José María Riba apasionado impulsor del cine en español

José María Riba apasionado impulsor del cine en español

La Gualdra 431 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

 

 

El 1 de mayo falleció José María Riba. Quizás el nombre así de golpe y a primera vista no diga o suene mucho. No es como decir que murió Gael García Bernal o Jaime Rosales; y, sin embargo, sin Riba esos dos nombres no delinearían la cinematografía hispanoamericana en el mundo.

José María Riba era el artífice de la proyección del cine español y latinoamericano tanto en Francia como en varios países hispanohablantes. Fue programador del Festival de San Sebastián y fundador de la plataforma Cine en Construcción, entre dicho festival y el de CineLatino de Toulouse. Fue Delegado General de Semana de la Crítica en Cannes. Era el asesor de programación latino y español en el Festival de Cannes. Fue asesor también de los festivales de Morelia y Ventanas Sur (Argentina). Además, fundador -junto con Laura del Sol- de la asociación Españolas en París (para la difusión del cine ibero) y del Festival Different! El otro cine español; así como colaborador de encuentros académicos en el seno del Instituto de Estudios Hispanoamericanos de la Sorbona. Y es aquí en donde entramos. Nos reunimos cinco colegas para escribir unas notas en su memoria.

 

 

José María Riba y la Sorbona: cariñoso, eficaz y fiel aliado para la defensa del cine español en París

[Nancy Berthier, catedrática de artes visuales en la Sorbona]

Nos conocimos en París al principio de los 2010 en una de las alegres fiestas que solía organizar Españolas en París después de los pases de películas. Una amiga común, Véronique Pugibet, quien conocía nuestras pasiones respectivas por el cine, nos presentó y quedamos en volver a vernos.

Hacía algún tiempo que yo frecuentaba los eventos que José María organizaba en torno al cine español. Era un auténtico lujo poder asistir en la capital al estreno de las películas con sus equipos. Fascinaba su capacidad para conectar con el público en las presentaciones de películas que transformaba en auténticos performances. Moderaba los debates con un sentido extraordinario del ritmo, pasando con una impresionante facilidad del francés al español, traduciendo con una calidad exquisita las sutilezas de ambos idiomas, sin dejar de hacer comentarios tan inteligentes como jocosos. Los invitados lo pasaban muy bien y el público quedaba conquistado; yo la primera.

A los pocos días de habernos conocido, vino a verme en la Sorbona, con su moto y su sonrisa. Nada tardamos en decidir que íbamos a cooperar en la promoción parisina del cine español; él desde la profesión y yo desde la universidad. Ambos obviamente desde la pasión.

Me acuerdo de lo importante que fue para él uno de los primeros eventos, con Alex de la Iglesia. Invitado por Españolas en París para el estreno de Las brujas de Zugarramurdi, el cineasta dio una brillante master class en el anfiteatro Richelieu abarrotado, en donde se codeaban colegas y estudiantes nuestros, jóvenes alumnos de institutos, cinéfilos, hispanófilos y fans. Eso le encantaba a José María, que se mezclaran los públicos; también que el cine español fuera estudiado y valorado, no solamente visto.

Con los años, desarrollamos una cooperación regular, concretada en particular por una colaboración anual con el Festival Different! El otro cine español, la gran fiesta de fin de año del Festival Españolas en París. Con los colegas, organizábamos eventos sobre temas relevantes para el cine contemporáneo. Celebrados en el salón de actos de la Sorbona, eran abiertos al gran público mientras nuestros investigadores iban a ver las películas de Different! El intercambio resultaba apasionante. El primero de ellos reunió a profesionales del cine y académicos sobre el tema de la resistencia, clave de ese cine “diferente” que promovía la asociación.

El mismo José María era un resistente. No era nada fácil defender la diferencia y darle un lugar al cine español en París donde tenía que competir con tanta oferta cultural. No era fácil hacerlo desde una asociación sin afán de lucro que cada año tenía que buscar los apoyos económicos para hacerlo. No era fácil con unos presupuestos escasos, hacerlo a lo grande. Pero lo conseguía. Rodeado de un equipo entusiasta, con Laura del Sol, la presidenta; Eva, su esposa; Luna, su hija; e Isabelle Burón, periodista, hacían milagros. Y cada evento se planteaba con un fundamental sentido de la fiesta: vino español, chorizo, tortillas, alegraban las proyecciones en aperitivos gigantes en los cuales el público convivía con cineastas, actrices y actores.

Para el centenario del Instituto de Estudios Hispánicos en 2017, dimos un paso más organizando la celebración de un premio excepcional de cine Sorbona en el marco de Different!, otorgado por un jurado compuesto por estudiantes y colegas. Lo recibió Carla Simón para su película Verano 93. Gustó tanto la fórmula que se repitió en 2018 y 2019.

El último evento que coorganizamos fue con Oliver Laxe, ganador del premio de la edición 2019, para O que arde, y pronunció una deslumbrante master class en febrero de 2020 en el Instituto de Estudios Hispánicos delante de un público fascinado y numeroso. 2020 iba a ser un gran año para nuestra cooperación ya que en el marco de la invitación de la Sorbona a Pedro Almodóvar para entregarle el Doctorado Honoris Causa, José María tenía prevista una proyección al margen del acto oficial, para que “su” público, el gran público, pudiera beneficiarse de tan importante evento. Luego, en noviembre de 2020, para el homenaje a Carlos Saura que nuestro equipo de investigación había previsto celebrar con un congreso internacional, José María iba a cooperar con la organización de una mesa redonda de actrices. El destino no quiso que presenciara estos dos homenajes al cine español a través de dos de sus grandes figuras… Le echamos de menos, tremendamente.

Por todo eso, y todavía más, le agradezco de todo corazón, en mi nombre y el de nuestros colegas y estudiantes por su presencia sonriente y acogedora, por su sentido del humor, por su increíble humildad, por su capacidad mágica para lograr que las cosas se hicieran, costara lo que costara; pero, sabemos que nos seguirá apoyando desde donde esté.

 

 

Querido José María:

[Véronique Pugibet, profesora investigadora de artes visuales en la Sorbona]

Permíteme escribirte una carta en primera persona porque me hace ilusión pensar que muy pronto vas a contestar o incluso acudir a una mesa redonda, un encuentro. Nos conocimos en los años setenta junto con un grupo de amigos latinos aficionados al cine. Luego nos perdimos de vista, pero gracias a los azares de la vida nuestros caminos se volvieron a cruzar.

Tus calidades profesionales eran deslumbrantes. Tenías un talento de traductor-intérprete fuera de serie. En tu libreta apuntabas quién sabe qué de las largas intervenciones de los oradores sin interrumpirlos, proporcionando luego en tu restitución uno que otro chiste, un complemento de información para que el público pudiera saborear plenamente la aportación de los locutores. Tenías ese don de la comunicación y te preocupaba transmitir. Así me explico la creación de Españolas en París: dar a conocer un cine distinto. Apostabas, pero acertabas. En el marco de ese festival, tomaste en cuenta a los escolares sabiendo que, formando al público desde temprana edad, cuando fuera mayor apreciaría, sería potencialmente curioso y crítico. Recuerdo así la proyección de La jaula de oro, con Quemada-Díez y sus actores en el Majestic Passy, lleno de alumnos, profesores y estudiantes de la Sorbona. Cuando los actores empezaron a bailar hip-hop, los alumnos no dieron crédito, pero pronto empezaron a marcar el ritmo vitoreándolos. Habías logrado una hermosa sinergia.

Te agradezco tu participación con Diego Galán, tu querido amigo, en una jornada que había organizado (2013). Es que tenías tantos contactos e ideas que era una maravilla colaborar contigo. Tu gran profesionalismo, tu bella persona sumamente generosa, tu formidable sentido del humor y tu carácter apasionado se combinaban con una gran humildad y discreción. La prueba es que me ha sido imposible hallar fotos de ti entre todos mis archivos. ¡Qué pena! Descansa en paz, amigo.

 

 

Encuentros casuales con una figura clave del cine en español

[Sergi Ramos, profesor investigador de cine en la Sorbona]

Conocí a José María Riba hace muy poco tiempo, apenas cuatro años. Con la asociación Españolas en París, él organizaba una edición Júnior del Festival Different!, para que los jóvenes de los institutos franceses pudieran ver cine en español, y había establecido ya unos sólidos contactos con la universidad de la Sorbona a través de mi compañera de universidad, Nancy Berthier. Los dos me propusieron que organizáramos una charla para los estudiantes con Marc Recha, el director catalán que acababa de terminar su película Un dia perfecte per volar, interpretada por su joven hijo Roc. Nos citamos en La Bonbonnière, un café que está en la esquina de la universidad, y cuando llegué los tres estaban ya allí. José María charlaba animadamente con Roc, gastándole bromas, y Marc le llamaba con amistosa sorna l’avi (“abuelo”, en catalán). Fue la primera vez que lo vi en persona. La charla con los estudiantes se impregnó de ese ambiente de familia inventada con el que me había encontrado al entrar en el café.

Poco sabía entonces del recorrido profesional de José María. Aquel mismo año me lo volví a encontrar en el Festival de Cannes, que estaba cubriendo por primera vez con Carlos Belmonte. Mayor fue mi sorpresa cuando, unos meses después, volvimos a cruzarnos con él en el Festival de Cine de Morelia. Ya no podía ser solo casualidad. Apenas unas pocas horas después de que yo aterrizara en México, se había producido uno de los acontecimientos políticos más traumáticos en la España de los últimos tiempos, que me afectaba de manera muy íntima: la brevísima y fallida declaración de independencia de Catalunya, a finales de octubre de 2017. José María tenía orígenes vascos y catalanes, y con él comentamos la situación política, pero lo que parecía preocuparle más era qué repercusiones iba a tener para la ya frágil industria del cine española y catalana.

Como decía, poco a poco fui descubriendo que esos encuentros repetidos iban más allá de la casualidad. Me fui enterando de que había sido programador en el Festival de San Sebastián, donde había participado en el nacimiento de Cine en Construcción (un programa que apoya las coproducciones de cine latinoamericano), que había sido delegado general de la Semana de la Crítica en Cannes y que, desde hacía ya algún tiempo, era la pieza clave para seleccionar qué cine en español llegaba a ese festival, abriéndole la puerta del mercado internacional. Con él, pude participar en la organización de otros encuentros entre realizadores y estudiantes, y colaborar como miembro del jurado del premio Sorbona con el Festival Different!, el único especializado en cine español en París, que también servía de plataforma para montar nuevos proyectos y facilitar la distribución del cine español en Francia. Se me quedaron, sin embargo, en el tintero muchas preguntas que hubiera querido hacerle como investigador de cine, y que me hubieran ayudado a entender hasta qué punto José María Riba contribuyó a modelar la imagen del cine español y latinoamericano que se hace y se ve hoy internacionalmente. Pero ahora, al hacer memoria, las imágenes que surgen con más fuerza son las de l’avi.

 

 

Gracias, Jose (sin acento)

[Alejandro Izquierdo, doctorante de la Sorbona y crítico de cine]

Jamás lo había recordado de esa manera, pero a principios de diciembre 2007, luego del Festival de Huelva, vine a París. Y conocí a una de esas personas que te recuerdan darle gracias a la vida. Entre otras cosas tenía el proyecto de un programa de radio sobre cine en Venezuela, y Mima Fleurent me puso en contacto con José María Riba. Lo entrevisté en el Café Daguerre donde por primera vez estuve expuesto a su respirar cinematográfico, porque ciertamente “Jose” lo que respiraba y transpiraba era cine. Y ello lo hacía con generosidad, humor, y al mismo tiempo con una modestia y una humildad como pocos. Atención, si era necesario un “tate quieto”, también allí era un experto.

Españolas y el Select, a veces con sus perros, en Montparnasse, se convirtieron en un lugar de rencuentro entre idas y vueltas Caracas-París. Le consultamos sobre dónde podíamos ir con Lo que lleva el río, filme de Mario Crespo y llegamos al Festival de Berlín. Más vueltas de la vida, siempre en su rol de promotor cinematográfico, en el marco del Festival Different! El otro cine español, encuentro anual del “otro cine español”, hicimos equipo en la Sorbona para coordinar con Nancy Berthier una jornada de estudios, “Cine en resistencia, el cine iberoamericano”. Los académicos tuvimos la oportunidad de escuchar la palabra de los profesionales de la industria, productores, distribuidores, exhibidores y críticos del cine de España y América Latina, provenientes del siempre disponible para quien lo necesitara “carnet de direcciones” de José María.

Gracias a su invitación ya son cuatro años de enriquecedoras vivencias en los Premios Lumières. Larga es la lista de virtudes que podría compartir de este maestro y compañero sobre las cuales hay un consenso total. Pero sé que eso no le gusta y se incomoda. Simplemente diré: gracias, harás mucha falta.

 

 

Riba sin aspavientos, gracias por todo

[Carlos Belmonte Grey, profesor investigador de cine Universidad de Evry y UDG]

Para mí ya eran siete años tratando con Riba. Ya mucho lo han dicho mis compañeros arriba. Solo quiero manifestar mi admiración por quien era el hombre más influyente, o quizás hasta el filtro, del cine latinoamericano en Europa; y todo esto asumido sin un solo aspaviento. Solo era generosidad. Y vuelvo al ejemplo de Gael García Bernal: hace un año, Riba y yo estábamos sentados -me ayudaba con una programación- en la sala de Soixantième en el Festival de Cannes; el actor mexicano iba a presentar a su película Chicuarotes y al entrar a la sala se acercó para saludar a Riba y decirle frente a todos sus acompañantes “Gracias a él, nosotros llegamos a Cannes. Gracias a Riba llegó Amores perros al mundo”.

En muchos proyectos me ayudó, en programaciones para la Universidad de Guadalajara. Pero lo más reciente, y que me sigue impresionando, fue el acuerdo para colaborar entre la Universidad de Evry y las proyecciones de Españolas. Mis alumnos deberían ir para interpretar las charlas entre el público y los equipos de las películas (directores y actores). Para él interpretar era natural, pero para otros es un suplicio; para alumnos de 22 años aprendiendo español toparse con una sala de cine de más de 200 personas, y el talento al lado, es una prueba de sudor a chorros. Y a pesar del riesgo de dejar el encuentro a los jóvenes se atrevió a hacerlo: luego, tras la proyección, a más de uno lo hizo llorar por las reprimendas, pero les hizo perder el miedo al escenario. Siempre tenía Riba días de más de 24 horas. Gracias.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_431

 

 

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