Entresijos de la batalla de Zacatecas de junio de 1914

Entresijos de la batalla de Zacatecas de junio de 1914
General Francisco Villa con la comisión zapatista en Guadalupe, Zacatecas. 1914. INAH-SINAFO. Número de inventario 6067.

La Gualdra 438 / Antropología e Historia / Ollin: Memoria en Movimiento

 

 

En marzo de este año de 2020 en la LXIII Legislatura del Congreso local fue presentada la iniciativa para declarar como patrimonio cultural inmaterial la Cabalgata Toma de Zacatecas con el sustento de ser un acto de rememoración del hecho bélico de importancia histórica. La iniciativa fue aprobada con lo que reconocía con ello el valor patrimonial de la conmemoración de aquella batalla que se efectúa anualmente con un desfile donde el elemento equino es la figura central.

Ciertamente la División del Norte como protagonista de la batalla de Zacatecas efectuada en junio de 1914, tuvo como célebre recurso para enfrentar sus batallas el uso exitoso de hábiles y portentosas cargas de caballería, pero esto no sucedió en Zacatecas debido a la sinuosa serranía que circunda la ciudad compuesta por elevados cerros con presencia de tiros de mina y una red de fortificaciones federales concebidos para la defensa de la plaza. En este hecho de armas habrá que apuntar que la victoria revolucionaria se logró con la conjunta acción de la infantería y la artillería villista, por su parte la caballería tuvo participación pero de manera secundaria.

Lo expuesto hasta aquí no busca demeritar el reconocimiento cívico que se lleva a cabo a través de una cabalgata, pero este asunto sugiere advertir que en torno a uno de los hechos más importantes de la historia moderna zacatecana existen imprecisiones u omisiones que invitan a considerar que se trata de un tema aún sin agotar para los interesados en este pasaje histórico.

Habrá que considerar que la batalla del 23 de junio solo fue el ataque general y definitivo, que tuvo como antecedente el enfrentamiento de la guarnición federal con la División del Centro y fuerzas revolucionarias de Durango, cuya lucha de 5 días se decantó por el triunfo huertista, pero también tuvo como consecuencia el debilitamiento de la plaza federal por la pérdida de soldados y materiales de guerra. Solo se dio un lapso de quietud que fue interrumpido por la progresiva llegada de contingentes villistas que comenzaron a ocupar la región entre Fresnillo, Calera, Morelos y Vetagrande, efectuándose algunos enfrentamientos, que subían de intensidad según se acercaban a la ciudad de Zacatecas. Incluso algunos testimonios mencionan de un impetuoso cañoneo durante la madrugada del 23 de junio el cual concluyó antes del amanecer. Todo este preámbulo es poco conocido, pero indagar sobre ello puede develar acerca de la pérdida de vidas, los daños materiales en el medio urbano y rural zacatecano y los menoscabos militares de ambos bandos.

Puede ser revelador conocer el contenido de varios mensajes cifrados que emitieron los bandos en pugna en los días de aquella primavera-verano de 1914 y que se encuentran bajo resguardo de archivos históricos. También sería interesante que surgiera a la luz pública el documento relativo al plan de fortificaciones federal, el cual debió de elaborarse como indicaban los protocolos defensivos. Muy sugerente sería el tener conocimiento del parte de guerra de la batalla rendido por el general Luis Medina Barrón, principal mando de la guarnición huertista y que estaba obligado a dar cuenta de su derrota. Aspectos como la leva y la presencia de regimientos profesionales federales, los voluntarios revolucionarios de origen zacatecano, el armamento utilizado, las impedimentas, las pagas de la soldadesca y la economía de guerra que vivió la ciudad son susceptibles de revisiones de mayor fondo histórico.

No es de extrañar que con el paso del tiempo surjan nuevas fuentes de información como fotografías, documentos oficiales, cartografía, crónicas, cartas, diarios personales, hemerografía, material filmográfico, estadísticas, recuperar testimonios orales de testigos de la tragedia, e incluso en el ámbito de la arqueología histórica los hallazgos de armamento, restos de indumentaria y demás cultura material de la época, y habrá que decirlo, el estremecedor encuentro de restos óseos como pruebas más fidedignas de la hecatombe.

Muchas preguntas esperan su respuesta. Como saber en quién recae la responsabilidad de la pérdida del palacio federal, asimismo esclarecer la destrucción de La Ciudadela, de la estación del ferrocarril, las garitas, los polvorines y haciendas de minas adyacentes a la ciudad. Abordar los daños infringidos a templos como San Francisco, Mexicapan y San José, así como el edificio conocido como El Cobre, el observatorio meteorológico y el Teatro Calderón. Igual de importante es conocer más del acontecer de todos los integrantes de la sociedad zacatecana, quienes vieron trastocada su cotidianidad y vivieron múltiples riesgos, pero también con toda seguridad debió haber estado dividida entre los simpatizantes del huertismo o de la revolución.

Aquí se han planteado únicamente algunas cuestiones e incógnitas que posiblemente pueden ser atendidas con el paso del tiempo por los especialistas y estudiosos. Solo así se estará en la posibilidad de considerar que se cuenta con un buen conocimiento acerca de la batalla de Zacatecas acontecida en junio de 1914, uno de los grandes y predilectos temas en la historia zacatecana.

 

 

*Investigador, Sección de Historia del Centro INAH Zacatecas.

 

 

 

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