Contra la crisis, solidaridad y honestidad

Contra la crisis, solidaridad y honestidad

En recientes colaboraciones nos hemos concentrado en el abordaje de problemas referentes a la gravedad de la situación que enfrenta el ISSSTEZAC, lo que implicó dejar de lado asuntos no menos acuciantes, aunque no dejan de preocuparnos. Todo lo que atañe a la sociedad nos atañe individualmente y en el caso de quien escribe, como servidor público y ciudadano, comparto las preocupaciones de mis conciudadanos.

Tres son los temas torales que en estos días llaman la atención de la sociedad zacatecana: pandemia por el Covid-19, violencia criminal y economía, aunque no necesariamente en este orden. De algún modo estos tres asuntos conciernen a toda la población, en menor o mayor grado, y cada uno afecta de diferente modo a cada persona. Hay quienes son indiferentes al Covid-19 y llevan su diario trajín como si fueran inmunes a ese y cualquier otro mal.

Hay quienes ven la violencia criminal como un fenómeno lejano, que no los alcanza a ellos ni sus familiares o amigos. Es entre narcos; allá ellos, que se maten entre sí y así se acabará el problema, piensan. Hasta lo económico suele ser desdeñado por algunos, comúnmente porque creen no tener problemas monetarios. Creen tener asegurado su estatus y sus ingresos.

Sin embargo, y afortunadamente, quienes tienen esta indiferencia, son los menos, porque la mayoría está consciente de que esos fenómenos sociales afectan a todos, de una u otra manera y nadie puede estar totalmente al margen de esos acontecimientos.

En cuanto a la pandemia, prolongada por más tiempo del que algunos optimistas esperaban, los científicos pronosticaban al principiar 2020, que sería de larga duración y previeron que la vacuna curativa podría tardar un año en ser descubierta y producirse masivamente. Hoy se cree que tal vez este año la vacuna sea descubierta y aprobada, aunque su producción y distribución mundial podría comenzar el próximo año, si es que se resuelven oportunamente los problemas de comercialización que surgirán por una demanda desorbitada. Por si fuera poco, ya se asegura que el Covid-19 llegó para quedarse.

En tanto, la mortandad aumenta. Día a día las cifras de contagios y muertes crecen aceleradamente. México está entre los países donde la pandemia avanza inconteniblemente, ante una población estupefacta que no hace lo necesario para frenarla y prefiere dejarle la máxima responsabilidad a los gobiernos federal, estatales y municipales. Es clara y evidente la irresponsabilidad con la que actúa la mayoría de la población. En cualquier lugar podemos ver a quienes en ninguna circunstancia adoptan las medidas de higiene necesarias, usan cubrebocas ni guardan la sana distancia; miles de pequeños comercios y microempresas laboran sin ningún protocolo preventivo. Y donde señorea la irresponsabilidad, es donde brotan los contagios. Una persona omisa es un peligro para todos los que puedan estar cerca de ella.

El otro flagelo, la violencia criminal, continúa castigando a la sociedad. De nada sirve, ni a ciudadanos ni autoridades, pregonar que el problema “es de ellos”, de los cárteles de las drogas. Es cierto que están enfrascados en una guerra por las plazas, por regiones que llegan a incluir estados, ciudades y municipios, pero, hay que decirlo, en esas plazas vivimos usted y yo. No son tierra de nadie; son lugares donde vivimos, trabajamos y amamos a nuestras familias. ¿Cómo será frenada la delincuencia organizada? Respuestas hay suficientes, pero ninguna ha sido asumida con la contundencia necesaria por el gobierno federal, máximo responsable de la seguridad en el país, aunque cada gobierno y cada uno de los mexicanos tenemos algo que hacer para lograr la tan anhelada paz y armonía social.

La economía es la otra pesadilla. Un millón de empleos ya se perdió y los pronósticos indican que el crecimiento del desempleo y el cierre de empresas, grandes y pequeñas, se agravará en los próximos meses. No es exagerado prever fuertes conflictos sociales por el crac financiero y el desempleo. Hay incluso quienes avizoran hambrunas. Ojalá no lleguemos a tanto, pero lo evidente es que en cuatro meses la pobreza y el alza de precios de la canasta básica han crecido desmesuradamente.

La realidad, cruel pero ineludible, obliga a reconocerla. México carece de fortaleza sanitaria y económica para enfrentar satisfactoriamente la pandemia de Covid-19, pero nadie puede aceptar la derrota por adelantado.

Para salir lo menos dañados que sea posible de esta contingencia se requiere voluntad, solidaridad y fortaleza social, gobiernos honestos, creativos, abiertos y comprometidos. ¿Seremos capaces de lograrlo? ■

*Director general del ISSSTEZAC

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