Editorial Gualdreño 440

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Zacatecas es una ciudad hermosa, su centro histórico más. Siempre. Sin embargo, su belleza, sus ricos acervos culturales y los muchos atractivos que tiene no han sido suficientes para evitar el desplome de la economía de muchas personas que se dedican a ofrecer servicios y productos culturales y turísticos: la pandemia del Covid-19 en nuestro Estado como en el resto del país no ha terminado por mostrarnos su coletazo letal -en todos los sentidos-. La situación en nuestra ciudad, dado que dos de los sectores que más han resultado afectados son el turismo y la cultura, es preocupante porque no vemos todavía cómo es que han de abordarse los nuevos métodos de operación en esta realidad diferente que implica cambiar las formas de convivencia, y porque pareciera que dentro de esta comprensible desesperación estamos más enfocados por encontrar culpables que posibles soluciones.

Una gran parte de las actividades económicas, esenciales y no esenciales, se reactivaron a partir de junio cuando terminó la Jornada Nacional de Sana Distancia; y pese a que las disposiciones federales han estado siempre estipuladas semanalmente, duele reconocer que aquí lo que ha prevalecido es el desorden desde el principio; no ha habido un control hasta la fecha que se ciña al 100% a las recomendaciones de la Secretaría de Salud, ni de espacios que pueden abrirse, ni de aforos permitidos en espacios cerrados, ni de medidas higiénicas básicas en la mayoría de ellos; aunque también hay aquellos negocios que son un ejemplo por los protocolos implementados desde su reapertura, de poco sirven esos esfuerzos si las personas que acuden siguen las reglas solo cuando están ahí, pero al salir desestiman las medidas de sana distancia.

Las noticias de aumento de contagios las recibimos todos los días y todos los días también vemos cómo más personas salen a la calle sin cubrebocas, por ejemplo. Pero para qué ponérmelo, han de pensar, si de cualquier forma la mayoría no se lo pone… para qué me espero afuera de las tiendas para no generar aglomeraciones, si de todas maneras muchas de las personas que las atienden no ponen orden ni el ejemplo en medidas básicas de protección. Insisto, no son todos, pero con algunos que caigan en el descuido basta para que la propagación de este virus no ceda. En ese sentido somos corresponsables de lo que pasa; no podemos “culpar” de nuestra conducta a quienes no han dejado de decirnos que si no es estrictamente necesario -como en el caso de quienes salen por razones laborales- no debemos salir de casa. Porque seguimos saliendo, incluso sin que sea indispensable; y continuamos contraponiendo dos temas como si uno fuera más importante que el otro: la salud y la economía… y el problema de la pandemia es transversal.

En días pasados se ha incrementado la demanda de que los espacios culturales y los atractivos turísticos se abran ya. Es comprensible que la urgencia de que así sea provenga de quienes tienen como actividad económica principal lo relacionado con atender al turismo -que por cierto, poco a poco empieza a llegar-, pues no han dejado de pagar salarios, impuestos, rentas, etc., y es poco el apoyo que han recibido; lo que no me parece comprensible es que quienes nunca -viviendo aquí- se han interesado por ser visitantes de estos espacios o consumidores de estos servicios sean ahora los que insistan en encontrar en quién depositar sus agravios.

Qué bueno fuera que una vez reactivados todos los negocios y espacios que permanecen cerrados, las personas acudieran dispuestas a seguir los protocolos de esta “nueva normalidad” que llegó para quedarse y puedan disfrutar de lo mucho que Zacatecas tiene por ofrecernos a todos. Fantástico resultaría también que cada vez más los habitantes de Zacatecas, y no solo quienes nos visitan, conozcan los museos, librerías y galerías de nuestra ciudad; y que conforme la situación que vivimos vaya mejorando, seamos primordialmente consumidores de lo local para poder reactivar nuestra golpeada economía. Mientras eso pasa y los trabajadores de esos espacios que usualmente reciben grupos de visitantes se capacitan en nuevas medidas de operación -porque ya lo están haciendo-, sería magnífico que hagamos un esfuerzo por capacitarnos también, más y mejor, para enfrentar esta nueva forma de vida. ¿Implica un esfuerzo? Sí, muy grande. El que podamos frenar los contagios es responsabilidad de todos, el que puedan abrir y permanecer abiertos los espacios que actualmente siguen cerrados también.

Que disfrute su lectura.

 

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