La Utopía en el Hogar (16): Dignificación de la pobreza

La Utopía en el Hogar (16): Dignificación de la pobreza

Después de dieciséis semanas, más de cien días, casi un tercio de año o cualquier medida que se le quiera dar al período transcurrido desde el inicio del confinamiento (si se quiere ser ocioso, han transcurrido casi diez millones de segundos) y no se ve la luz al final de este agujero existencial sin precedentes. Afortunadamente las comunicaciones están más desarrolladas que nunca y a pesar del encierro existe la posibilidad de enterarse de todo lo que ocurre en cualquier lugar del mundo y de comunicarse, también, a todas partes, lo que ayuda a no sentir tan rudamente el abandono y la incomunicación.

Dicho sea de paso, además, ha habido muchas cosas de las que se puede hablar en todos los ámbitos: en la política, la farándula, la vida social, asuntos de familia y tantos que asustan por su cantidad. Los ejes temáticos se multiplican e invitan a la inventiva y a la innovación. Muchas de las costumbres se verán alteradas y habrá infinidad de cambios en los protocolos de convivencia y desarrollo en vías del proyecto de sobrevivencia a mediano y largo plazo de este fenómeno que ha significado la evolución de las especies, donde sin duda destaca negativamente protagónica la de la especie humana, que ha resultado ser una verdadera plaga para el planeta y las otras formas de vida.

La revolución industrial y el esplendor del capitalismo han llevado a una vorágine de cambios tan drásticos y a una velocidad inaudita que no ha dado tiempo para darse cuenta de los giros que se han venido provocando en la oferta de estímulos y los consecuentes cambios que han moldeado, mantenido y fortalecido en el comportamiento de seres vivos a lo largo del último siglo, aproximadamente. Los homínidos han desarrollado una forma de vida que de ninguna manera es amable, la codicia y el disfrute exprés mantienen a la humanidad en una constante desorientación. Se ha perdido la conciencia de lo que ocurre alrededor con los procesos de vida y hoy parece ser que lo único importante es la capacidad de dispendio y el placer instantáneo que producen los artículos de consumo y de disfrute; el hedonismo ha victimizado a la humanidad y su carencia provoca tanto daño como su facilidad.

Entonces, desde esta perspectiva, la actividad reducida a la que se está hoy obligado ha forzado, por una parte, a reducir el consumo general, en especial de todo aquello que no es urgente o estrictamente necesario y por consiguiente muchos artículos de placer instantáneo, y conduce a la búsqueda de satisfactores mucho más baratos, sanos sobre todo y hasta gratis que, bien asimilados pueden sustituir con el tiempo los placeres sintéticos. Ese puede conducir a acciones colectivas concretas que establezcan la ubicación geopolítica y social de lo que nos tocó vivir, según doña Cristina Pacheco. Si se aprendiera a aceptar la realidad económica en la que viven el noventa por ciento de los mexicanos, se asimilara en el consciente social, se aprendieran y sistematizaran infinidad de pequeñas prácticas que sustituyan al entreverado complejo de códigos que no corresponden a formas recomendables para una humanidad que sea más moderada en sus avances tecnológicos y de desarrollo bestial y busque poco a poco los caminos de regreso hacia una vida simple. El camino conduciría a la dignificación de la pobreza y al hallazgo de formas de vida desarrollada en condiciones de gratificación permanente, en lugar de las que ofrecen solo inconformidad y frustraciones.

La ventaja de llevar a cabo esta idea de dignificación de la pobreza, permite tener un parámetro más sólido en lo que se refiere a la autoaceptación, primero, y una visión más concreta de la realidad que a la larga permitirá deshacerse de hábitos perniciosos y peligrosos para la salud pública, la salud social y la salud ambiental, y desde esa perspectiva diseñar nuevos estándares de riqueza y sobre todo de búsqueda de modelos de vida que permitan vivir mucho mejor, con menos. Los eventos que están transcurriendo, dentro de su rigurosidad, permiten la ocurrencia de episodios de introspección y análisis de lo que se puede aprender para llevar una vida más sana y productiva. Ahora lo importante es echar a andar todas las buenas ideas que puedan surgir desde el auto encierro y aprender que se pueden hacer muchos proyectos constructivos de alto rendimiento y bajo costo, privilegiando los intentos que incluyan las tentativas inteligentes y creativas.

Entonces, los problemas de empleo y desarrollo económico podrían verse desde otros planos, probablemente de aquellos derivados de la visión epistemológica del conocimiento que arrojaría entre muchos otros beneficios colaterales, el de recuperar la alegría de vivir.

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