Liberato Montenegro

Liberato Montenegro

Con todo y lo apantallante del nombre, Liberato Montenegro no fue precisamente un revolucionario, un héroe o personaje destacado de nuestra historia de bronce. Tampoco se significó por ser un humanista, letrado o escritor sobresaliente, autor de cuentos o novelas; o bien, un amante de la lira poética. ¿Quién fue pues, el ínclito sujeto del que se ocupan estas notas? Fue y se distinguió por ser uno de los pilares del modelo de sindicalismo que se construyó en el SNTE. Fue un líder clientelar y corporativo de lo que se conoce como charrismo sindical. Que más que un insulto para quienes se sientan aludidos es una categoría política y sociológica que sirve para caracterizar las prácticas en que incurren los representantes gremiales. Tales como negociar y pactar a espaldas de las bases sus demandas y expectativas, actuar como cómplices de los patrones y del gobierno y de sus políticas, comprar canonjías o dejarse seducir por el poder y los cargos, vender o regalar plazas y traicionar a sus representados si se presta la ocasión; entre otras.

Liberato Montenegro fue el hombre fuerte del magisterio nayarita. Representa el claro ejemplo de lo que fue según Gilberto Guevara Niebla: “la “simbiosis SEP-SNTE”. Es decir, la mutua dependencia y corresponsabilidad en materia de políticas educativas, reparto de plazas y gobernanza entre el patrón y el sindicato. Incurrió de manera reiterada en las prácticas arriba citadas. Con la presencia y fuerza que le dieron los maestros de Nayarit a los que usaba como clientela política, recurría cuando se daba el caso a la presión y el chantaje con el gobierno y las autoridades educativas. Su perfil encaja dentro de los que se conoce como un cacique sindical.

Aunque nació en Etzatlán, Jalisco, en 1938, terminó siendo por adopción y elección nayarita. Estudio la carrera de profesor primaria en la Normal Rural de Xalisco, Nayarit en la que se formó pedagógica y sindicalmente. Personaje central de la política de ese estado en las últimas cinco décadas y hasta su muerte. Líder indiscutible e indisputado del magisterio. La Secretaría general de su Sección lo llevó a construir el cacicazgo que descansó en la política clientelar y corporativa en la que sustentó su fuerza. Esa misma fuerza y adhesión que generó con los maestros le permitieron ocupar los cargos de diputado local, senador y diputado federal. Fue tal la fuerza e influencia que adquirió con los maestros que estos lo nombraron, o el mismo se autonombró “líder vitalicio, muy al estilo de Jonguitud y de Elba Esther Gordillo a quienes sirvió y de los que se sirvió como su alfil en su estado, controlando y disciplinando a las huestes de su gremio. Sin ningún rubor portó las chaquetas vanguardista, por lo de “Vanguardia Revolucionaria”, la corriente hegemónica en que se apoyó el potosino, como la “institucional” gordillista. Un sindicalista cabal y de hueso colorado.

Liberato Montenegro compartió rasgos propios de los caciques charros de los estados. De forma parecida al zacatecano Valente Lozano Ceniceros, con el que coincidió en el tiempo previo a que este se retirara del servicio, ambos se daban el lujo de poner a los secretarios generales de sus respectivas secciones sindicales. Regalar plazas de inspectores y de directores como piezas claves para mantener el control de las bases magisteriales.

En el casi medio siglo que abarcó su cacicazgo, al morir esta semana, a los 82 años, para 1914 había acumulado en sus alforjas y las de sus cuatro hijos la concentración de 17 plazas. Queremos pensar que no eran pinches placitas, sino de las gordas, entre ellas algunas homologadas que en total le generaron ingresos por 14 millones de pesos en solo cuatro años. Así lo documentó el periódico Reforma en 2014, cuando agarraba vuelo la reforma educativa de Peña Nieto. “De ese pelo”, como diría Boyain y Goitia. Así se las gastaba el angelito.

En 1913, cuando Peña Nieto anuncio y echó a andar su contrarreforma educativa en acuerdo o coincidencia con Elba Esther, que le costó ser defenestrada como líder nacional por oponerse a la voluntad presidencial, Liberato movilizó a sus huestes. A lado de su hijo Gerardo, que se perfilaba para ser su sucesor y retomar la estafeta de su cacicazgo, según la crónica de Luis Hernández Navarro. En esa coyuntura, llegaron a sacar a las calles y movilizar en contra de la Reforma entre 17 mil y 20 mil maestros, (ver La Jornada, 10/09/2013).

Con la muerte de Liberato Montenegro muere una pieza clave, uno de los engranajes con los que se movía esa gran maquinaria conocida como charrismo sindical en el SNTE. Con la firma del Tecam y la reforma laboral que se los gringos pusieron como condición para su firma, misma que contempla la elección de los dirigentes con el voto directo universal y secreto, de cumplirse la nueva normatividad, estaríamos por presenciar las exequias del charrismo en los sindicatos. Ver para creer. ■

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