La juventud zacatecana frente a un pozo oscuro y sin esperanza

La juventud zacatecana frente a un pozo oscuro y sin esperanza

En México vivimos una gigantesca anomia social: una población con una cierta expectativa de consumo, pero sin los medios para tenerlo. Una sociedad que da los objetivos del bienestar, pero sin dar los medios para conseguirlo, produce ‘caminos alternos’ para obtener las expectativas prometidas. Esos caminos alternos son las diversas formas de la delincuencia. Los comportamientos delictivos no se deben a motivos internos de las personas: individuos malvados que disfruten haciendo daño a sus prójimos. Eso no ocurre. Son las circunstancias sociales las que producen anomias, que a su vez, se constituyen en fábricas de comportamientos delictivos. Por esa razón, la acción policial es una contención, pero no una solución al problema. La solución es el cambio de estructura social.

Y pues los cambios no ocurren. Toda la clase política: toda, navega entre la impotencia y la simulación. Gobiernos municipales, estatales y el federal no han logrado hacer alguna política que realmente disminuya el problema. Los jóvenes siguen muriendo como moscas capturados por los grupos criminales que hacen de ellos carne de cañón. Un ejército delincuencial de reserva, efecto de la falta de oportunidades. Es urgente que de una vez por todas el gobierno deje la simulación y ponga en marcha programas que realmente funcionen, que dejen de pensar en clave de elecciones y piensen en calve de soluciones.

El 66 por ciento de los jóvenes en este país tienen un trabajo precario. Esto es, hay trabajo con pobreza. Aquellos que piensen que tener trabajo salva de la pobreza están equivocados. Según el INEGI hay 418 mil 482 jóvenes de entre 15 y 24 años. Los cálculos indican que 62 mil 414 jóvenes en Zacatecas no estudian, ni trabajan; y de estos, 9 mil 202 forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA) pero están desocupados. El Instituto Mexicano de la Juventud estima que cerca de 152 mil jóvenes zacatecanos -de entre 15 y 30 años de edad- no estudian ni trabajan, lo que representa a 30 por ciento de la población total juvenil. En suma, tenemos un promedio de 30 por ciento de jóvenes en riesgo de actividades fuera de la Ley. Es una cifra muy alta. Para el caso de la Zona Metropolitana estamos en un aproximado de 53 mil jóvenes en estado de riesgo.

Si hay más de 50 mil jóvenes metropolitanos con posibilidad de formar parte del ejercito delincuencial de reserva, ¿qué detiene a los grupos delictivos de usarlos de carne de cañón? Nada: son desechables. Mientras, el gobierno federal con la misma lógica de la estrategia anterior, el gobierno estatal nadando de muertito con programas de prevención sin impacto y abandonando los que sí funcionan, y los gobiernos municipales invadidos y atemorizados por los delincuentes. Crisis sanitaria, económica y de seguridad juntas. Estamos en medio de una espiral descendente del bienestar. Caemos en un pozo oscuro y sin esperanza.

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