La 4t y el quehacer político

La 4t y el quehacer político

La política desde hace algunos años fue utilizada por una generación política para beneficio personal, los exorbitantes sueldos que perciben los altos funcionarios y los representantes populares convirtieron las candidaturas a los diversos cargos de representación popular en la meta de quienes buscan a toda costa enriquecerse a través del poder público, de esta forma fue que los partidos políticos se pervirtieron y perdieron su esencia al ser dirigidos por quienes ponen en venta las candidaturas, las condicionan y las entregan a sus allegados para hacerse de poder político.

Las dirigencias de los partidos políticos se convirtieron así en el botín a obtener por los diferentes grupos políticos que conforman los partidos políticos, las corrientes más allá de buscar la construcción de un partido político en beneficio de la sociedad y de la democracia buscan hacerse de la figura del presidente de partido para así repartir entre ellos las candidaturas, hacerse de poder público y obtener beneficios a través de ello.

Las instituciones políticas fueron perdiendo su esencia con el paso de los años gracias a esta lucha interna que se daba por los grupos políticos terminando como hoy las conocemos, institutos políticos con nula credibilidad ante la sociedad. Regularmente podemos escuchar convencidos a los ciudadanos decir que ya no votan por los partidos si no por la persona, esto derivado de que los partidos ya no son percibidos como instituciones que aporten a la construcción de la sociedad, por lo que ya no se vota por ellos por los principios que representen y que busquen imprimir en la vida política del país.

La corrupción es el mayor mal que aqueja al país, la pobreza en la que viven millones de mexicanos, más del cincuenta por ciento de la población, la inseguridad desbordada y la impunidad de la que han disfrutado una gran cantidad de funcionarios públicos y políticos son consecuencia de la corrupción que implantaron en nuestro sistema. Peña Nieto durante su mandato, declaró que la corrupción era un problema cultural en nuestro país, hasta cierto punto teniendo razón, se ha normalizado desde el ejercicio del poder la comisión de actos que pueden considerarse como de corrupción con el objetivo de que cada vez que fuese cometido alguno o expuesto algún funcionario disminuyera el impacto mediático y por ende el costo político.

Las declaraciones realizadas por el ex presidente de Nayarit, Layín, “si robé pero robé poquito” son claro ejemplo de que los actos de corrupción son vistos con normalidad entre la élite política a tal grado de ver como un pobre diablo a aquellos que profesan la ética en el ejercicio público y creyendo que aquel que no utiliza grandes cantidades de dinero para hacer política no llegarán nunca a ningún lugar.

El uso o condicionamiento de programas sociales con el objetivo de realizar proselitismo electoral en favor de algún actor político, es probablemente, uno de los delitos más comunes dentro del ejercicio público, esto logró que el Partido Revolucionario Institucional se mantuviera en el poder durante más de 90 años, haciendo uso de estructuras para distribuir dichos programas y para movilizar a grandes cantidades de personas para mítines, informes de labores, entre otras.

Contra estas acciones se ha impuesto desde hace años el ahora Presidente Andrés Manuel López Obrador, su lucha se ha centrado en denunciar todas estas prácticas que han tratado de normalizar en la mente de la ciudadanía, contra estas acciones votaron más de 30 millones de mexicanos hace más de un año convirtiendo a Obrador en el presidente más votado en la historia democrática del país y aún así hay quienes se empeñan en mantener estas prácticas, replicándolas con la finalidad de respaldarse políticamente traicionando así a más de los 30 millones de mexicanos que votaron por una transformación política para el país, de igual forma se traiciona al presidente y a la cuarta transformación por la que tanto ha luchado, pero estos personajes ya no son beneficiados por la creencia de que son acciones normales, son denunciados y expuestos por los ciudadanos que ahora son más críticos y que están dispuestos a acudir a las autoridades con la esperanza de que el quehacer político cambie, que salgan del poder los ambiciosos y los corruptos.

El quehacer político cambiará gracias a la observación y a las denuncias ciudadanas, quienes desean mantener el viejo régimen terminarán expuestos y fuera de la vida pública. La cuarta transformación también llegará al quehacer político. ■

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