Stop Covid: las caras del enemigo

Stop Covid: las caras del enemigo
Las variaciones alrededor de las mil caras del Coronavirus, terroríficas o ridículas, se han apoyado sobre el método de la humanización ■ FOTO: CORTESÍA

■ “El humor en tiempos del Corona: 40 imágenes para una cuarentena”

 

Las catástrofes imprevistas que nos confrontan a la angustia de una falta de sentido, provocan la aparición de narraciones inmediatas que intentan reinsertarlas en una relación de causalidad.

La metáfora militar aplicada al ámbito médico es un recurso explicativo inscrito dentro de una larga tradición. En el siglo XVI se impuso la idea de que la enfermedad la causaba un cuerpo extranjero contra el que había que “combatir”.

La reciente irrupción del Coronavirus ha entrañado el uso de una metáfora guerrera, asumida explícitamente por ciertos jefes de Estado (como Macron o Trump), pero también por un gran número de expertos, relevados por los medios de comunicación, a veces por cierto para denunciarla.

Esta metáfora militar se ha estirado ampliamente para darle sentido a una situación totalmente nueva, tomando prestado un modelo histórico del siglo pasado: enemigo al que vencer (virus), frente de combate (hospitales), combatientes (personal médico, trabajadores…), armas (mascarillas, medidas de protección…), Estado Mayor (gobiernos).

Pero esta vez el enemigo no tenía cara. Los virus y microbios, “seres ínfimos” (Kyle Harper), operan de manera impalpable dentro de la escala de percepción del ser humano. Para que estos adversarios sean tangibles, los especialistas han aportado imágenes obtenidas gracias a microscopios muy potentes, mostrando así su particular aspecto circular con forma de corona (“Corona”) que le da nombre.

Estas representaciones han sido rápidamente objeto de distorsión humorística. Las variaciones alrededor de las mil caras del Coronavirus, terroríficas o ridículas, se han apoyado sobre el método de la humanización.

La imagen elegida para el día de hoy es la del virus, modificado digitalmente y transformado en uno de esos “bonachones” que dibujan los niños, y que a menudo a parecen como personajes en las películas de animación.

Más allá de la voluntad de querer trasladarnos al universo de la infancia, el humor se sustenta aquí sobre la expresión contrariada del virus, decepción que el comentario explica de este modo: “ El Coronavirus, cuando sale en público y no hay nadie”. El temible enemigo que a priori debiera ser el “malo” se percibe aquí como una pequeña criatura inofensiva con la que casi empatizamos y a la que casi nos gustaría consolar.

Esta forma de reapropiación carnavalesca nos traslada a una función del humor identificada por Freud como mecanismo de defensa contra el dolor “[él] parece que diga: ‘¡Mira, este es el mundo que te parecía tan peligroso! ¡Un juego de niños! ¡Lo mejor es pues, bromear!’”…

Mañana: Stop Covid: Llevar la mascarilla.

*Catedrática de Artes Visuales en la Universidad Sorbona

**Traducción del francés por Jordi Macarro: Stop Covid: Les visages de l’ennemi

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