Los gobernadores y la próxima elección (primera parte)

Los gobernadores y la próxima elección (primera parte)

Recientemente el columnista y conductor Leo Zuckerman publicó en su columna en Excélsior un artículo titulado “Presidente contra gobernadores”, en el que exploraba cómo la próxima elección (2021) se verá seriamente influenciada por una de las pocas rivalidades que sobrevivieron a los efectos del 2018: la de los gobernadores y su poder local contra el presidente y su poder nacional. El artículo también centra su atención en el carácter general de la próxima elección, en la que por primera vez en la historia, coincidirá más de una elección local con la renovación de la Cámara de los Diputados, con la posibilidad, además, por primera vez en nuestra historia reciente, de la relección para los legisladores federales. En Zacatecas por ejemplo, será la primera vez que a la par que se elige al titular del Poder Ejecutivo, se elija también a los cuatro legisladores federales y coincidan, otra vez, las elecciones para la Legislatura y los Ayuntamientos, con la posibilidad de relección.
El también conductor de “Es la hora de opinar” indicaba la importancia que esta elección tendrá para los partidos políticos y sus aspirantes rumbo a 2024, y en el caso del PRI, para su capacidad de supervivencia misma como una opción considerable en el mapa político en el futuro.

En seguimiento a la lectura y análisis de Zuckerman volví al texto de Andrew Paxman “Los gobernadores. Caciques del pasado y del presente”, en el que se analizan los perfiles de distintos gobernadores tanto del pasado reciente (posrevolucionarios) hasta algunos muy vigentes, como el propio caso del presidente en su paso por la Jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal. Los colaboradores en el texto coordinado por Paxman, logran un recuento bastante interesante y atractivo de la evolución no sólo de los cacicazgos de figuras prominentes en los estados analizados, sino también de la configuración de un nuevo tipo de liderazgo regional. Así pues, se pasó de un control político excesivo por parte del centro a partir de la vieja costumbre de hacer uso del Senado de la República para la desaparición de poderes de una entidad federativa, a la presión y argucia política a través de otros instrumentos como el presupuesto e incluso el destierro político. Dicha lógica del poder cambió con el fin de la época de la hegemonía priista y se alteró para cambiar de dirección: a partir de Vicente Fox, los poderosos gobernadores de oposición (y uno que otro oficialista), presionaron al presidente para lograr mejores presupuestos, a cambio de legitimidad, gobernabilidad y en no pocos casos, control legislativo a partir de los representantes de las entidades federativas. Del régimen post-alternancia surgieron ejecutivos subnacionales con gran poder. Para ejemplo los dos últimos presidentes, cuya relevancia política nació justamente de sus mandatos al frente de las dos entidades más pobladas del país: Enrique Peña Nieto (Estado de México) y Andrés Manuel López Obrador (Ciudad de México), sin olvidar otros candidatos y precandidatos cuyas posibilidades se potenciaron justo en las mismas circunstancias: Roberto Madrazo, Alberto Cárdenas, Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Osorio Chong e incluso Ricardo Monreal. Fue la independencia de éstos gobernadores frente al presidente, como lo fue en el caso de Vicente Fox en Guanajuato, lo que les permitió figurar en el ámbito nacional. Hoy, las circunstancias no están alejadas de este escenario, sin embargo hemos vuelto al punto anterior o cuando menos a una pretensión muy clara de retornar al pasado: el poder central con el arrastre electoral obtenido en 2018, busca ir de esa primera gran victoria nacional que trajo consigo a su vez importantes triunfos a nivel local, a una presencia en los estados y municipios, que a su vez, le permita sobrevivir más allá del movimiento y su personaje. Solo victorias locales a nivel estados y municipios permitirá a MORENA convertirse en algo más que la sombra de López Obrador, generando intereses, coaliciones, identidades y estructura en todo el país.

Sin embargo, no en todas las latitudes del país la tendrá fácil, los gobernadores entienden muy bien que en 2021 no solo se juegan su futuro, sino sus gobiernos mismos (en el caso de los que continúen) y sus posibilidades de supervivencia más allá de su mandato (en el caso de los que concluyan). ■

@CarlosETorres_

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