El debate sobre el aborto

El debate sobre el aborto

Hay temas cuya discusión parece permanente. No importa cuánto avance el desarrollo científico, cuánto cambien los valores de una sociedad, o cuánto se modifiquen sus problemas, hay temas que no salen de la discusión pública.

El aborto es uno de ellos.Favorito entre los debates de secundaria, las entrevistas políticas, y los candidatos con ansias de notoriedad (a favor y en contra), es un tema que permanece en la palestra pública a pesar del indiscutible avance del feminismo, y del surgimiento de alternativas para evitar encontrarse en el dilema de abortar o no, tales como las pastillas anticonceptivas, y las pastillas de emergencia.

Hoy es cada vez más fácil acceder a información y a métodos anticonceptivos, también es cada vez más fácil acceder a un aborto bien sea por propia cuenta consiguiendo misoprosrol, yendo a consultorios privados o bien a la Ciudad de México donde con seguridad e higiene serían atendidas quienes desean hacerlo, gracias a las gestiones que realizan diversas asociaciones civiles en todo el país.

Asimismo, la resolución reciente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, permite el aborto a toda mujer que declare que su embarazo es producto de una violación aun cuando no establezca denuncia penal al respecto.

No obstante lo anterior, la educación sexual, la información y el acceso a métodos anticonceptivos y abortivos sigue siendo privilegio de pocas mujeres con recursos económicos e informativos suficientes.

Quien sabe si la discreción intrínseca del tema, un razonamiento estratégico en función de lo numérico, o bien por mera aporafobia, estos abortos “cotidianos” no atrapan la atención de los llamados grupos Pro-Vida, preocupados más bien por la posible legalización que a su ver provocaría que el aborto aumentara.

Desde el otro lado y de forma creciente, se intensifican las manifestaciones en el tema, como pudo atestiguarse el pasado sábado cuando en Zacatecas cerca de 300 mujeres participaron en el 28S (28 de septiembre, día de acción global por el aborto legal y seguro).

Aunque la participación crece alimentada sobre todo por mujeres jóvenes producto de una crianza cada vez más liberal y diversa, esto no necesariamente se traduce en más apoyo o simpatía de la sociedad.

De acuerdo a una encuesta realizada por el Financiero, el 63% de los mexicanos y el 74% de los zacatecanos se oponen a la legalización del aborto, lo que representa buen caldo de cultivo para que unos cuantos salgan con pañuelos azules a las calles, hagan cadenas humanas en las iglesias y hasta en los congresos para servir de contrapeso a las manifestaciones por la legalización.

Aunque numéricamente pocos, es innegable que tienen resonancia entre quienes aparentemente se mantienen al margen de las discusiones, pero que con sus likes y sus reacciones, sus publicaciones y tweet, crean un ambiente social francamente adverso para la eventual legalización del aborto.

Abona a ello sus métodos de su lucha basados casi en la parsimonia, rezos en plazas públicas, pancartas en manos que permanecen en silencio frente a las cámaras, mensajes donde se habla del amor y de la vida.

Acompaña a todo ello argumentos predominantemente religiosos, o bien a la moral basada en una religión, y se ven pocos argumentos basados en lo jurídico, lo científico o lo filosófico.

Los apasionamientos y la ira que desborda por la innegable inequidad, han permitido que el bando contrario deje caer la discusión en ese terreno, que a todas luces resulta infertil en una nación como ésta donde la ley habla del estado laico, y al mismo tiempo los gobernantes gustan de exhibirse cercanos a las iglesias.

En una sociedad como la nuestra y una organización política como la que tenemos, la legalización se dará únicamente cuando está posición sea tan contundentemente mayoritaria, que no alcance los temores religiosos personales y las presiones clericales que se ejercen en los integrantes de poderes legislativos.

Eso implicará necesariamente colocarse en una mejor cancha de debate; más laica, y científica, pero sobre todo, implicará la conciencia de que se necesita el aplauso de las tribunas, de esas mismas que por ahora, con razón o sin ella, están ahora escandalizadas por los conatos de incendios a iglesias y los grafitis en las calles. La circunstancia obliga al camino de largo aliento que no se conforma con vencerlos, sino que se obliga a convencerlos. ■

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