2021

2021

En 2018, Morena —un partido con menos de cuatro años de creación— arrasó electoralmente. Andrés Manuel López Obrador ganó la Presidencia de la República con más de 30 millones de votos.

La coalición que lideraba, Juntos Haremos Historia, también obtuvo la mayoría en el Congreso de la Unión, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados. Además, lograron hacerse de un importante número de alcaldías y de las mayorías en casi todos los congresos locales donde hubo elecciones. Por otro lado, el resto de los partidos, con excepción de Movimiento Ciudadano, resultaron fuertemente lastimados: no hay ni uno solo que no necesite renovarse de fondo, sobre todo en vísperas de la elección intermedia de 2021.

Morena, por su parte, debe reflexionar sobre el sentido de la elección de 2018. En primer lugar, la oleada de sufragios a favor no significa necesariamente que la ideología de los votantes haya cambiado. Muchas de las entidades federativas donde este partido ganó tienen una larga tradición de corte conservador, por lo que el resultado de los comicios probablemente refleje el hartazgo que se experimentaba en México, pero no el de una preferencia fija que no pueda cambiar. En este sentido, en 2021, Morena se jugará su permanencia como la nueva opción estable para conducir las políticas del país en las más de 10 gubernaturas y la reconfiguración de la Cámara de Diputados.

El Revolucionario Institucional, por su parte, ya inició un proceso interno de reestructura. Aunque se trata de una marca muy gastada, la elección de su nuevo dirigente es una señal del esfuerzo (bueno o malo) que quieren realizar para poder reconstruirse. Hay que considerar, además, que este partido aún gobierna varios municipios y estados donde habrá elecciones en el 2021 y, por ende, al ser los bastiones que aún conservan, darán una batalla frontal para conquistar importantes victorias. Si Morena, como partido en el poder, no logra una elección limpia para su dirigencia, el PRI será tal vez el rival más fuerte para 2021.

Los otros partidos, en especial el PAN y el PRD (ahora Futuro 21), se encuentran en la lona sin poder levantarse. Para el PAN todo habría sido distinto si en la elección de 2018 Ricardo Anaya y Margarita Zavala no hubieran tenido fricciones entre sí. Si se hubieran puesto de acuerdo, además de que les hubiera ido mejor en la votación, en estos momentos serían, sin duda, un partido opositor con fuerza. Esto no es así: por un lado, la dirigencia panista no ha podido articular una propuesta de oposición y, además, la iniciativa de Felipe Calderón para crear un nuevo partido político lo está debilitando aún más.

El PRD, por su parte, ya perdió la Ciudad de México y además sus cuadros más fuertes, como Juan Zepeda, decidieron abandonar el partido para unirse a Movimiento Ciudadano. Este último, es la fuerza de oposición que parece mejor organizada y con ideas que fácilmente podrían ser atractivas para un sector del electorado que votará en 2021. Esta conformado por cuadros jóvenes, con buenos perfiles y con una imagen fresca; algo que ningún otro partido tiene.

En medio de todo, está también la discusión sobre la renovación de mandato. Si se logra aprobar, entonces AMLO estará en la boleta. No es posible saber cuándo ni de que manera, pero el hecho de que la gente tenga presente que se debe de decidir si el Ejecutivo permanece o no puede tener un impacto (bueno o malo) en los resultados que Morena obtenga. En este sentido, 2021 es una latente prueba para la izquierda en México y para el proyecto que el presidente de la República encabeza.

En Zacatecas, uno de los estados donde aún gobierna el PRI, todo pinta para que se dé un cambio de partido en el gobierno. La actual administración ha entregado resultados promedio en algunas materias, y malos en otras, como en la disminución de la inseguridad, y además, David Monreal, uno de los potenciales candidatos de oposición, ha logrado construir una gran base de apoyo en el estado. Aún falta mucho, pero la fuerza del posible candidato de oposición a la gubernatura sin duda alguna duda podrá impulsar un cambio de timón importante en el gobierno estatal y de sus municipios.

2021 será entonces una prueba más para la larga lucha que la izquierda ha venido dando en el país que, sin duda alguna, influirá en el grado de gobernabilidad de México. Por el bien de todos es deseable que la oposición alcance a articularse para que realmente se dé una elección en la que la ciudadanía pueda ejercer la democracia y que ayude a disminuir los índices de abstencionismo. Curiosamente, en las manos de la desgastada oposición, y no de Morena, como partido en el poder, está que nuestro sistema de partidos, y por ende la democracia mexicana, se fortalezca.

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