institucional, y si acaso destaca alguna posibilidad, ésta estaría en Alfredo del Mazo y Alejandro Murat del Estado de México y Oaxaca respectivamente, aunque como veremos, en el caso del Revolucionario Institucional, parece existir más bien otra lógica. Los hay además, los que, sin tener posibilidades de aspirar a la presidencia de la república, si buscan relevancia en la formación de un bloque opositor. En este caso podríamos sumar a Silvano Aureoles de Michoacán, José Rosas Aispuro de Durango y a Francisco Domínguez de Querétaro. En el segundo grupo podemos identificar a aquellos cuya oposición al presidente y su movimiento le reditúa a nivel local, por inclinaciones idiosincráticas o políticas de su población.

Es el caso de Martín Orozco de Aguascalientes, Diego Sinhue de Guanajuato y también en este caso de Domínguez de Queretáro, todos por el PAN. También está en este grupo Jaime Rodríguez “El bronco”, de Nuevo León, quien además podría pretender causarle el mayor daño posible a las posibilidades de MORENA en su entidad para terminar pactando su respaldo con algún grupo opositor en su tierra, sea el PAN, el PRI e incluso MC. Del resultado de sus estrategias dependerá la posibilidad de armar un frente lo suficientemente fuerte para contar con varios prospectos y actores relevantes rumbo al 2024 o el cambio de ruta para construir nuevos liderazgos, aunque por el tiempo y las herramientas disponibles, pudieran ser una opción poco atractiva para el electorado en 2024.

En el tercer grupo, podríamos poner a los gobernadores del PRI, quiénes ya sea por costumbre, prudencia, o una estrategia por debajo de la mesa y/o por la total ausencia de un liderazgo nacional y unidad en sus pretensiones futuras, salvo en el caso de Miguel Riquelme, han optado por una alianza de facto con el presidente y su gobierno, sin oponérsele, siendo anfitriones gentiles en sus giras constantes (habría que analizar sí a estos estados les está dedicando más tiempo en su agenda que a otros) y en búsqueda de mantener o expandir los recursos para sus entidades, sea por la vía de aumentos en el presupuesto para manejo de los gobiernos estatales o siendo beneficiarios de los múltiples programas sociales del gobierno federal. La respuesta estará en las campañas y resultados del 2021, sabremos entonces si lo del PRI era un juego prudente para ir a la elección sin generarse más desgastes y con ello situarse como una opción local a los choques nacionales entre el bloque opositor de Acción Nacional y Movimiento Ciudadano (al PRD, pobre ya ni mencionarlo tiene caso), y con ello lograr mantenerse en los estados que ya retiene, reponerse en la Cámara Baja y las Legislaturas Locales, así como en los Ayuntamientos y con ello mantenerse como una de las tres opciones mayoritarias rumbo al 2024. También puede ser. Lo cierto también es que de los resultados de su estrategia el partido se juega el futuro inmediato y en el contexto actual, por lo menos en el caso de los partidos políticos, no hay mucho más futuro que ése. De sus resultados en la elección del 2021 podría reconfigurarse el PRI para salir de la derrota de 2018 o profundizarla más para terminar de cavarla en 2024.

Un resultado más general de esta elección para nuestro sistema político y futuro institucional, estará en la relación de fuerzas que coexistirá entre los gobernadores y el poder central y con ello, el tipo de federalismo que tendremos en los próximos años (tres o más): un poder central al estilo pre-transición, neo-caciquismos y virreinatos locales al estilo post-alternancia o un nuevo federalismo de pluralidad manifiesta, constante y pugna política por el poder local y su reflejo en el ámbito nacional. Aún falta, pero el escenario para cualquiera de estas escenas está listo.

Pd. A este análisis habría que agregar los efectos (potenciales, posibles, pero aún no concretos) del efecto Lozoya en la vida pública de México en próximas semanas.

@CarlosETorres_

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