Antes del infierno

Antes del infierno

El fin de semana comenzó el abierto de tenis de Australia, mientras extensiones importantes de sus zonas boscosas continuaban incendiadas y otras incendiándose. Esta circunstancia tan desagradable manda a la humanidad algunos mensajes que debieran ser analizados con prudencia, seriedad e inteligencia. Uno de ellos consiste en que los hedonísticos placeres de las élites del poder o al menos con algo de poder económico son más importantes que las angustias de cualquier población humana sobre la superficie terrestre y peor aún, que la de cualquier forma de vida que a duras penas se la rifa para mantenerse en la escala de la supervivencia. Otro mensaje dice que las élites del poder, sobre todo si se les considera dentro de las alas conservadoras, pueden cometer todos los errores y barbaridades posibles sin que se les cuestione con la dureza y rudeza con que se juzgaría a gobiernos democráticos. El tercero y quizás el más grave es que a la humanidad en general, le importa muy poco el cuidado del planeta y día a día se siguen observando pecados de perversión y de omisión ante el deterioro irreversible de la Madre Tierra.

Quién hubiera imaginado hace apenas medio siglo que se estaría llegando a esta dramática encrucijada de vida donde el total del planeta y las especies que lo habitan estarían sujetas a las acciones de mala entraña que día a día se suceden para que unos cuantos, muy pocos por cierto, sigan enriqueciéndose sin medida sin importarles un rábano las vidas de todo tipo y por la otra la de los chambones humanos que puebla el planeta a quienes les importa un soberano rábano seguir consumiendo porquería y media sin importarles la sostenibilidad y sin el menor toque de sensibilidad hacia la Tierra. Qué destino, a merced de gandallas y de idiotas.

Entre esas cavilaciones navegaba este escritero, pensando en el inminente período de secas que pronto habrá de manifestarse y con el pavor en ciernes por los inevitables incendios de mayo y junio venideros, cuando apareció una confortable y terapéutica lluvia que incrementa el optimismo de una primavera poco ardiente, literal y metafóricamente. Además de las cabañuelas que alegran las perspectivas de un año húmedo, la lluvia que bendice nuestras tierras, las humedece, genera vida nueva y ahuyenta las posibilidades de incendios.

Sin embargo, no hay que bajar la guardia. Los tres niveles de gobierno tienen que estar alertas y bien armados no tan solo para actuar con respuestas bien estructuradas para combatir los probables incendios que irremediablemente habrá que padecer. El calentamiento global es un hecho innegable y no se está haciendo mucho para contrarrestarlo. En el inicio de esta opinión se comentó sobre la poca seriedad de los gobiernos conservadores del mundo ante este fenómeno, el cual desprecian y niegan olímpicamente y hasta son sospechosos de atizarlos para beneficiar a los malditos de la tierra. Entonces, habría que actuar en consecuencia desde una visión de presente y de futuro. Se insiste, ya es hora de utilizar no solo la buena fe, sino la inteligencia. Los incendios no solamente deben combatirse, hay que prevenirlos.

La idea consiste en que todas las brigadas que tradicionalmente son conformadas para combatir los incendios, se mantengan en activo para proteger con uno o varios pasos por delante cualquier conato de conflagración. Hay que contratar equipos contra incendios a los que se les pague y estimule no tanto por sofocar los siniestros, sino que los incentivos se otorguen por todos los incendios que no ocurran. Esta propuesta se puede medir de una forma bien simple, hay que medir el porcentaje a la baja de los incendios y pagar en consecuencia. La otra manera de fortalecer esta propuesta es castigar tipificando los delitos ambientales de quienes, por estupidez o mala leche, se compruebe que provocan los incendios. Casi siempre se sabe quienes fueron los gandallas o idiotas que provocan estos eventos.

Pero para que esto se logre, se debe tener a líderes y coordinadores que no padezcan de las taras enunciadas anteriormente. No hay manera de tener equipos de reacción inteligente y bien intencionada si quienes los coordinan no muestran ese nivel. Y en este asunto, con la debida falta de respeto para quienes no cumplen esta encomienda, no puede haber coordinadores que llegan a este compromiso por la vía digital o vía del ejercicio de Nepote. Por un buen futuro, ya es hora de cambiar.

Si no, querido lector, prepárese para una primavera ardiente.

Mientras, hay que ver al Rey Federer, cenarse un pichón en el Australian Open.

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