Los lobos, de Samuel Kishi Leopo, en la Berlinale, un coming-of-age de niños migrantes

Los lobos, de Samuel Kishi Leopo, en la Berlinale, un coming-of-age de niños migrantes
Leonardo Nájar Márquez, Martha Reyes Arias, Maximiliano Nájar Márquez ■ FOTO: CORTESÍA BERLINALE 2020

■ Lobos son una manada, que no lloran, que muerden. Y también pueden ser ninjas. Los niños pueden imaginarlo todo

 

Samuel Kishi Leopo realizó su segundo largometraje y lo acaba de presentar en la Berlinale, Los lobos. Seleccionado en la categoría Generation Kplus (para público adolescente) esta es la única película mexicana (dirigida por cineasta) en la selección del festival.

Haces seis años Kishi Leopo trajo a la Berlinale su Somos mari pepa, una película mucho más casera pero igual de creativa. Esta vez se nota una producción mucho más armada gracias al apoyo de la productora Inna Payán con Animal de Luz.

Y se nota también una creación más detallada, de tal forma que parece haber creado una película de improvisaciones, pero planeadas.

Actuada por Maximiliano Nájar Márquez, Leonardo Nájar Márquez y Martha Reyes Arias, Los lobos es la historia de una mujer con sus dos hijos que tiene que emigrar a los Estados Unidos para cambiar de vida, pero empezando desde cero: desde un apartamento, un trabajo, un idioma, vecinos… La madre se ve enfrentada a hacerlo todo y sola, pero con la complicidad de unos hijos que aún niños tienen que aprender a ser responsables.

Una historia que es hasta cierto punto una autobiografía de la niñez de los hermanos Kishi Leopo, Samuel y Kenji, pero revisitada por la ficción.

Un coming-of-age
desde lo autobiográfico
Hasta aquí parecería que Kishi Leopo no ofrece nada nuevo al cine de migrantes. Pero es la estructura de la cinta, en una casi huis clos en el departamento vacío alquilado por la mamá loba, lo que da pie para considerar elementos diferenciadores. En ese apartamento se pasa más del 70 por ciento de la historia.

Además, ha evitado caer en las convenciones de negro drama migrante a través de varios artificios como la vecindad recompuesta y, sobre todo, la animación de los dibujos de los niños.

La historia parte de la infancia de los Kishi Leopo: “Nos dejaba (mi mamá) grabado, en una grabadora Fisher Price, cuentos, historias, las reglas de la casa, lecciones de inglés, y nos decía ‘si me extrañan prendan la grabadora’. Es una historia semi-biográfica ya revolcada por la ficción”, comentó Samuel Kishi en entrevista desde el lounge de prensa.

Define sus Los lobos como una cinta de coming-of-age: Los niños se dan cuenta, abren los ojos de cómo era su familia, de una madurez más temprana, que es también la historia de muchos niños migrantes. Además, tratamos de evitar la tragedia que tenemos metido en la cabeza del cine de migración y dar algo más esperanzadora”.

Seis meses de preparación actoral
Kishi Leopo hizo un casting de 1000 niños. Y con los últimos seis hizo un trabajo de casi tres meses. Era importante trabajar mucho con ellos porque al final de cuentas la historia está vista a través de los ojos de los niños. Entonces los niños aprendieron a actuar jugando y al jugar todo era más natural.

Luego, los niños se fueron casi a vivir con la actriz Martha Reyes: “Me acompañaban al súper, a pagar la renta, a dar clases, anduvimos haciendo vida juntos…”, comentó Reyes. Casi dos meses con ellos. Así se llevaron medio año de trabajo con todos los actores.

Esto permitió que Reyes fuera en la escena una especie de segundo director porque les generaba las emociones necesarias.

Trazos, storyboard e
improvisación planeada
Quizás al ver la película se pueda uno sentir tentado a decir que está llena de improvisación o espontaneidad de los niños. Pero entonces habría que felicitar la habilidad de Samuel para haber podido captar con la cámara el momento justo de la broma.

Sin embargo, el director nos explicó cómo lo preparó todo antes de ir a filmar a Alburqueque y evitar la frialdad del foro.

Primero, durante los ensayos se fijaron trazos antes de entrar en el cuarto, y así los niños entendían cómo iba la película.

Luego, elegir la cámara ligera que a la vez permitiera acercarse a 50cm de los personajes. Luego, crear cierto manifiesto de cómo tenia que suceder nuestro trazo escénico.

En seguida, antes de estar en el departamento, ya sabíamos más o menos las medidas y trazamos los espacios. Hicimos también un storyboard y maquetas antes de ir a escena.

Todo se tenía que filmar en seis horas porque legalmente los niños no pueden trabajar más tiempo al día.

Entonces, su método de filmación en tres etapas de tomas: la primera es la toma base para ver todos los errores; en la segunda se vuelven a hacer correcciones en cuanto a ritmo; y en la tercera ya se puede improvisar. Aquí Marta Reyes fungía una especie de segundo director en set porque -con todo el tiempo que pasó con los chicos- ella era la encargada de estimular la reacción del niño y como lo hacían jugando todo era muy rápido.

Animal de luz en la producción
La película tuvo un costo de aproximadamente 20 millones de pesos que se consiguieron gracias al apoyo de Inna Payán y su productora Animal de Luz.

El encuentro con ella se dio cuando fue a ver Somos mari pepa en la Cineteca Nacional y le ofreció una película, pero Samuel le propuso esta historia. Lo interesante, parafraseando a Kishi Leopo, es que ella no es una productora que sólo saca dinero, sino que elige sus proyectos.

Además, tuvieron el apoyo de Eficine, Eficine distribución y de la Comisión Cinematográfico de Jalisco.

Esperemos que la cinta pueda tener su corrida comercial en México.

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