México hierve y no todo es Covid

México hierve y no todo es Covid

No disfruto tener el lugar del más fatalista del círculo cercano de mis amistades; creo que soy bastante objetivo, pero eso sí, muy pasional. Creo que cuando lo amerita sé anunciar, denunciar y reconocer los acontecimientos que pasan en mí país, pero tengo afortunadamente tantas amistades, aún más conocidos y muchos familiares que enriquecen mi vida, que es imposible sincronizar con todos, que de pronto de algún lugar por ahí me dicen “no seas tan fatalista”.

La pandemia pegó duró y al igual que todos, es un tema que me genera hastío y bastante preocupación, ya no asusta (como si fuera juego) a la sociedad que nunca supo estar a la altura de la circunstancia y que, dicho sea de paso, está siendo su propio verdugo en este y en otros temas. El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento ni de las responsabilidades que de ese desconocimiento emanen, así en la ley como en las decisiones de la vida, y ya sea por ignorancia o por negligencia, el país se bate entre elementos que están propiciando la creación de una tormenta perfecta.

Los números que arroja la estadística diaria nos dicen que no hemos llegado al pico de brotes de contagio y tampoco de muertes, diario o casi diario rompemos el récord del día anterior. La gente que se guardó en casa y que pudo hacerlo ha decidido no hacerlo más, confiados a lo que supondría el desconfinamiento gradual y lo que signifique la “la nueva normalidad”, las personas rehacen sus vidas con mínimas precauciones, como si el virus por arte de magia desapareciera, como si los muertos fueran inventados y como si nuestra autosuficiencia manifestada en el clásico y trillado “a mí no me va a pasar” (muy de mexicanos, por cierto), estamos contribuyendo a una catástrofe de dimensiones que se comienzan a calcular pero que aún no se tiene certeza de la misma.

La sociedad mexicana es un buen mole negro de Oaxaca, el mejor del mundo. El mole tiene más de 40 ingredientes y la sociedad mexicana es una de las mas diversas del mundo, lo que es en el norte no es en el sur, y para no sonar a las obviedades de las canciones de Arjona, debo decir que en un país tan grande y tan desigual, era prácticamente imposible coordinar y concientizar a la sociedad en torno al grave problema de salud pública por el que atravesamos con el COVID, con las agravantes históricas de la mala salud de los mexicanos y la lapidaria política pública desde hace años hacia el sector salud. Honestamente no se esperaban otros resultados, se hace lo que se puede con lo que se tiene, sin el apoyo de la gente ni si quiera para resguardarse. Por la calle diabéticos, hipertensos, fumadores, cancerosos y demás crónicos van y vienen jugando a la ruleta rusa esperando su turno.

Pero eso no es todo, el país hierbe y no solamente por la efervescencia del COVID, desde hace años el mal de males, que es la violencia del crimen organizado traducido en cientos miles de asesinatos no para, por el contrario, el crimen no cede un centímetro en los territorios bajo su poder y con la ausencia tutelar del Estado que se niega a reconocerla y se expande a nuevos territorios que se suponían en el pasado neutros o intocables, por el valor económico de estos, o por ser territorios neutrales porque ahí viven capos importantes de la mafia. El ejemplo más claro es el estado de Guanajuato, específicamente el corredor de los ductos de PEMEX por donde pasa la gasolina, y que abarcan gran parte del centro-sur del país, pero que a últimas fechas se concentran los grupos rivales en arrebatarse el territorio comprendido entre los municipios que quedan en medio de la carretera federal entre León y Guanajuato. Aunque todo el país es un cementerio y un campo d guerra en disputa por demasiados carteles de la droga, Guanajuato llama poderosamente la atención por ser un estado privilegiado en cuanto a ubicación, clima, economía, colindancias y hasta preferencias políticas, que lo llevaron a ser el centro del llamado “corredor azul del bajío”, tierra de bonanza para todos los empresarios que desearan emprender y que hoy es solo el reflejo de lo que pasa en el resto del país y que manda un mensaje desolador para todo México:
“Nada ni nadie es intocable para el crimen organizado”. ■

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