Golpes de Estado (tercera parte)

Golpes de Estado (tercera parte)

Definir un golpe de Estado es difícil, pero posible, si de lo que se trata es de formar un concepto a partir de la evidencia histórica, por otro lado, si lo que se quiere hacer es un uso faccioso del concepto lo mejor es dejarlo en la indefinición. Crane Brinton, en su “The Anatomy of a Revolution” (Vintage, 1965), cuando describe lo que entiende por un golpe de Estado lo hace formar parte del asalto al poder constitucional por parte de un grupo minoritario de extremistas. Entre sus ejemplos figuran los bolcheviques, los nazis, los seguidores de Cromwell y otros. Al reflexionar al respecto hace el comentario: “De hecho, ni los revolucionarios de derecha o de izquierda en el siglo XX se han atrevido a tomar una consistente posición nietzscheana en la cuestión de la relación entre sus pocos selectos y las masas; es decir, no se han atrevido a decir que los elegidos deben ser “señores”, en toda la connotación de la palabra, y el resto deberán ser esclavos”. Si no se tomó partido en esa época al respecto, mucho menos se puede ser explicito el día de hoy, en el que predominan las democracias representativas liberales. Sin embargo, en un conflicto, ambos bandos denuncian a su opositor como “violador de los derechos humanos”, así como buscan construir una narrativa coherente para demostrar la legitimidad de su lucha. Si leemos el artículo de Alvaro García Linera (“El odio al indio” La Jornada 17/11/19) y después el de Ricardo Pascoe Pierce (“Evo hunde a Evo” El Heraldo de México 17/11/19) así como otros muchos a favor y en contra, notaremos la manera como se va introduciendo un mensaje claro, pero de doble vertiente: por un lado lo acontecido en Bolivia fue un “golpe de Estado” y las secuelas del mismo consisten en la insurrección de la población para reestablecer al depuesto, por el otro se enfatiza el fraude cometido por Evo Morales, así como los muchos y muy torpes movimientos para obtener de nuevo la presidencia que llevaron a un levantamiento popular contra el dictador, quien se vio perdido y renunció. Se genera una oposición discursiva que imita la oposición real que enfrenta a dos bandos en las calles de Bolivia, pero esta dicotomía es falaz: lo que importa, desde el punto de vista cognoscitivo, es clasificar y comprender el proceso social en curso en Bolivia, no quién cubre mejor de oprobio al otro. Vayamos al primer asunto ¿hubo golpe de Estado en Bolivia? ¿está uno en ciernes en México? Elementos empíricos que indican esa posibilidad son, para el caso boliviano, la sugerencia d ellos militares hacia Evo para que dejase el poder, mientras que en el mexicano la expresión de incomodidad con ciertas políticas. Sin embargo, la aparición e intervención de los militares no es condición suficiente del golpe de Estado. Según cita Rafael Martínez, (“Subtipos de golpe de Estado: transformaciones recientes de un concepto del siglo XVII” Revista CIDOB d´afers internacionals (108) 2014) se puede definir de varias maneras el golpe, así como las condiciones que lo propician, puede ser “el secuestro y eliminación del jefe de Estado con el objetivo de que cambie el gobierno” o bien “un conflicto no regulado que quebranta todas las reglas y que reformula los poderes del Estado; pero que, en todo caso, siempre termina atribuyéndole más poder a las fuerzas armadas”. Si nos atenemos a la última explicación podemos pensar lo ocurrido en Bolivia como un golpe de Estado a condición que haya habido un conflicto en el que se rompieron las reglas. Y así fue: Evo Morales pretendió relegirse al margen de la constitución mediante triquiñuelas legaloides y organizó un fraude electoral al verse perdido. Ante eso la oposición notó la debilidad manifiesta que podía ser utilizada para sus fines porque la policía y el ejército titubearon en su lealtad al presidente. Es notorio, sin embargo, que no fueron los militares los que asumieron el control del gobierno, sino una civil, una senadora del partido opositor al gobierno. También es notorio que las condiciones que propician el golpe estaban dadas en Bolivia debido a las acciones de Morales: “sectarismo-bien se manifieste a través de un radicalismo moral o ideológico-, la violencia, la baja institucionalidad política y la perdida de prestigio de la élite política”. Si acaso estas son las condiciones suficientes de dudoso que en México se pueda llevar a cabo un golpe de Estado: el presidente tiene alto prestigio por lo que a pesar de sus exabruptos ideológicos y la “transformación” que emprendió de la institucionalidad mexicana resultaría un proyecto destinado al fracaso emprender un golpe de Estado.Volvamos a Bolivia. ¿Fue una revolución? las tesis clave lasexpuso James S. Coleman en su “Foundations of Social Theory” (Belknap-Harvard, (2000)) en el capítulo “Revoking Authority”, en las que podemos ver que la oposición boliviana construyó una revolución: promulgó que Morales traicionó la utopía del Estado Plurinacional, utilizó contingentes masivos de personas para demostrar la debilidad del régimen, se confabuló en grupos cerrados y obtuvo ayuda externa. Por su parte Morales mostro debilidad, aceptó retos a su autoridad y no logró imponer un discurso ideológico aglutinante. Lo depuso una revolución.

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