2020: inicio complicado

2020: inicio complicado

El año ha comenzado de una manera poco esperada, no porque los acontecimientos que se narrarán en esta columna no estuvieran anunciados, por una parte, o esperados por la otra. En ambos casos se daba por descontado que la acumulación de los usos y costumbres no permitirían mantener en vigencia el maleficio de la duda en ambos casos. Para ser más concretos, se había anunciado
que el uso de las bolsas de plástico pasaría a la historia y que la ciudadanía tendría que irse acostumbrando a llevar su bolsa reusable para comprar su mandado. Aunque pareciera terrorífico para las multitudes que han acumulado la mala costumbre de solicitar o exigir la bolsita o bolsota de plástico, esta práctica aparentemente tiene sus días contados. La otra situación, es que, hay algunas mega empresas de productos comestibles, principalmente, entre ellas la icónica fábrica de los panes de caja que consume la mayoría de los mexicanos, que han decidido aumentar los precios de sus productos, con o sin coartada. No corresponde a esta columna o a este escritero aventar rollos sobre lo justificable o prudente de estas decisiones.

En lo que se refiere al caso del uso de las bolsas de plástico habrá que decir que todo parece indicar que la medida es un tanto tardía tanto por la invasión poco racional del producto en todos los ámbitos de la vida comercial y su uso desproporcionado para múltiples tareas. La medida, sin embargo, es urgente y su ejecución permitirá detener la espiral incontenible de la contaminación con productos de tipo plástico. Todo parece suponer que es un tardío y tímido intento para salvaguardar la salud del planeta. Esta medida debiera complementarse con una campaña intensiva de educación ambiental que tienda, principalmente, a la reducción de la huella ecológica per cápita en la vasta superficie del planeta. Pero, como afecta a los intereses de la élite de ricachones del mundo que creen que la producción y el consumo es lo único importante en la vida de esta especie miserable que es el ser humano, la adopción de medidas y prácticas en esta dirección se ve muy lejana.

Dicho sea de paso, este aporreador de teclas esperaba que al cumplir sus ya inminentes setentas pudiera hacerle la lucha para incorporarse como “cerillo” en alguna tienda departamental, dada la falta de talento de las instituciones y empresas que se han negado en forma sistemática a voltear a ver y analizar la interminable cantidad de ideotas que se vierten aquí para sacar a algún imaginario hato de reses de las imaginarias escarpadas cañadas que obstruyen el despertar de esta sociedad. Ni modo.

La otra sorpresa que amenaza a esta neoricachona sociedad, que cuenta con una cantidad sin precedentes de apoyos del gobierno federal y salarios mínimos de escándalo, es el aumento a algunos de los productos de mayor consumo como los panes comerciales, ciertas marcas de leche enconada, muchos productos del menú generalizado de la comida chatarra con sus terroríficas envolturas y ¡las cheves!, para mencionar algunos de los productos cuyo costo en aumento ha entrado en los vaivenes de la rumorología, lo que, para evitar que cunda el pánico habrá que aceptarlo y analizarlo con la cabeza fría. Si se aprende a manejar el consumo con la visión irrenunciable de reducir la huella ecológica a sus niveles ínfimos, entonces se podrá utilizar este mismo principio para deshacerse de una vez por todas y para siempre de los pésimos hábitos de consumo que se han afianzado en el comportamiento social y se vayan haciendo nuevas propuestas para lograr un consumo generalizado más sano; por una parte, volver a lo básico, y por la otra, desarrollar nuevas prácticas derivadas de nuevas formas de conocimiento que tengan que ver con la producción sostenible que conduzca a la autosuficiencia alimentaria basada en principios científicos y una visión de supervivencia que obedezca a una postura filosófica que sea amigable y casada con la naturaleza, no nada más con el depredador humano.

Nuevamente, la cultura a desarrollarse tiene poco que ver con lo que se ha vivido hasta hoy día. Las circunstancias no solo permiten, sino que exigen la visión de un mundo que hay que diseñar desde perspectivas y propuestas que ya existen desde hace mucho tiempo y que no han tenido eco ante la avalancha aparentemente sin freno del capitalismo y su última visión de control social, el neoliberalismo con su característica infame de promover y afianzar el descontento social y tener la justificación para ejercer el poder en sus formas más soeces. Además de ponerle un buen curita al planeta, se estarán dando pasos hacia direcciones que prometen un mundo mejor. Todo es cuestión de desarrollar mejores voluntades y que los intelectuales se pongan a hacer su chamba. Pero de a de veras. La verdadera riqueza está esperando y tiene que ver con formas de convivencia que permitan desarrollar un futuro promisorio basado en el respeto entre especies. ■

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