La política del “todo o nada”

La política del “todo o nada”

La lucha es por el todo o nada. Así comenzó un 13 de abril del 2018 cuando Ulises Mejía Haro planteó, por primera vez, una negativa absoluta a David Monreal Ávila. Los registros de candidaturas ante el Instituto Electoral del Estado de Zacatecas fueron el momento decisivo para imprimir trazos de autonomía en la relación entre el empresario y la familia política.

Las diferencias para construir la planilla que competiría por el Movimiento de Regeneración Nacional en la capital, llevaron las diferencias a puntos casi insalvables. No fue sino hasta que la negociación destrabó en algunos acuerdos pírricos, que Ulises y sus patrocinadores le dieron al partido la seguridad de que habría contendiente en la boleta.

Aquellos momentos de tensión terminante pudieron haber llevado a Morena a los últimos lugares de preferencias, pues sin el empresario ampliamente conocido en la capital por sus alitas, cervezas y café, la fracción de Morena identificada con el clan fresnillense habría competido contra sus propios aliados, además del arrastre de la coalición PAN-PRD en segundo lugar.

A partir de esa amarga noche del viernes 13 de abril, el futuro político del ayuntamiento capitalino estuvo trazado en la ruta de los desencuentros, y desde entonces la política ha significado lucha a muerte a falta de consensos políticos serios. Y es que, aunque se han planteado lugares intermedios en treguas que nunca llegan, prevalece la idea de que el poder o se gana o se pierde.

Probablemente la disputa por el ayuntamiento capitalino sea una de las más complejas de resolver con entendimiento político, debido a la falta de un elemento esencial: confianza. Por ello, la apuesta simple es la de invertir en las rupturas más fuertes posibles, con matices de venganza sanguinaria, y una puesta en escena mediática que desgasta a todos los involucrados.

Para quienes se envalentonan imaginando que el conflicto en el municipio de Zacatecas tiene un parecido con el que se vivió en el Senado de la República hace unos días, tendrían que repensar el lugar que le otorgan hoy a Ulises Mejía Haro: candidateado por ellos mismos a la gubernatura en el 2021 a partir de las críticas que desataron sin control, en cada golpe que confirman una lucha dirigida contra un posible aspirante.

Hace un par de meses los regidores monrealistas dijeron que pedirían su cabeza frente a la Comisión Nacional de Honor y Justicia de Morena, para luego desdecirse unas semanas después cuando alardearon que Ulises ni siquiera pertenecía al partido. Aseguraron entonces que, afiliado al PRD, el joven alcalde buscaría competirle a su patrón desde la plataforma del Sol Azteca en coalición con otros partidos y la venia del gobernador Alejandro Tello Cristerna.

Ese grupo de regidores monrealistas y la síndica -cada día más desprestigiada y cuestionada-, es el que ha instalado en el imaginario colectivo, de manera consistente, cualquier probable candidatura de Ulises Mejía en el 2021, y no precisamente para la reelección en la capital zacatecana. Gracias a los representantes de David Monreal en el cabildo capitalino, el alcalde ha crecido en simpatías y apoyos de distintos sectores políticos. Ese, y no otro, ha sido el resultado de su campaña de “desprestigio”.

Y es comprensible. En el “equipo” de David Monreal prefieren tomar decisiones de cuarto de guerra en campaña electoral, pero en tiempos de paz y gobierno. Los resultados son evidentes: utilización de la comunicación política propagandística para desprestigiar, agendas desarticuladas con resultados efímeros, y un conflicto latente de baja intensidad que lo único que busca es cargar las preferencias de un lado o de otro (en donde, además, van perdiendo).

No son los momentos ni las formas. Eso lo ha entendido bien la mayor parte del tiempo el presidente municipal, salvo algunos momentos en que ha caído en las provocaciones, esas que advierten la encarnizada dimensión de la lucha electoral a partir de enero del 2021. Del otro lado celebran esas provocaciones sin terminar de comprender que inyectan presencia a las aspiraciones del alcalde.

Pero será responsabilidad de Ulises Mejía Haro, y de nadie más, mantener el conflicto dentro de ese espacio de tirones que benefician la especulación pública sobre su futuro político. En caso de poner en descuido su administración municipal le otorgará toda la legitimidad al discurso contrario, y así llevaría a la extinción su viabilidad como candidato a la misma “joya de la corona”.

Aunque nunca hay que dar por descontado la posibilidad de que los acuerdos fluyan nuevamente entre ambos bandos, para lo cual primero deberán de generar confianza en los hechos, pues es un activo que ha escaseado cada vez más desde abril del 2018. O bien, decidirse por la fuga hacia adelante, arreciar los ataques con tono electorero y esperar el reparto de costos a cada cual, pues el desgaste es una factura que corre para ambos.

Twitter: @GabrielConV

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