Nach: Silencios vivos

Nach: Silencios vivos

Rap y poesía. Parece algo muy lejano de cualquier realidad teórica literaria. Pero, vamos, es que hasta hace algunos años la literatura no era más que un montón de aburridos tratados; y si querías salirte de ahí nada más no aprobabas la materia, te quedabas. Al menos era la óptica de ese momento en la retrograda y distorsionada realidad académica. Eran los tiempos de las batallas contra los cuadrados, las teorías y los autores disimuladamente permitidos o no.

No han cambiado mucho las cosas desde entonces a mi juicio: esa misma academia ahora se empeña en perseguir las tradiciones literarias lo mismo que el perro persigue el pedazo de carne en las carreras de perros y se quedan encerrados en casa, en el jardín, en el garaje, intentando morderse la cola.

Sin embargo, hay editoriales que le apuestan a propuestas poéticas de raperos que en algún momento deciden hacer poesía como una forma más de expresarse. Escribirla, se entiende, en lugar de cantarla. Aunque no sé mucho del tema, porque nunca he sido rapero, y mucho menos poeta (una actividad que al menos no pretendo ser en esta vida), sí me queda claro que si bien las dos actividades se relacionan y van de la mano, cada una tiene su propio campo de batalla, de acción, sus propias reglas, su propio cosmos narrativo, su propia circunferencia y sus propias estructuras.

Es el caso del rapero español Nach.
Búsquenlo en cualquier plataforma musical. Vamos a esperar unos cuantos segundos a que lo hagan… ¿Verdad que su fotografía, la de su rostro, es la de un hombre que parece muy sabio, como si trajera un montón de lecciones bajo esa mirada que parece de maestro de budismo zen? Para fortuna nuestra no es así y lo que menos busca Nach es la presunción de una falsa sabiduría anodina. Lo anterior se ve reflejado en las letras de sus canciones y también en los poemas que conforman lo que hoy nos trae por aquí, su último poemario: “Silencios vivos” (Planeta 2020), un poemario que se lee, pero que también se canta, y no porque Nach lo haya concebido así desde el inicio, sino porque en cada uno de los poemas se cumple aquello que Octavio Paz le pide humildemente al poeta en “El Arco y la Lira”: que contara, sí, pero también que cantara, y así nuestro Nobel se refería a que en la poesía es indispensable el equilibrio (tomado del péndulo poético de Paul Valéry) entre la musicalidad del verso, que se consigue a través de la métrica y del ritmo, y la narrativa que se desprende de los recursos retóricos de los que se valga el poeta para construir (y deconstruir) imágenes, metáforas, comparaciones, anáforas y todos aquellos hermosos y laboriosos fenómenos que hoy en día han quedado casi en desuso porque los jovencitos confunden la poesía con los traumas, los poemarios con las sesiones terapéuticas, el hermoso arte de escribir con dejar de tomarse sus pastillitas. No, no se asusten, Nach ya es grandecito, no es su caso. Veamos…

El verbo. En el principio de los tiempos. En cada uno de los poemas que conforman “Silencios vivos” prevalece la inquietud del verbo: se mueve, atraviesa distintas zonas. Algunas más oscuras que otras (y Nach escribe desde la oscuridad). Algunas más luminosas que otras (y Nach escribe desde la luminosidad). Pero siempre a partir de la raíz del verbo como piedra angular del poema. De su precisa conjugación. De lo que nos dice. El significado de la vida (“vivos”) se representa simbólicamente a partir del desarrollo de los verbos: “Dicen que los solitarios hablan de las cosas” (pág. 41). Así sea que la vida traspase de manera impertinente la finitud, nuestra contradictoria mortalidad: “La magia no muere, / solo eres tú / que te transformas” (pág. 38), porque el eje sobre el que Nach escribe “Silencios vivos” por momentos se plantea desde polos opuestos: juventud, madurez y vejez; vida y muerte; alegría y tristeza; sensatez y desdicha, de tal forma que como segundo elemento, una vez expuesto algunos ejemplos de los verbos, por supuesto que ustedes van a encontrar más, podríamos agregar esta dicotomía semántica que en mucho nos recuerda al principio de los tiempos, al origen de la civilización, a la creación de los mitos y a la función que desempeñan en todas las sociedades en cuanto que sirven para interpretar el mundo.

Para leer a un rapero que escribe poesía debes cumplir un requisito: liberarte de los prejuicios literarios que te han impuesto en la escuela, en la academia, en las revistas especializadas (si es que aún quedan), con los profesores de literatura, en las antologías cuadradas de poesía, y en toda esa bola de ratoncitos de biblioteca que quisieran convertir la poesía en una herramienta sectaria que les permitiese ser diferentes a los demás para así alcanzar una popularidad y una fama que no han tenido ni tendrán y ser un poquito más normales de los que les dice su psicólogo que no son. Y es lo que te pide Nach.

En España son varios los raperos que han sacado libros de poesía, supongo que en México también hay raperos que tienen sus publicaciones, sin embargo, también sé que son mucho más difícil las condiciones editoriales, aunque aquí cabe aclarar un punto que se da tanto en España como en México: a los raperos no se les toma con seriedad. ¿Así que tú eres rapero, chico?, venga, en serio, búscate un trabajo de verdad. ¿Así que tú haces rap, chico?, ¿y crees que eso es escribir? En una de sus canciones, el rapero español Chojin dice que siempre que acude a alguna presentación se le presenta con algún otro nombre, pero nunca como rapero. Comunicador es el más empleado. Pero rapero… ¡vamos!, es como si la sola palabra no tuviese la seriedad posible, como si ser rapero no fuese una profesión sino un hobbie, algo así como ir al gimnasio por las tardes, armar rompecabezas los sábados al medio día… ¿un trabajo?, ¿en serio?, pero si raperos son esos que se suben con sus bocinas al Metro y empiezan a hacer unos sonidos medio raritos con la boca.

Supongo también que lo saben quienes se han dedicado al rap en México, y me consta que son miles, un abrazo solidario y respetuoso a ellos y a su trabajo. Me gusta pensar que Nach también les manda un abrazo desde “Silencios vivos” y una gran lección: habrá quien no guste de su trabajo poético y quien prefiera las letras de sus canciones, pero hablamos de uno de los raperos más importantes de la escena española con más de cinco discos publicados (estos números en la música del rap no son tan fáciles, créanme).

Dense una oportunidad los que no conocen para nada el trabajo de Nach. Los que ya lo conocen en el trabajo musical seguramente les resultará familiar muchos de los poemas de “Silencios vivos”, permanece mucho del tono poético de sus letras incluso cuando, como ya hemos señalado, se trata de dos géneros distintos.

Los que se acercan por primera vez y llegan directo a su propuesta poética pueden luego acercarse a su propuesta musical y admirar uno de los fenómenos artísticos más hermosos: cómo las distintas disciplinas se complementan cuando existe la pasión, la voluntad y el trabajo de quien se esconde tras de ellas, del creador, en este caso de Nach y sus “Silencios vivos”. ■

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