Nosotros, los que entonces fuimos…

Nosotros, los que entonces fuimos…

Nadie debería arrepentirse de su pasado si éste tiene, entre sus eventos entrañables, la defensa congruente de principios fundamentales. Antes bien, debería seguir honrándolos para que, a las certezas posteriores, esos principios les merezcan algo de memoria. Y aunque, según reza cierto hermoso título, somos como Los hombres (y mujeres) que dispersó la danza, estemos donde estemos hoy, la historia final de cada uno sólo se escribirá hasta que sobre nuestros cuerpos caiga la última palada de tierra.

A pesar de que una buena parte de aquellos jóvenes que defendieron la institucionalidad universitaria en “los difíciles setenta” (nuestra década obsesiva) sigan estando vinculados orgánicamente a su Alma Mater, para una porción mayoritaria de trabajadores y maestros y todo el sector estudiantil de varias generaciones a la fecha, aquellas jornadas de resistencia han perdido su significado, muy probablemente porque para ellos, por desconocerlas incluso de oídas, nunca han estado investidas de dignidad alguna. Eso, no me alegra decirlo, es una negligencia injusta.

Porque es irrefutable que aquel modelo de “Universidad democrática, científico-crítica y popular” en cuya construcción (puesto que la soñamos) nos empeñamos muchos, estuvo, como diría el cineasta, verdaderamente “en peligro” en el año axial de 1977, y que sólo la tozudez generosa de aquellos defensores de dentro y de fuera de La Amadísima UAZ, consiguió que se respetaran su legalidad y autonomía contra viento y marea. ¿Ellos, algunos muertos, otros casi casi y los demás ya no tan jóvenes, no merecen una sobria gratitud en esta página? ¡Caramba, me está saliendo un obituario! Pero igual pido perdón por mencionar sólo los nombres que recuerdo. Culpa son de las neuronas, no de los aprecios:

Arturo Burnes, Eligio Meza, José Manuel Martín Ornelas, Juan Francisco Valerio, Lauro Cordero, Arturo Rivera, Carlos y Armando Reveles Delijorge, René Lara, Benjamín Romo Moreno, Benjamín Arellano Valdés, el físico Rivera Juárez, Rubén Ibarra (padre), Ernesto Perales, Javier Morones, El Ingeniero Milocho, Simón Juárez Cuestas, Rodolfo García Zamora, Salvador González Leaños, Enrique Acosta, Jorge Salmón, Francisco Flores Alfaro, Adolfo Ruiz Calzada, Humberto y Uriel García Barajas, Blanca Delgado, Alfonso Campuzano (con su mama y su recordada hermana), Virgilio Rivera Delgadillo, Rosario Carlos Rueda, Eduardo Román Quezada, Juan Alcalá, El Padre Cárdenas Montoya, Juan Francisco Álvarez, Rodolfo García Montoya, Alberto Huerta, José D. Huerta Peña, Sóstenes Segura Dorantes, César Cervantes Ramos y su valiente madre, Enrique Romo, Miguel Ángel Aguilar Dávila, José Luis Medina Lizalde, la activista ejemplar Laura Rodríguez Cervantes, Joel Luévano y su cuñado Raúl Ríos, Jorge Bernal, Las hermanas Rudecino Villa, Luis Miranda y su hermano El Cache, Jesús Ramírez, el gran Jesús Pérez Cuevas, Rigoberto Villa, Alfredo Femat, Alberto Rodríguez Báez, Leticia Torres, Miguel Moctezuma, Laurita García, Antonio Martínez Palomino, Rubén Esparza Coronado, Lupita Romero, Ramón Márquez Delgado, Arturo Ramírez, Ramón Lozano, Lupita Rojas, Armando Márquez, Eva García Valle, Martha Elena y Gabriela Hernández Montoya, Manuel Haro Macías, los hermanos Roberto y Jesús Chávez Montes, José Manuel Montoya Rodarte, Pedro de León Mojarro, Jaime Enríquez Félix, Pedro Monreal, Glafira Villalobos, Adolfo Gutiérrez, Gustavo Reinoso, Luis Alberto Mares, José de Jesús Palazuelos, Marcos Navarro, Miguel Salinas, Rosario Barajas, Velia Mazatán, Oscar Saucedo, José Luis Ramírez, Trinidad, Arturo, y María Luisa Maldonado Romero, Armando Anaya, Lauro Arteaga, Veremundo Carrillo, el periodista Mario Domínguez, Crescenciano Sánches Pérez, Las hermanas Olga y Lupita Barbosa, Los Señores Catarino Flores y Cruz Cárdenas, Indalecio Salinas, José Luis y Esaúl Pinedo Vega, Pedro y Manuel Martínez Arteaga, el chofer y tortero Lalo González, Isaías Badillo y su hermana La Conny, Miguel Pinedo, Baltazar y Heliodoro Flores y sus queridas hermanas, Los hermanos Sotelo, Aquiles González Navarro, María de los Ángeles Ovalle, Angélica Quintero, Lázaro Ávila, Cenobio García, Livier Arteaga, Juan José Tarango, Pascual García Zamora, Eduardo y Martín Cardozo, José Francisco Román, Enna Maldonado, Ignacio Martínez Ortiz, Domingo Cervantes, Los hermanos José Luis, Ernesto e Ismael Escareño Piña, José de Jesús Huerta Blanco, Miguel Álvarez, Salvador Quintero, Samuel Herrera, Fabio Montoya Dávila, Raúl Letechipía, Roberto Chávez, los dos Andrés de apellido Ramírez, Tarsicio Pereyra, Armilde Rivera, Filomeno y Elvia Pinedo Rojas con sus solidarios papás Valentín y Amelia, Dolores Guerrero, Lucía, Cristina y Yolandita Jaques, Javier Burnes, Raymundo Cárdenas Hernández y su eterna compañera, Efraín Arteaga, Saúl Robles Soto, Antonio Duéñez, Francisco Dueñas, Enrique García, Francisco Javier Cortés Navia, Cenáido Chávez, Guillermo García, Javier Aguiñaga García, Javier Enríquez Félix, Guillermo Huitrado Trejo, Ricardo de la Rosa Trejo y su entrona mamá, Rogelio Cárdenas Hernández, Arturo Ortiz Méndez, Felipe Álvarez Calderón, Antonio Valenzuela Ríos, Francisco García González, Juan Antonio Pérez, Carlos Ulises Girón Sifuentes y su hermano Juan José, Juan Manuel Padilla, José de Jesús Sampedro, Víctor Hugo Rodríguez Bécquer, Vicente Ortega, Miguel Esparza, Sergio Eduardo Llamas Rodríguez, El trágico compañero Gerónimo Padilla (el Jomo), Jorge Eduardo Hiriart, Francisco García Márquez, los hermanos José Manuel, Eduardo, Carlos y Carmen Ríos Martínez (también su querida madre), Gustavo de la Rosa Muruato, Jesús Manuel Díaz Casas, Rogelio Ríos, el químico Ferrer, El Güero Gamboa, Noé Loera Aguilera, Ricardo Reyes Mata, el gran Lázaro Rivera, Javier Valadez Becerra y sus compañeros del grupo Louis Pasteur, la maternal y valiente Doña Mary de la cafetería de la combativa Prepa II y Don Juan, su esposo, Francisco Luna Pacheco, Don Chon Castro del viejo PCM, José Enciso Contreras, Juan Manuel Rodríguez Valadez, Oscar Murillo, Lupita Berúmen y su enternecedora mamá, los sindicalistas María de la Luz Padilla, Vicente y Julián García, Antonio Vega, Manuelito García, Regina Moya y Manuel Collazo. Otra vez perdón por el alzhéimer.

Mención especial merece el impulso inicial que la entusiasta maestra francesa Marianik Morise trasmitió a los tres miembros fundadores del grupo de música y canto latinoamericanos Wayrapamushca (Carlos García Sánchez, Javier del Muro y José Joaquín Correa, el legendario Flash), a los que se agregarían Esaúl Arteaga, Nicolás Acosta, Miguel Carlos Rueda, Roberto Ibarra Medrano y, coyunturalmente, Rosita Rodríguez Cervantes. Fueron los tiempos heroicos del grupo, cuando acompañó huelgas, luchas campesinas y efervescencias de protesta en el querido Teatro Calderón.

Pero la verdadera nobleza obliga a la humildad. ¿Qué hubiera sido de La Amadísima y su autonomía sin la fuerza telúrica de los uaztecos de la base estudiantil, los comerciantes ambulantes, los habitantes de los barrios pobres, el movimiento de los colonos en lucha por lotes para vivir y, sobre todo, las masivas marchas campesinas del Frente Popular de Lucha (el original auténtico) que se la partieron a nuestro lado? Como sucede en la física cuántica, si la relación de las cuatro fuerzas originarias (gravedad, electromagnetismo, nuclear fuerte y nuclear débil) hubiera sido ligeramente otra y no la que fue, nosotros no estuviéramos aquí. ■

Desde La Amadísima,
amigo Abel.

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