Calaveritas literarias

Calaveritas literarias

Autora: Perla Sierra Rojas

Residencia: Ciudad Madero, Tamaulipas, México

José Guadalupe Posada

Dulce y blanca cada año,
se le ve morando a ella;
silenciosa lleva el alma,
que refleja ya su pena.

¡Mírala bien, Guadalupe!
Ahora la tienes más cerca.
Puedes ver a su silueta
caminando en la Alameda.

¡Dime ya, mi Guadalupe!
si están sus enaguas volando,
en su ala de feroda
siguen tus flores flotando.

Regresa algún día, Posada,
y dibújame un boceto;
que te escapes de su lado
pa’ decirme tu secreto.

Que no sepa de mi llanto
al extrañar de tu ingenio
grabados en todo el mundo
que añoran tu talento.

Mira que suerte la tuya,
nunca lo imaginaría.
¡La Catrina y alebrijes
serían tú compañía!

 

La Catrina
Muy sonriente te apareces,
cuando nadie te ha llamado.
Ahora tengo el pendiente
si el diente me has pelao.

Vete a rodear a los malos
que de esos estamos hartos;
usan puñal y cuñetes
y hasta niños se han robado.

No te acerques, Huesuda,
tampoco al musicón,
quien te baila y te canta
al ritmo de un buen danzón.

No te fijes en Don Juan,
quien hornea en la noche,
y la cena ya va a estar
con tamales y chile atole.

La señora del gran Pedro
no la mires por lo pronto;
dicen que ella es capaz
de hacerte versos y todo.

Mira bien, Catrina linda,
vamos haciendo un trato:
tú te llevas a mi gato
y descansas largo rato.

 

La llorona
He recorrido caminos
recogiendo polvo blanco.
No sabes lo lamentable
por lo que me ves llorando.

Imagina las tinieblas.
Los llantos de aquellos niños
profanan tumbas ajenas
por haberles yo perdido.

El corazón se desangra
a voluntad del latido.
Mis ojos pierden el brillo
y hasta la cuenca ha caído.

Quiero embriagarme un día
para agarrar valentía;
no pensar que aún sentía
y ahogarme en agonía.

Subo las noches en pena
hacia la luz de las velas;
tamalitos y atole;
qué buena está la verbena.

Ya no regreso a la Tierra
a que me coman gusanos.
El huipil y mi rebozo
ya mordieron los mundanos.

Que dure la fiesta, señores,
cinco o seis días más.
Que el tequila no se acabe
y del mole quiero más.

Este arroz ya se coció Mauricio Garcés
Que hipocresía la mía
que lloro ante la luna.
No olvido que me decías
que tenía yo la fortuna.

Mauricio, bendito seas.
Mamacita, bestia mía,
me gritabas por las calles
como yo lo merecía.
Baila, Mauricio querido,
con tus frases tampiqueñas.
Que la pasión se desborde
al ritmo de todas ellas.

Quiéreme, Mauricio, esta noche
llévame al más allá;
no me dejes con las ganas
de bailar el chachachá.

Garcés Garcés Garcés,
la porra se escucha al cielo.
Arroja flores naranjas
que me invadan todo el cuerpo.

Este arroz ya se coció.
¿Por qué no te tengo cerca?
De seguro has de estar con la Flaca blanca esbelta.

“No te preocupes, amiga,
que las traigo ya bien muertas.
María Félix y Dolores
me acompañan a la puerta”.

Hoy lloro sobre tu tumba,
Garcés, papito querido.
Esta herida me atormenta
al pensar que ya te has ido.

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