■ Alba de papel …el dinero no se come

■ Alba de papel …el dinero no se come

Apropósito de la realización de la Cumbre del Clima (COP 25) que inició el pasado 2 y que concluirá el próximo 13 de diciembre en Madrid, España, es necesario difundirla por su complejidad, para crear un nivel de conciencia ante la indiferencia y el pensamiento catastrofista sobre el calentamiento global, que permita construir un esquema educativo y axiológico entre la población, para entender su inminente problemática y cómo resolverla.

La meta de este foro que va en su edición 25 y que ha logrado reunir a autoridades de 196 países, ONG´S y empresas, que es la de alcanzar la neutralidad del Carbono, como indicativo científico, necesario para evitar el calentamiento a 1.5 grados, intenta en lo posible, que no sólo sea el discurso, conferencias y talleres los que marquen su actuación, sino que su ejecución se convierta en un llamado mundial para comprender la gravedad del asunto y proceder con urgencia y responsabilidad.

Al menos, así lo manifestó la adolescente sueca de 16 años, Greta Thunberg, la mayor activista que ha logrado movilizar en las calles y en las plazas, a miles de jóvenes de todo el mundo, quizá porque saben que la “sustentabilidad”, entendida como el consumo equilibrado de los bienes que la naturaleza otorga y que no dañará a las generaciones futuras, es letra muerta para ellos, por la gran depredación no sólo ambiental y ecológica, sino social, económica y política que hace del planeta tierra, un lugar denso y cada vez más difícil de habitar.

Ante una situación tan temida (catástrofe), se busca cambiar el rumbo y lograr la caída de las emisiones, que países altamente contaminantes como China, Estados Unidos, India, Rusia y la Unión Soviética emprendan conscientemente una jornada política de verdadera transformación en el uso de tecnologías, del agua, del cierre de centrales de carbón, del transporte público y privado, que se sustituyan por energías renovables y no convencionales limpias.

Se habla de gestión, como herramienta fundamental de la transición, pero, el cuestionamiento mayor sería que tan dispuestos están los gobiernos, las empresas y los ciudadanos en conseguirla. Un ambiente díscolo colmado de avaricia y poder, impide con seguridad comprender tal urgencia.

En la propia sociedad civil, dividida, los márgenes de entendimiento del problema del cambio climático está marcado por el desconocimiento, el desinterés, y por grupos muy específicos como organismos no gubernamentales, asociaciones civiles y por los jóvenes, como una turbación que será funesta para la tierra, si no se resuelve a tiempo.

La generación de residuos industriales, contaminación por basura de océanos y mares, tala y reducción de bosques y selvas, consumo de productos y generación de residuos, las emisiones de coches y la ganadería masiva, son en gran medida factores determinantes en el cambio climático.

Las medidas que se han adoptado por varias naciones de prohibir las bolsas de plástico e imponer a la industria envases reciclables no son suficientes y así paulatinamente, se encuentran en peligro inminente la desaparición de especies animales y plantas, se han incrementado las inundaciones, sequías y las temperaturas ya no corresponden a los ciclos estacionarios.

El cambio climático es resultado de las actividades humanas de los últimos 100 años, donde la temperatura se ha incrementado 0.74 grados y si la situación prevaleciente no se revierte, habrá una gran colusión que seguirá dañando a la biodiversidad, la salud, la agricultura y la vida humana.

En este sentido, los gobiernos, las empresas trasnacionales, nacionales, locales, y la ciudadanía en general, que habita una metrópoli, una comunidad o una ranchería debería contar con la información adecuada que propicie una sensibilidad social y colectiva acerca de la responsabilidad individual que cada ser humano tiene frente a su hábitat que es su entorno de vida.

En México es urgente que se multipliquen los esfuerzos en educación medioambiental y ecológica en la población y que las políticas de protección de manglares, selvas, bosques, sierras, ecosistemas, serranías y ciudades mineras, privilegien la transparencia por encima de la corrupción y el mercantilismo.

Que sus leyes y medidas de seguridad garanticen el activismo social y el derecho a la protesta y a la manifestación contra los grandes depredadores capitalistas.

La migración forzada, la hambruna y la falta del vital líquido que es el agua, son evidencia imperiosa de que el destino nos alcanzó, tal como sucede en los hechos de la cultura, a donde llegamos exánimes, desfallecidos e indefensos, si es que no actuamos con pertinencia y oportunidad.

En el libro publicado por Semarnat en 2011 sobre el Cambio Climático en México, la Doctora en Ciencias de la Tierra, Cecilia Conde, con especialidad en Física de la Atmósfera por la UNAM, refiere que la “fiebre” no es en sí una enfermedad, sino un síntoma de que algo en el organismo no está funcionando bien. De manera semejante, ese aumento de temperatura en el planeta, nos está indicando que “algo” no está funcionando en la tierra. Ese algo es la forma en que las sociedades se están relacionando con el medio ambiente, ya que la explotación de los recursos naturales y el acelerado proceso de industrialización están agotando uno de los recursos más preciados que tiene la tierra: su clima.

Sociedades líquidas y fatuas en palabras de Bauman, sociedades de consumo y de lucha por el poder, definidas por la acumulación de riqueza y poder.

Los Cree, grupos étnicos que habitan América del Norte (Canadá), que en su origen fueron desposeídos de sus tierras, han dado al mundo casi como presagio apocalíptico, que “Cuando el último árbol se cortado, el último río envenado, el último pez pescado, sólo entonces el hombre descubrirá que el dinero no se come”. ■

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