La Utopía en el Hogar (17): Comunicación

La Utopía en el Hogar (17): Comunicación

Diecisiete semanas, ciento diecinueve días, superado el tercio de año, han transcurrido diez millones doscientos ochenta y un mil segundos sin que se enderecen los designios sobre el futuro inmediato; las circunstancias de hoy dicen que los siguientes días de mañana van a seguir igual, repetitivos y sin cambios notables que le den rienda suelta a la imaginación. Para muchas personas este es un episodio de su existencia al que probablemente no se le vean pies ni cabeza, además que estén poco acostumbrados a tomar decisiones que puedan ser útiles a sí mismos y al resto de la sociedad, inician y van marcando rutas de supercherías, formas de razonar poco apegadas a la disciplina personal y colectiva donde se debata sobre rutas de desarrollo que tengan que ver con el futuro de cada entidad viva en cada uno de los entornos particulares y el resto del país.

Para otros que se dedican a tomar estos episodios con tan poca variabilidad, se presenta la gran oportunidad de experimentar con algunos aspectos de corte personal, familiar, vecinal, comunitario hasta llegar a los arreglos nacionales. En psicología experimental a estos períodos se les denomina línea base y ofrecen la oportunidad ideal para probar la aplicación de variables y evaluar con rigurosidad los cambios obtenidos y donde se puedan provocar cambios importantes en la forma de interacción con otras personas, la sociedad, la humanidad… no se parece nada a lo que se ha experimentado en tiempos muy recientes.

Se ha dejado de hacer mucho por todos los eventos históricos del último medio siglo. Si bien es cierto que se disminuyó en buena parte la violencia en los centros de enseñanza y en los centros laborales, también el concepto de disciplina para el aprendizaje fue disminuyendo. La población comenzó a renunciar a la búsqueda del conocimiento y se volvió argumentista. A medida que aumentaba el interés por actividades banales, con poco sustento y hasta peligrosas, aumentaba la importancia de las salidas de los asuntos de interés basados en dichos restando casi siempre importancia a la contundencia de los hechos. En este viacrucis de supervivencia se perdieron muchas posibilidades para hacer del país algo mejor y por el contrario muchas propuestas visionarias se diluyeron en el olvido o fueron plagiadas de fea forma, casi siempre con resultados desastrosos que no se podían desarrollar por la evidente falta de talento en aquellos que han regido el país en el período reciente.

Lo peor del caso es que se ha perdido la facultad para establecer fórmulas para la comunicación efectiva. No sólo se ha dejado de hacerla en forma satisfactoria, sino que en su afán argumentista, todo mundo defiende sus conceptos como si en el resto del universo, no exista quien se acerque a sus verdades. Lo que promueve la igualdad, solución de conflictos o acuerdos en base a argumentos razonados, tiene poca esperanza ante los doctos argumentos de la difusa humanidad. Es probable que este abaratamiento de la disciplina del debate, explique los fallidos intentos por intentar un país mejor.

Lo grave del problema no deriva únicamente de estas opiniones individuales con marcos de referencia muy precarios y ejercidos con la autodefensa de la libertad de expresión, aunque esta sea realizada en forma libertina y mugiente. La otra, también muy peligrosa, es la que emiten aquellos que venden sus opiniones a intereses de uno o unos cuantos, en detrimento de la mayoría, es decir, la gente, los ciudadanos de a pie, aquellos que con su actividad de hormigas han mantenido vivo al país en tanto tiempo de la pandemia llamada corrupción. Para muchos comunicadores y voces de opinión la difusión de ideas y hechos sin sustento y tendenciosos se ha establecido como un modus vivendi.

La otra comunicación que se deriva de los aparatos de trasmisión y el uso de las redes, aporta una dimensión diferente y desconocida hasta muy poco. Se han diseñado mecanismos y fábricas de propagación de ideas a través de los aparatos cibernéticos y computadoras. Por ahora, se ha estado usando para fines aviesos que tienen que ver con la difusión de noticias falsas y el ataque a figuras públicas o manifestaciones políticas de alguna tendencia. Sin embargo, no debe perderse de vista que estas mismas técnicas pueden usarse para proyectos constructivos, educativos e ideológicos. Todo es cuestión de intentarlo.

Y usted, lector, anímese, intente los cambios positivos con que siempre soñó. Es tiempo de intentarlo sin temor a morir por un buen cambio.

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