La otra forma de usar el lenguaje

La otra forma de usar el lenguaje
Alfonso López Monreal-Eduardo Román Quezada. Acuarela y óleo sobre imagen digital. 2018.

El sol no sale cuando queremos,
sale cuando nos queremos.
Alberto Blanco

 

 

“Estuve a punto de titular estas tres o cuatro paginitas ‘Para qué demonios sirve la poesía’”, dijo en tono de broma el poeta Alberto Blanco al iniciar su mensaje oficial al recibir el Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde el pasado viernes 6 de diciembre en el Foyer del Teatro Calderón. Alberto Blanco disertó sobre la poesía y el arte de una manera contundente, detallada, casi didáctica. Transcribo aquí parte de su discurso:

“A lo largo de casi 50 años -hice mi primera publicación en 1971, un poema en prosa titulado significativamente ‘El Vacío’-, muchas veces me he hecho la pregunta y muchas veces me han hecho la pregunta ‘para qué sirve la poesía’. Naturalmente cuando una persona hace la pregunta de para qué sirve la poesía, casi siempre la persona está esperando que la respuesta automática sea: para nada, y bien se le podría responder socráticamente con otras preguntas: ¿Para qué sirve el brillo de los ojos? ¿Para qué sirve el aroma de los lirios? ¿Para qué sirve el sonido de las olas, el azul del cielo? Sin embargo, si la pregunta se hace con toda sinceridad, es posible obtener una respuesta sincera también; así, alguna vez, después de una hermosa lectura de sus poemas, le hice al gran poeta polaco Czesław Miłosz la pregunta más difícil que se le puede hacer a un poeta, disfrazada del más puro lugar común: le quiero hacer una pregunta -le dije- que puede sonar absurda, pero se la estoy haciendo con absoluta sinceridad y le agradecería que usted me la respondiera de la misma forma: ¿Qué es la poesía? Miłosz me miró a los ojos, guardó un largo silencio de reflexión y después de un buen rato me contestó: ‘Sinceramente no lo sé, todo lo que te puedo decir es que la poesía me ha ayudado a vivir’. Subrayo que Miłosz con gran sabiduría en vez de responder a la pregunta ‘qué es la poesía’, respondió la pregunta implícita ‘¿para qué sirve la poesía?’: Para vivir. A lo largo de los años he intentado contestar por mi cuenta esta pregunta ya sea en silencio, reflexionando a solas, o en respuesta a las preguntas de alumnos, amigos, familiares, periodistas, apoyándome desde distintos ángulos y ofreciendo distintas hipótesis, sustentadas todas, siempre, en la práctica. De entre todas las respuestas que se me han ocurrido a lo largo de los años, la primera que me vino a la mente para escribir este texto es esta: lo poesía sirve para enaltecer la vida”.

Blanco recordó después cuando en una entrevista que le realizaron escultor Henry Moore, el entrevistador le dijo recordar que Moore había dicho que el arte era el modo de ayudar a que la gente obtuviera un mayor goce en la vida, “a lo cual el artista inglés, sin mayores titubeos respondió: ‘Sí, el arte ayuda a la gente a maravillarse, pero no nada más es una cuestión de placer; es mucho más que placer’. Es algo más de lo que estamos hablando, cuando por ejemplo uno ve por primera vez la catedral de Chartres… es un maravillarse, es un enaltecer la vida. Este maravillarse, este enaltecer la vida, ha sido la estrella polar que ha guiado el viaje de los mejores poetas de todas las lenguas y de todos los tiempos. Me parece que no hago trampa, ni violento el sentido original del pensamiento de Moore si en esta ocasión cambiamos el sustantivo ‘arte’ por el sustantivo ‘poesía’, y entonces podemos decir que sí, en efecto: la poesía ayuda a la gente a maravillarse; pero, habría que agregar de inmediato que no se trata nada más de una cuestión de placer, de un gozo meramente estético, sino de un enaltecer la vida, una vida maravillosa y total; y es precisamente a esta aspiración a la que mucha gente y en lo más diversos y sorprendentes contextos, se refiere la mayor parte de las veces, cuando habla en un sentido muy general, de la poesía. Y es por eso, que aquí me gustaría dejar claro que salvo muy raras excepciones, cada vez que hablamos de poesía estamos hablando de cuando menos de dos realidades completamente distintas que hay que designar: por una parte tenemos lo que yo llamo la poesía con mayúsculas, la cima y la gloria de toda creación humana, esa noble aspiración por enaltecer la vida y maravillarse… un enaltecimiento que aspira, en última instancia alcanzar lo inalcanzable, la condición de un creador; sin embargo, existe otra acepción de la palabra poesía, con minúscula, que no tiene que ver con todas las artes, ni tiene que ver con ese algo que las trasciende, sino más bien con una sola de ellas: un arte extraño, humilde, singular, que se relaciona específicamente con el lenguaje. Una poesía con minúsculas, de alcances mucho más limitados, al menos en apariencia, que se haya subordinada a las palabras y que es a la que he dedicado gran parte de mi vida; en este sentido podríamos afirmar que la poesía con minúsculas sirve para aproximarnos, en la medida de lo posible, a la poesía con mayúsculas”. Alberto Blanco continuó con su discurso y concluyó con dos frases que replico para cerrar: “Somos misterio, y la poesía procura que no se nos olvide […] Y quien a estas alturas se siga preguntando ‘pero para qué sirve la poesía’, ya sólo diré: para ser feliz”.

Que disfrute su lectura.

Jánea Estrada Lazarín

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