El adversario

El adversario

En el mes de mayo de 2020 se renovaran el comité ejecutivo del SPAUAZ y la administración central de la UAZ Aunque muchos universitarios asumen que el sindicato es una oficina de la rectoría se equivocan: son dos instituciones diferentes con objetivos muy distintos. La universidad persigue, desde el punto de vista de su Ley Orgánica objetivos muy precisos que poco, o nada, tienen que ver con los declarados en los Estatutos del gremio de docentes. Sin embargo, desde hace unos años, el fin explicito de la acción de la rectoría consiste en volver manejable la deuda que tiene contraída con sus mismos trabajadores, lo que resta importancia a otros problemas generales de la institución. Si analizamos algunas de las respuestas intentadas por la administración para tratar el problema financiero apreciamos que constituyen una política de recortes, tanto de personal como de derechos. Si bien no prosperaron, sí permiten apreciar que el comportamiento del sindicato, en particular, de su comité ejecutivo, deja mucho que desear. Y debemos enfatizar: comportamiento del comité ejecutivo, que se arroga una representación que no le corresponde debido a la política que sigue de desahuciar las instancias colegiadas de decisión con el fin de centralizar y controlar la acción de los agremiados.Resulta entonces de vital importancia el proceso de renovación, ante el cual, piensan muchos, las oposiciones deberían actuar unidas. Nos gustaría explicar porque creemos que esas oposiciones no tienen condiciones para agregarse y aparecerán, al menos cuatro candidaturas. La razón de fondo son los errores en el proceso de toma de decisiones inducidos por una equivocada representación del ambiente universitario, lo que implicará que los distintos actores tratarán de reducir la contingencia de la situación aferrándose al tipo de información a la que dan mayor credibilidad para normar su acción, lo que conducirá a su fragmentación. Pero vamos por partes. Desde el punto de vista sociológico fue Robert K. Merton el primero que realizó un análisis científico de las consecuencias no deseadas de las acciones intencionales (Véase: “TheUnanticipated Consequences of Social Action” American Sociological Review v.1, #6 (1936)). Identificó cuatro fuentes de ellas. La primera es la inestabilidad de la situación, que impide utilizar el conocimiento previo como guía. El error en alguna, o todas, las etapas del proceso de decisión es la segunda. Una tercera es “la imperiosa necesidad de saciar el propio interés” que nubla el juicio, mientras que la cuarta es el uso de predicciones públicas que, por pasar a ser parte de la situación social, la cambian.Analicemos cada una. Que la situación de la universidad sea inestable en relación a los grupos políticos que la pueblan es falso. Debido a la corporativización y manipulación de los docentes a través de doctrinas falaces, así como del reparto selectivo de “derechos contractuales” y la contratación por honorarios, la alianza de grupos dirigentes detenta un tercio de la votación total, como se demostró en el reciente plebiscito del SPAUAZ. De los otros dos tercios uno corresponde a aquellos que nunca participan, y que de nuevo no lo harán en está coyuntura, y otro a las oposiciones.Entonces la situación de los grupos no es inestable: no se prevé una transferencia masiva de votos a la oposición. ¿Por qué la oposición no se une? Por dos de los factores identificados por Merton: una equivocada representación de la situación que induce errores en la toma de decisiones y una variante de la “imperiosa necesidad de saciar el propio interés” que consiste en “buscar identidad”. Veamos los errores en la toma de decisiones. Supongamos que la planilla mayoritaria ofrece espacios a las oposiciones, si estos son adecuados en número y relevancia es un error desdeñar la oferta porque tales lugares no podrían conseguirse como resultado del proceso electoral. Pero se puede rechazar esa oferta por “identidad”. Si es así quedan dos opciones: ir toda la oposición junta o separada. Si van juntas aparecen dos problemas. El primero es que haya candidatos que sientan la “imperiosa necesidad de ser los dirigentes” porque, según ellos, “han hecho mucho trabajo” o “es su momento” o cualquier pretexto para racionalizar el error. Con eso se segmenta una parte de la oposición. La parte restante enfrenta el segundo problema: ¿cuántas posiciones en la planilla garantizan la adecuada representación de los grupos? Dado el carácter aleatorio del proceso de asignación resulta que ceder un 50 % de las posiciones a uno de los grupos le garantiza representación, pero le resta capacidad de maniobra al grupo que encabeza. Entonces se termina por segmentar la oposición. Por ende, pese a todos los buenos deseos respecto de disputar la dirigencia a la planilla patronal se concluye en la reiteración de lo mismo: los errores. Queda por comentar la última fuente de consecuencias no deseadas, la que es relevante porque la rectoría ya utilizó una encuesta para ir posicionando un candidato, y pronto el SPAUAZ lanzará otra. Con independencia del rigor científico de las encuestas, si se hacen públicas son instrumentos de propagada, por eso la intervención de la rectoría en el presente proceso ya es notoria, mientras que la del secretario general del sindicato lo será pronto. ¿Qué se puede esperar? La nada…

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