Ernestina: 13 años de impunidad, pero no de olvido

Ernestina: 13 años de impunidad, pero no de olvido

Ese es el mensaje que se quedó conmigo tras asistir al foro “Ernestina Ascencio a 13 años de búsqueda de la verdad y la justicia”, celebrado hace tres días en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. En este espacio se compartió el estado actual de su causa ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y resonaron voces de especialistas y de defensoras de derechos de enorme valor.

Entre las múltiples versiones que circularon sobre los hechos que culminaron con la muerte de Ernestina, pero sobre todo entre la verdad oficial que en su momento se impuso sobre este caso y lo que es más probable que sucediera, decido creerle a la señora Ascencio. Como le creo a Ernestina, me resulta convincente que, si al ser hallada expresó las palabras ‘pinome xoxome’, con ellas buscó identificar a las personas que la atacaron. Pinome xoxome significa: los hombres de verde.

Y los hombres de verde que estaban a 300 metros del lugar donde la encontraron eran los de un batallón de infantería del Ejército. Luego entonces, si no se olvida que es debido darle un peso preponderante al dicho de las víctimas de agresiones sexuales, la conclusión me es evidente: varios integrantes del Ejército la violaron y como resultado perdió la vida. Para mí eso tiene un nombre muy claro: feminicidio.

Además, en el plano interamericano de protección de los derechos humanos debiera llegarse a otra conclusión: el último responsable de este feminicidio es el Estado Mexicano. Por eso tampoco tengo duda de que, si el actual gobierno quiere tomar distancia de la administración de Felipe Calderón, no le queda otra más que admitir su responsabilidad ante la Comisión Interamericana y hacer todo lo que se tenga que hacer para que la verdad y la justicia prevalezcan. Más aún, para garantizar la no repetición de casos como éste de Ernestina: ni una más, nunca más, nunca jamás.

Pienso en algo más. Si los perpetradores del feminicidio de Ernestina Ascencio fueron los hombres de verde, ellos no son los únicos responsables y no actuaron en cualquier contexto. Ernestina, mujer indígena náhuatl de 73 años al momento de ser agredida, pudo haber tenido otra suerte, si no se hubieran entrecruzado varias situaciones generalizadas de violaciones a sus derechos humanos. Si no hubiera sido mujer, quizá no habría sido atacada; si en este país todas las personas tuvieran asegurada la accesibilidad a los servicios de salud, igual la hubieran salvado; si no fuera indígena, quién sabe, a lo mejor no se le hubiera invisibilizado.

Este caso es paradigmático por más razones. Por ejemplo, no es menor que se revise la actuación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, porque puede ser que se determine que una institución capturada también actualiza la responsabilidad internacional de nuestro país. Cuando este tipo de instituciones actúan para cuidar al gobierno y no a las personas, las cosas empeoran algo más.

Sea como fuere, lo último que puede pasar es que la impunidad siga imperando. Es prácticamente imposible cambiar nuestra realidad si no erradicamos la impunidad. Mientras eso sucede, por lo menos para alguien como yo es vital armarme de valor y de esperanza donde lo que más siento es vergüenza y temor. Ese valor lo irradian las mujeres que contra todo quieren cambiar aquella realidad.

Así, infundido de todo lo positivo que pueda abrazar, quiero cambiar el dolor de este caso por lo que nos dejó como precedente judicial y lo que nos puede legar. El caso de Ernestina Ascencio fue resuelto en el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (amparo en revisión 2159/2009) y abonó a la construcción de una línea jurisprudencial de importancia excepcional para combatir la impunidad: es información pública la relacionada con graves violaciones a derechos humanos.

Desde ahí el legado: si en nuestro contexto actual de múltiples estados de cosas inconstitucionales, se pudiera concluir que cada ataque a una mujer constituye una grave violación de derechos humanos, en torno a lo cual no se puede reservar la información relativa a la investigación de las violaciones acontecidas, entonces en definitiva cada quien puede exigir verdad y justicia, y así sumarnos a la causa. ■

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