Concha Urquiza entre dos fuegos: la inteligencia y el fervor religioso [Segunda parte]

Concha Urquiza entre dos fuegos: la inteligencia y el fervor religioso [Segunda parte]
Retrato de Concha Urquiza.

La Gualdra 439 / Literatura

 

 

Decíamos en la primera parte de este artículo que para recordar a Concha Urquiza, al morir trágicamente, ahogada en el Pacífico, cerca de Ensenada, Baja California, el 20 de junio de 1945, la lectura de su obra en verso y prosa es el mejor homenaje, aun cuando la mayor parte de su poesía quedaba inédita y dispersa en copias que ella misma mandaba a algunos de sus amigos más íntimos y nunca se preocupó de reunir y ordenar.[i]

El grupo de la tradición lírica donde confluye su nombre es el de los poetas religiosos. Estos se llevan el reconocimiento en el ámbito nacional. Es una generación, por decir lo menos, excepcional, única, brillante. Estos poetas han dado el salto y a su manera confirman esa originalidad de la poesía, revelan su encuentro con autores clásicos castellanos; entre uno y otro autor no se repiten, aun cuando su tema principal es la poesía religiosa; al contrario, contribuyen a renovarla, reinventan, confirman el alto rigor de su poesía.

Estas referencias a su poesía son las que nos acercan a Concha Urquiza y resaltar que ella es única: su precocidad literaria inicia con los clásicos griegos y latinos, pasando por los clásicos en lengua española y autores del siglo de Oro: San Juan de la Cruz, fray Luis de León, Santa Teresa; traduce la Égloga V de Virgilio; lee con pasión la Ilíada y la Odisea; de Cervantes se apasiona con El Quijote y esta obra es la que le gusta obsequiar entre sus amigos y conocidos, y en este ambiente emerge su voz sin corriente literaria, ni escuela o grupo generacional. Es un torrente desde la poesía: escribe sonetos, romances y canciones, tercetos, liras y otras combinaciones estróficas, y explora temas como el amor, los paisajes michoacanos y el retorno a la ciudad, pues “Concha maneja con extraordinaria maestría y en las que supo volcar –con arte exquisito– su tesoro poético: todo el amor doloroso y todas las angustias llameante de su alma lacerada por la quemadura incurable de Belleza” sentencia Méndez Plancarte. Escribe sobre la noche y el erotismo con una seducción que se convierte en una prolongada búsqueda hasta llegar a explorar con pasión descarnada temas religiosos. Es imposible citar todos los versos y reconocer su personalidad pero hay que traer aquí por lo menos un fragmento del amor doloroso:

 

Yo soy como la sierva que en las corrientes brama.
Sed y polvo su lengua paraliza,
y en salvaje carrera, con las astas en llama,
sobre la piedra el casco golpea y se desliza.

 

¿En verdad que Concha Urquiza escribía a los once años? El poema “Noche azul” tiene esa suerte de ser el ejemplo más temprano que se conserva de su escritura:

 

Vierte el ensueño su ánfora sagrada
en la mágica copa de la noche.
Palidece un lucero en el oriente
y nace en el jardín una gardenia.
Y vive entre los cantos de la fuente
la interminable angustia…

Este fue publicado en el Universal Ilustrado precisamente el 20 de junio de 1922. Si creemos en las coincidencias, su muerte sucedió un 20 de junio, pero de 1945. En ese periodo de 23 años escribe toda su obra.

Como anotaba, una parte de sus poemas y prosas se reunieron en un tomo inmediatamente después de que se ahoga y desde entonces se han publicado muestras de estos y la han incluido en antologías, de igual manera, estudiosos siguen buscado que su obra esté presente, labor que continúa, no cesa ni cesará, afortunadamente.

Y como parte de esa línea central hoy día se cuenta con la edición Nostalgia de lo Presente. Poemas 1921-1945, compilada por quien esto escribe. Es una edición que reúne todos sus poemas conocidos e inéditos. Primero, fue una edición especial, para rendirle homenaje en el año del centenario de su nacimiento; después ya como versión definitiva, salió en agosto de 2013. La unidad de este volumen reúne las siguientes características: contiene 14 apartados. Hay que señalar que los numerales III-XIII corresponden a la compilación que realizó el erudito michoacano Gabriel Méndez Plancarte con el título Obras: poemas y prosas, que dio a conocer bajo el signo de Ábside en 1946; el número II es la reunión de poemas que organiza José Vicente: Apéndice: “Poemas dispersos”; el número I es un apartado totalmente inédito, integrado por poemas juveniles: aquellos que fecha la autora entre 1921-1923, es decir, los que escribe entre los 11 y antes de los 15 años; finalmente, el XIV es un apartado especial: se compone por poemas de diferentes fechas pero que han sido publicados o son un hallazgo y donde se incluye por primera vez El reintegro, que se compone de tres estrofas de 4, 5 y 36 versos cada una y sumar un total 45 versos.

Pero ¿cómo presentarla en la tradición de la poesía mexicana del siglo XXI? Por su condición, por su lírica encantadora, es naturalmente nuestra abuela soltera de la poesía mexicana. Sus poemas, además, siguen la senda y hay que preguntar a la manera de Homero, con un verso de la Odisea: “¿Quién te ha herido en la divina noche?”. Es una “orquídea en el desierto”, como acuñará José Vicente Anaya. Generacionalmente es parte de los autores que nacieron en el periodo de la Revolución Mexicana, apenas terminada esta, son los que coinciden, al empezar ella a escribir y publicar sus poemas. La búsqueda lírica de Concha sin duda coincide con el grupo de los Contemporáneos y el Estridentismo, que inicia la renovación más drástica y escandalosa de la historia de la poesía y de la literatura mexicana en los primeros días del inicio de la década de los veinte, como se afirma de estos y del tiempo vivo en la poesía mexicana.

Y un poema descubierto tardíamente, llamado “El reintegro”, fechado en 1933, cuando Concha solamente tiene 23 años, es el que está llamado a ser parte de ese conjunto de poemas que se escriben para ser parte de los más notables de la tradición de la poesía mexicana. Por primera vez se puede leer en Nostalgia de lo Presente: donde agraciadamente se incluye toda la poesía; y “El reintegro es el que completa la travesía, porque responde en parte a las interrogantes de esa originalidad profunda y apreciada por el verso de formas clásicas. Ya que escribe colindando con el tema religioso, con la fuerza de un erotismo endemoniado y trasmite una profunda personalidad que bebe de san Juan de la Cruz y fray Luis de León; aspira al encuentro de la profundidad mística, pero sabiéndose que es dueña de un erotismo que confunde o eleva a enamoramiento o desengaño.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_439

 

 

 

 

[i] Ver primera parte: https://ljz.mx/2020/06/08/concha-urquiza-entre-dos-fuegos-la-inteligencia-y-el-fervor-religioso-primera-parte/

 

 

 

 

 

 

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