Pandemias, mentiras y video

Pandemias, mentiras y video

Ante una pandemia, producida en poblaciones humanas por un agente nuevo (virus, bacteria, hongo), la estrategia debería de ser “evolucionista”. Es decir, así como el agente infeccioso tiene la capacidad de mutar, los medios de combatirlo han de ser adaptativos porque, en toda estrategia científica, existe un canal de realimentación que permite, ante la emergencia de nuevos datos, un reajuste del planteamiento. Pero desde el punto de vista político, que no debe perderse de vista, cualquier reajuste es visto como debilidad o incapacidad de definir una ruta adecuada para salir del problema. En rigor, ante la aparición de algo nuevo no se sabe qué hacer, así que el desconcierto es natural, los errores serán abundantes y habrá muchos intentos fallidos. Los gobiernos, al menos en las democracias occidentales, están en un constante juego de suma cero, en el que cualquiera de sus errores es aprovechado por sus oposiciones para defenestrarlos, lo que complejiza el problema, porque se trata, también, de salir con la credibilidad a la alza. Del texto de 1974 “An Introduction to Quatitative Ecology”, por Robert Poole, tomamos una cita: “A pesar de la obvia importancia de los organismos infecciosos como factores de morbilidad, realmente pocos estudios cuantitativos de epidemias en poblaciones de plantas y animales, aparte del ser humano, han sido desarrollados. Quizá sea debido a las formidables matemáticas involucradas”. Es claro, entonces, que una pandemia es un proceso dinámico que involucra factores sociales, económicos, políticos y biológicos que resultan manejables solo a través de un modelo matemático.Sin embargo no son solo las complejas matemáticas lo que impide que se desarrollen esos estudios, sino también la poca relevancia que, fuera de los eventos de pandemia, les encuentran los políticos como medio para incrementar su caudal de votos. De acuerdo a Gustavo Cruz (El Financiero, 11/03/2020) el modelo matemático determinista que se usa como base es el de Kermack-McKendrick, desarrollado en 1927, y sobre el que existe una extensa literatura (Véase Fred Brauer “The Kermack-McKendrick epidemic modelrevisited” Mathematical Biosciences #198 (2005)). Del análisis del modelo referido se desprende que puede predecir las condiciones de inicio de la pandemia a partir de la estimación empírica de la “densidad de transición”. También se sigue, del parámetro denominado “razón de contacto”, que entre más pequeño sea más lenta es la diseminación. Enfaticemos: más lenta, no se puede detener a menos que la razón de contacto sea nula. Entonces se instrumentan una serie de políticas públicas orientadas a disminuirla, como los decretos en varios Estados de México que prohíben las aglomeraciones de personas y bajan la capacidad de funcionamiento de varias industrias, así como concentran recursos en los sistemas de salud. Aquí vale una cita de Alain Badiou: “Demos crédito, incluso y sobre todo confinados únicamente a las verdades verificables de la ciencia y a las perspectivas fundadas sobre una nueva política” (véase www.lavoragine.net/sobre-la.situación-epidémica). Sin embargo las verdades verificables de la ciencia concluyen en la necesidad de implementar el aislamiento, la política comienza ahí donde los tiempos deben administrarse porque, en fin, la estrategia del confinamiento equivale a imponer, desde el Estado, una recesión económica y enfocar los recursos al único fin de controlar y administrar los decesos. Desde el punto de vista de la teoría política una epidemia exige la implementación efectiva de la soberanía estatal, y en este punto yerra Byung-Chul Han (El País, 22/03/2020) al creer que la operatividad de la “vigilancia digital” es algo distinto a la afirmación de la soberanía. De hecho, la vigilancia digital, el manejo de gran cantidad de datos personales para poder ubicar (espiar)a cualquier ciudadano en el momento necesario, es la afirmación de la soberanía desde la atalaya de la alta tecnología. Lo que el filósofo surcoreano reflexiona desde Berlín, el “Estado policial digital”, es el diseño de última generación del panóptico de Bentham, que es una manera de establecer la soberanía del Estado hasta el más íntimo nivel.Contrario al pensar de muchos, que no pueden sacudirse los ademanes de la filosofía kantiana de la historia y sucumben bajo el peso de la teleología del “Estado cosmopolita”, lo que vemos en tiempo histórico es la coordinación precisa entre economía globalizada y gestión nacional del aislamiento. Tal coordinación se nota en lo siguiente: si hubiera un único Estado mundial, la estrategia evolutiva para adaptarse a la pandemia se desplegaría en el tiempo, mientras que sin hay muchos Estados nacionales tal adaptación se despliega en el espacio, es decir, no es un único Estado centralizado el que trata de adaptarse al virus, sino muchos desperdigados por el mundo intentando diferentes estrategias que se benefician de los éxitos y fracasos del resto. Por su parte la economía globalizada, próxima a una recesión resultado de la estrategia del aislamiento, manifestará esa crisis no como el derrumbe de un sistema único, la fantasía preferida de los marxistas rancios, sino como crisis particulares de diversa intensidad en los diferentes países, por lo que aunque en algunos de ellos la situación tome tintes dramáticos, en otros no será así. La presente pandemia de covid-19 no es indicio del fin del mundo, a lo mucho del fin de algunos de nosotros. ■

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