El feminismo a debate

El feminismo a debate

“Salí del clóset como feminista” me decía una joven de 25 años, a quien pregunté sorprendida por esa expresión (salir del clóset) que nunca antes le había escuchado ni siquiera para referirse a su bisexualidad, que saca canas verdes a parte de su familia.

Lo reafirmó, me dijo que le había costado más asumirse feminista que bisexual, porque consideraba que muchos de quienes aceptaban bien su orientación sexual rechazan mucho de lo que consideran feminismo, o bien, aunque tienen simpatía con varios postulados, no coinciden con algunos otros, lo que los hace pensar que no cumplen con los requisitos para asumirse feministas.

Lo que entonces me parecía anécdota juvenil, de repente se convirtió en debate público, y “salieron del clóset” como feministas quienes siempre se habían portado como adversarios, quienes a los pañuelos verdes les llaman trapos y anteponen los celestes, quienes han legislado contra los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres y han contribuido a sembrar y repetir la idea de que las mujeres tendrían que ser abnegadas y “cargar su cruz” antes que “deshacer una familia” pese a que en ello se les vaya, literal, la vida.

La situación desnuda el continuo debate entre las formas de entender los feminismos, debate que a veces se da por muerto porque el banal tratamiento mediático, aunado al atrincheramiento en los prejuicios no dejan paso a la información.

Todo se resume por ejemplo en decir “a favor o en contra” del aborto sin distinguir si esa pregunta se refiere a la despenalización, la legalización o su implementación como método anticonceptivo. Sin explicar en qué causales, en qué plazos, con qué métodos, etcétera.

Se asume como enemigo a todo el que rechaza los métodos de protesta con grafitis y quema de instalaciones públicas.

La consigna que asume a los varones como “potenciales violadores y feminicidas” genera ámpula en hombres, pero también en mujeres que ante esa frase hablan de sus hijos, de sus hermanos, de sus padres, mientras en la contraparte se les dice que sí, que el aliado de una puede ser el acosador de otra.

Me sorprendo leyendo a mujeres heterosexuales y feministas dando por cierto que el feminismo llama a ser lesbiana, tal como aseguran algunos de los más anquilosados críticos.

Me impacto por ver en arena movediza lo que ya daba por hecho: que una mujer trans es una mujer y por tanto una probable feminista, para descubrir quién considera que no tiene lugar en la lucha.

Sonrío con el desconcierto que percibo en hombres a quienes considero compañeros de muchas luchas que se preguntan si tienen manera de ayudar, si deberían decirlo, si “autorizan” a sus empleadas a parar el 9 de marzo, o si hacerlo les valdrá que les digan que “nadie necesitaba su permiso”.

La llamada sororidad que por un momento pareció el camino, se ha topado con otras formas de agrupamiento que pulverizan la posibilidad de la unión generalizada: como la diferencia de clases sociales, o bien, la trinchera desde donde se trabaja por las mujeres (activismo, periodismo, gobierno, etc).

Poco se habla ya del tiento con el que se asumieron las denuncias anónimas por redes sociales de violaciones y acosos luego del suicidio de Armando Vega Gil, y después de dar por ciertas todas de ellas, con el argumento de que de acuerdo a estudios, solo el 2% de las denuncias de ese tipo son falsas.

Y con esos debates, llegan otros nuevos y quizá aún mas interesante: por ejemplo si el paro del 9 de marzo lo seguirá siendo, aunque ya será más bien una “falta con permiso” porque no hay mejor forma de terminar con una protesta que institucionalizándola.

Que si esto es la inauguración de un feminismo que se ha hecho llamar neofeminismo vacacional porque aprovecharán “el (mal-llamado) puente”, porque quizá no habrá conciencia pero nunca falta el ánimo de tomar un día libre.

Y se discute también si lo mejor será como dice el cartel, que no haya niña en la escuela ni una joven en la universidad, o bien si al contrario se tendría que salir el doble, para que haya más mujeres y más niñas en espacios públicos y en espacios de poder.

Todos los debates abiertos parecen ser la nueva realidad, y que bueno. Está la ocasión servida para el diálogo, para el encuentro y también para él desencuentro entre las muchas visiones de entendernos. En esa deconstruccion y reconstrucción está el camino. Ya se ha ganado. ■

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