Primero los Pobres

Primero los Pobres

I pledge you, I pledge myself, to a new deal for the American people.

Franklin D. Roosevelt

Que el presidente establezca canales de comunicación y colaboración con los Poderes de la Unión y con los Organismos Autónomos (Banco de México) en pos del bien de la nación, no implica vulnerar la autonomía de dichos organismos. Las resueltas declaraciones hechas por Andrés Manuel en las conferencias mañaneras ponen en guardia a quienes que no queremos un nuevo FOBAPROA.

Al final, cada uno toma sus propias decisiones y cuenta con su patrimonio, o al menos eso se esgrime en el “trato entre privados” que ofrece el BID. Lo cierto es que la situación actual de México, máxime en medio de la crisis por la pandemia, exige honestidad, eficacia, cooperación y austeridad de parte de los dirigentes de las instituciones del estado mexicano.
El lunes pasado en su conferencia mañanera el presidente López Obrador, de manera respetuosa, exhortó al Banco de México: “…desde luego, pensamos que ya es tiempo de cambiar el modelo neoliberal, lo que está pasando en el mundo es una crisis de ese modelo…” con el objetivo de proteger los recursos del BM, que es dinero de todos los mexicanos.
La iniciativa privada, por medio del Consejo Mexicano de Negocios, pidió la anuencia de la SHCP y Secretaría de Economía, para la adquisición crédito de 12 mil millones USD a través del Banco Interamericano de Desarrollo, supuestamente para apoyar “las cadenas productivas del país”, específicamente para micro y pequeños negocios.

La propuesta de rescate resulta sospechosa, pues la base real reside en un endeudamiento que se dice “sin aval del gobierno”, aunque la historia reciente de México y de cualquier “fiesta financiada” nos ha enseñado que pase lo que pase, alguien termina pagando los platos rotos, hay que perdonar la duda: ¿será verdad que los acreedores serán las micro y pequeñas empresas y que efectivamente la IP asumirá el pago con total solvencia?
El BID, no lo olvidemos, es un organismo privado, en su haber operan márgenes de ganancias y aquellos acentos propios de los negocios privados, de manera que le resultará difícil a cualquier hijo de vecino no sospechar que algo se mueve bajo la manga cuando mi banco de nómina me llama para decirme que tengo un préstamo pre aprobado con una muy atractiva tasa de interés. Pero vamos a la médula: la nueva política económica no busca reproducir el esquema Elektra o Coppel, la distribución de la riqueza, debe ser, de origen , equitativa. La propuesta de AMLO de apoyar a los pobres se ha mantenido en total congruencia desde que fue anunciada hace dos campañas.

Un país que se precie de gastar su presupuesto con una visión de Distribución Equitativa de la Riqueza, a fin de reducir los índices de desigualdad (ruta política opuesta al neoliberalismo) debe establecer prioridades en la asignación del presupuesto con miras a que las clases más pobres sean los principales beneficiarios de la aplicación de determinados programas o políticas públicas; además debe transitar en contra del esquema de socialización la deuda pública y privatización de las ganancias de empresas estatales. Haciéndolo sencillo: los programas sociales de la 4T tienen más parecido a los ingresos básicos universales de las socialdemocracias nórdicas que a los planes de reactivación económica que proponen los bancos.
Si el país no arrastra deuda y las actividades esenciales pueden continuar, y esto es un asunto de mera lógica: la reactivación económica será más sencilla. El New Deal de Roosevelt priorizaba la protección de las capas más pobres de la sociedad, es ahí donde se sitúa la base productiva, la fuerza de todos los países, si tal fuerza revienta, no hay nada más qué hacer. Esta lección de lógica (de infamante socialismo) es la que varios países no pudieron escuchar porque su sistema médico estaba totalmente privatizado.

Gobernar para todos significa tener en mente esta cadena económica, dado que la alta IP vive en un mundo totalmente abstracto, lejano a las realidades de la clase trabajadora, misma que puede hacer crecer o mermar los ingresos reales de un país. No hace falta ver los porcentajes de distribución de riqueza para saberlo, nos encontramos en un país profundamente desigual, donde más de la mitad de los ciudadanos no tienen los recursos para afrontar una cuarentena sin trabajar. Ahí es donde el gobierno de la 4T prioriza el mayor bien para el mayor número, que, sin duda, con disciplina fiscal y decisión, las medidas retribuirán pronto y coincidirán con ciertos rebotes provechosos del mercado, entre ellos el del petróleo.

El objetivo de fondo en el esquema de rescate económico de la 4T es priorizar a la asignación de apoyos a clases pobres para reactivar el consumo y dinamizar la economía, así, de forma progresiva se podrán dispersar más apoyos a las clases medias, estos beneficios, por efecto natural, llegan al consumo global, del cual son beneficiaras grandes empresas. Partamos del principio: gobernar para todos.

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