El pensamiento crítico incomoda al autoritarismo

El pensamiento crítico incomoda al autoritarismo

La conmemoración del día de ayer, sobre la matanza en Tlatelolco en 1968, nos debe de obligar una vez más a pensar en el ¿cómo y por qué sucedieron esos hechos tan lamentables? La forma en que pasaron los hechos, ya la sabemos, los libros y documentales que tratan sobre dicho tema, nos han dibujado claramente el escenario de aquella trágica tarde del 2 de octubre; pero analicemos un poco más sobre el contexto que se vivió en ese tiempo y que motivó al gobierno de Díaz Ordaz a cometer semejante barbarie.

Desde tiempos muy remotos, el ser humano como miembro de una sociedad, ha vivido organizado de distintas maneras; en tribus, en familias, en imperios, en naciones, en fin, siempre se ha vivido bajo algún régimen de organización social. Para tal efecto, la sociedad tiene que tener dirigentes y gobernantes, es decir líderes que son miembros de la misma sociedad y que por sus capacidades y características son los que se ponen enfrente del grupo social. El líder o gobernante, tiene la finalidad de llevar a la sociedad a una sana convivencia, apegado a reglas, leyes, códigos y normas que la misma sociedad de una u otra forma crea. Ante esta lógica podemos decir que inevitablemente los seres humanos en sociedad, vivimos bajo un régimen de gobierno sea cual sea éste.

Entonces, en toda sociedad, los gobiernos y los liderazgos son necesarios, aunque la experiencia adquirida a través del estudio de la historia nos ha demostrado que el poder, nubla la vista y el pensamiento de dichos líderes y gobernantes; debido a eso, se crean políticas impopulares, se toman decisiones en beneficio a solo una cúpula de poderosos y unos cuantos se sirven de lo que es público, es decir de lo que se supone que es para todos; ante estas circunstancias podemos decir que es el autoritarismo quien gobierna y las y los ciudadanos se ven orillados a obedecer prácticas autoritarias, pero, ¿Qué pasa si alguien piensa distinto? ¿Qué pasa si se empiezan a difundir ideas contrarias a las de un gobierno o un líder autoritario?

En 1968 tanto en México como en muchas partes del mundo, se estaba comenzando a consolidar un régimen de gobierno autoritario, y no me refiero a partidos políticos ni líderes en específico, sino a una forma de gobierno, a un régimen, a una ideología, a una política en general. Una política donde los líderes y gobernantes consideraban que el “pueblo no tenía por qué meterse en asuntos políticos. Empezaba una época donde “codearse y saludarse” entre poderosos era de las máximas aspiraciones de quienes participaban en política. Claro está que la implementación de este régimen, no se quedaba únicamente con la finalidad de enaltecer el ego de la clase gobernante, había muchos planes y negocios turbios de por medio, una política que terminaría de consolidarse en nuestro país con Miguel de la Madrid en la Presidencia, estamos hablando del neoliberalismo.

Al mismo tiempo en que se intentaba implementar un régimen de gobierno autoritario, surgían libres pensadores en todas partes del mundo; había cuestionamientos y críticas hacia los gobiernos; los círculos de estudio, los clubes, las asociaciones y organizaciones de ciudadanos empezaban a tomar forma. Las manifestaciones públicas, daban muestra de que existía la motivación en la ciudadanía por darle un giro a la política de ese entonces; esto por supuesto, representaba un obstáculo muy grande para los regímenes autoritarios y claro está que no les pondrían las cosas fáciles a esos “alborotadores del orden” (léase con sarcasmo).

En el 68, en México, esa efervescencia de libertad ideológica, de participación y de democracia no estaba ausente; sobre todo entre los estudiantes de la época. A la juventud le invadía una idea de progreso, de rebeldía contra el autoritarismo; influenciados por la Primavera Francesa (manifestaciones en Francia principalmente de estudiantes), la juventud mexicana ya sabía que si querían que sus derechos fueran reconocidos los tenían que salir a conquistar a las calles. Es por eso que lo que intentó reprimir Gustavo Díaz Ordaz aquel 2 de octubre de 1968, no eran simplemente a los estudiantes aglomerados en la plaza de Las Tres Culturas, sino toda una ideología, a todo un movimiento que estaría en la lucha por años. En la mente de Días Ordaz nunca cruzo defender su gobierno, sino defender un régimen de varias décadas.

La represión contra los movimientos idealistas y los pensadores críticos siguió con los demás gobiernos en México, los encontramos en forma de violencia física, pero también han existido otras formas de callar a quienes piensan de manera progresista. El perseguimiento por parte del gobierno hacia el magisterio, el abandono presupuestal para la educación pública, el nulo apoyo a las escuelas normales, en fin, la represión y la censura se siguen dando de muchas formas.

Afortunadamente para la sociedad, actos como el ocurrido el 2 de octubre del 68; no han funcionado para desarticular a los movimientos progresistas que buscan un cambio de régimen. Cada día la sociedad está más despierta. A un años más, el 2 de Octubre sigue sin olvidarse.

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