El turismo cultural se enfrenta a una realidad distinta que merece reflexión

El turismo cultural se enfrenta a una realidad distinta que merece reflexión
Con respecto a Zacatecas, el director cultural del Museo Soumaya, Alfonso Miranda, considera que sus espacios culturales no dialogan entre sí ■ FOTO: ALEJANDRO ORTEGA NERI

■ La actividad se puede convertir en un depredador que pone en peligro el patrimonio: Miranda

■ En algunas ciudades, como Venecia y Barcelona, se han manifestado contra la invasión de turistas

 

El turismo es una de las actividades más dinamitadas hoy en día, tanto que en algunas ciudades europeas se han manifestado en contra de la invasión de turistas, como es el caso de Venecia o Barcelona, porque si bien es uno de los detonantes económicos más importantes de las ciudades con vocación, por la otra parte es un depredador que altera la vida de los que residen en el lugar y en algunos casos pone en peligro el patrimonio cultural.

De entre todas las categorías en que se ha divido el turismo, el “cultural” hoy se enfrenta a una realidad y dinámica distinta que merece un ejercicio de reflexión, que es lo que está planteando Alfonso Miranda Márquez, director cultural del Museo Soumaya y Presidente de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, División México, quien visitó Zacatecas para dictar su conferencia “Turismo cultural en el siglo XXI: reconversión urbana y rescate de identidades” en el marco del 18 Festival Barroco.

Para el crítico de arte hay una apremiante necesidad de que exista un análisis transversal en el que todos los actores sociales estén involucrados, no basta, considera, con que el museo abra las puertas y tenga costos menores o que un día sea gratuito, sino que se requiere de una infraestructura mucho más amplia, donde exista un papel rector del estado pero también de la iniciativa no gubernamental.

Así como también de los gestores y audiencias para que sean copartícipes, no solamente de la difusión del patrimonio y de las virtudes que pueda tener, sino para generar comunidades y procesos de identidad en las que se hable, no solamente de arte y cultura, sino de problemas de migración, identidades, democracia y discriminación. En las que el museo se vuelva un catalizador y que permita que estas voces muy amplias puedan tener acceso.

El espacio del siglo 21 como museo tiene una responsabilidad para crear estos puentes y vasos comunicantes, dice Miranda Márquez, por eso, al hablar de turismo cultural no se puede dejar de tocar también al turismo económico, porque el concepto es mucho más amplio y se deben establecer criterios de corresponsabilidad con la conservación del patrimonio. La comunidad y el turismo, advierte, van a sufrir cuando no esté el patrimonio de la humanidad.

En este sentido, subraya que la conservación del patrimonio no se está sumando de una forma más dinámica a una nueva era del conocimiento mediante la tecnología, porque no se está teniendo eco como se quisiera con las nuevas generaciones, sino que se va hacia el polo opuesto del péndulo y se están teniendo espacios sobrellenados que no permiten una experiencia estética. “Tener una gran multitud no nos lleva a crear procesos de asimilación, de entendimiento y conocimiento como los que se necesitan”, asevera.

Ante estas experiencias incómodas de espacios culturales o museos muy llenos, cabría cuestionarse, considera el experto, qué se le está ofreciendo a los visitantes y qué esperan ellos del espacio. No es una variable que tenga solamente un resultado, dice, sino que en un principio pareciera que el público quisiera revestirse de conocimiento y de cultura ahora en esta masificación de la imagen visual con las selfies, porque quieren apropiarse del lugar de una manera.

“Entonces pongamos las piezas clave en sitios mucho más accesible, lidiemos con filas y públicos diferentes y conozcamos a nuestras audiencias, nuestro patrimonio y a nuestros diferentes tipos de audiencia, espacios y protocolos de seguridad, y a partir de allí brindemos una oferta mucho más plural, porque en el sigo 21 no queremos que nos guíen de un espacio a otro, queremos decidir y está decisión muchas veces en los espacios culturales se ve cuartada”.

Para el crítico de arte ya no somos el público general que el siglo 20 presumió y consolidó, sino que ahora hay públicos específicos con capacidades diferentes y con formas de pensar diferentes. Bajo esta nueva dinámica del conocimiento, opina, es que el museo debe brindar las opciones de sumar a todos los actores y no ser excluyente.

“No podemos construir espacios de esta naturaleza y menos en este momento de una Cuarta Transformación que busca realmente democratizar estos espacios, que sean más plurales. Pero esta pluralidad llevará una responsabilidad de sostenimiento del espacio, de ampliación de bases y fuerzas de trabajo, de pagos oportunos que requieren la garantía del engranaje de operación de un espacio cultural”.

Con respecto a Zacatecas, el director cultural del Museo Soumaya considera que sus espacios culturales no dialogan entre sí. Y puso como ejemplo que no ha visto un anuncio del Festival Barroco en la capital.

“Entre un museo y el otro se habla poco, la comunidad cultural se mueve poco entre estos espacios, y quien cubre más es el periodismo cultural, pero le hace falta reflexión para críticamente poder establecer nuevos discursos que le brinden a los lectores mayores herramientas para que el público pueda no solamente disfrutar, sino responsabilizarse y repensar lo que tenemos, cómo interactuamos con nuestro patrimonio, como lo protegemos”. El patrimonio, concluye, es un músculo que se debe de trabajar cotidianamente, y en la medida que se vuelva un órgano saludable, brindará valores indentitarios.

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