Lozoya, Duarte y Zerón, símbolo de decadencia y corrupción

Lozoya, Duarte y Zerón, símbolo de decadencia y corrupción

Comencé a ver la serie de la plataforma Netflix “Los días de Ayotzinapa” y tuve una sensación que hace años no vivía. La piel se me enchinó, se me electrizó el cabello y se me hizo un nudo en la garganta al ver las imágenes que se escondían en mi memoria y que me recordaban la clase de país en el que vivo, el Estado al que pertenezco y la galopante corrupción y su madre la impunidad, que acechan cada rincón del territorio nacional desde hace décadas y hasta el día de hoy. No es exclusivo de un partido político, ni de un gobierno ni de una región; la podredumbre se despliega en todo el territorio nacional y el documental vino a removerlo todo.

Allá por el 2006, justo cuando la movilización organizada volvió a ser la gran protagonista de la protesta nacional, por el resultado de las elecciones presidenciales, recuerdo regresar de la ciudad de México ya cansado y fastidiado de la lucha que se dio antes y después de los comicios y que nos hizo recorrer gran parte del país y dormir en el zócalo en protesta por la llegada de Calderón al Poder. Ya en mi casa alguna tarde en el último trimestre del año, recuerdo haber visto “nomas por no dejar” el documental de Luis Mandoki, titulado “AMLO”, fue tal la conciencia que despertó en mí, que la gasolina del descontento con el sistema dura hasta la fecha, pero el día de hoy soy más mesurado. Por aquellos años y con aquel documental solo reafirmé que el país padecía a un Estado descompuesto, violento, arbitrario y profundamente injusto, el cual en algún momento iba a colapsar por la vía pacifica o por cualquier otra.

Con la llegada del nuevo presidente se abrió no solo la posibilidad de cambiar de raíz el estado de cosas, es una obligación cambiar lo que está mal en el Estado Mexicano, y dejar los cimientos por lo menos de un nuevo país con renovadas instituciones que no permita que se repitan hechos tan lamentables como los de Ayotzinapa y sus 43 mártires, ni la intervención de poderes facticos en las elecciones. Pero además, es importante (porque el tiempo corre) que se den los primeros resultados de la tan pregonada lucha del presidente contra la corrupción y aunque a veces pareciese mas una cortina de humo para desviar la atención de los desastrosos números de la actual administración, que una lucha frontal y decidida contra el cáncer nacional, parece que se vislumbra una luz al final del túnel con la repatriación de Emilio Lozoya Austin y Cesar Duarte y la orden de aprehensión girada a Tomás Zerón.

Los tres funestos personajes representan y dibujan de cuerpo entero al viejo y corrompido sistema que permitía todo y de todo, pero no para todos y que era una perfecta maquina aceitada que encubría fechorías del tamaño de abusos que cometieron estos tres. Dos de ellos , Emilio y Cesar, son piezas claves que llevándoles un debido proceso pueden aportar mucho en favor del desmantelamiento de la red de corrupción que operaba y quizás siga operando al interior de la administración federal; y el otro, Zerón, también es pieza clave para saber por fin que pasó aquella noche en Iguala y porqué el Estado protegió incluso por encima de sus propios intereses una “verdad histórica” fabricada a partir de la orden de un capo de la droga del estado de Guerrero para recuperar un cargamento de heroína con valor de 50 millones de pesos. No hace falta ser muy avispados para saber que, a los tres tristes mafiosos, los une e identifica dos características: corrupción e impunidad.

Me gusta ahondar en el caso de Lozoya por que es quien más próximo está a colaborar con el gobierno y es bien interesante el panorama, así como peligroso para algunos.

Lozoya como director de PEMEX y cabildero de cabecera de las transnacionales corruptoras del sexenio de EPN, filmó en video a diputados y senadores recibiendo dinero a cambio de su voto para lograr la llamada Reforma Energética, allá por el 2013, cuando con mayoría del PRI, del PAN y del Verde (ahora aliado de MORENA) obtuvieron los votos necesarios para lograrla.

Pero el hecho no queda ahí, que sería suficientemente escandaloso de por sí. Una vez lograda la reforma, Lozoya pudo llevar a cabo operaciones de gran calado y sumamente corruptas y escandalosas con el consentimiento por acción o por omisión, de funcionarios de alto nivel hasta llegar al propio presidente de la república. Dichas operaciones son:
-Fertinal
-Agronitrogenados, y
-Sustracción de combustible de los pozos de PEMEX en altamar.
Ojalá haya beneficios para el país y no un burdo espectáculo mediático como antes.

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