Pobreza

Pobreza

Según el CONEVAL durante el periodo 2008-2018 hubo disminución significativa de la pobreza en México. Los datos agregados son como sigue: la población en situación de pobreza, a secas, pasó de 44.4% a 41.9%, mientras que la pobreza extrema se redujo de 11.0% a 7.4%. También bajó la vulnerabilidad por carencias sociales, que cayó de 32.3% a 29.3%, mientras que de la vulnerabilidad por ingresos subió de 4.7% a 6.9%. Una muy buena noticia es que el porcentaje de personas ni pobres ni vulnerables subió: de 18.7% a 21.9%. Véase “Pobreza” de Isaac Katz en “El Economista” 12/08/19 para una explicación más detallada. Por lo regular cuando se habla de “pobreza” el concepto se entiende como “carencia de fondos monetarios y propiedades”, que es el aspecto que, de acuerdo a las mediciones del CONEVAL, subió en el periodo de referencia. En números absolutos hubo un incremento de 3.9 millones de personas sin carencias sociales, pero con ingresos por debajo de la línea de bienestar. Lo anterior implica, dado lo relevante de este indicador al nivel de la vida cotidiana, que todas esas personas se privaron de los satisfactores que la sociedad de consumo les induce a desear, generando en ellas frustración y enojo. Parece obvio que la reciente implementación de programas gubernamentales de entrega de dinero en efectivo podría afectar esta variable. Sin embargo, tras un momento de reflexión, se comprende que la pobreza no se reduce a la posesión de dinero en efectivo, ni el bienestar a la compra compulsiva de mercancías, sino que el concepto implica una gama más amplia de aspectos. Una definición multidimensional de la pobreza trata de captar formalmente lo que en principio son intuiciones recopiladas desde la experiencia inmediata. Alguien pobre no es quien carece de dinero, sino el que además carece de acceso a la salud, a la jubilación, a una vivienda de calidad con servicios adecuados, a la seguridad de su persona, al trabajo y a un medio ambiente sano. Tal concepción multidimensional, que es la del CONEVAL, está prevista en el artículo 6 de la Ley de Desarrollo Social (LDS) que, como casi todas las leyes y códigos, es un compendio de las fantasías de una clase social que antaño se nombraba “burguesía”. Los objetivos de la LDS no son nuevos, ya en los artículos 3, 27 y 123,originados en la Revolución Mexicana, se contienen promesas cuyo espíritu es similar pero que no se pudieron cumplir para todos los mexicanos, en particular para la población rural. Los límites a los que se enfrentan las políticas públicas son muy simples: la cantidad de recursos disponibles, que dependen de la capacidad productiva de un país, que es a su vez dependiente de factores incontrolables relacionados a la situación internacional. Para hacer correlaciones entre los diferentes niveles de análisis, de modo que se pueda sostener que existe una influencia de la situación internacional hacia las diferentes naciones, son necesarias dos hipótesis: por un lado, la de la existencia de un “sistema mundo”, es decir: sostener que la sociedad humana se organiza, a lo largo de todo el planeta, como un sistema cuyas partes son funcionales a ciertos objetivos definidos por el modo de reproducción económica, y por otro que la continuidad de una ideología depende del éxito de su programa económico. Si suponemos que ambas se satisfacen se puede obtener una conclusión que aparenta ser sólida: adoptar, en México, el neoliberalismo era inevitable. Las razones son las siguientes a nivel nacional: por un lado,a fines de los 1970 el nacionalismo revolucionario estaba liquidado como ideología porque el “desarrollo compartido”, sucesor del fracasado “desarrollo estabilizador”, estaba en crisis, por otro, la izquierda mexicana carecía de gente, de credibilidad y de programa económico viable (la aplaudida nacionalización de la banca por López Portillo se hundió junto al control generalizado de cambios). Mientras, en el escenario internacional, las condiciones que permitieron el florecimiento de las economías cerradas de la “sustitución de importaciones” estaban por ser desmanteladas. Estados Unidos lanzó su programa de defensa estratégica “guerra de las galaxias” como una afrenta a la capacidad tecnológica de la URSS, a la vez que abandonó las políticas económicas de la posguerra, creadoras del “déficit fiscal del Estado”, para abrazar el “neoliberalismo”. Con estas dos poderosas armas logró derrotar a la nación creada por Lenin. Entonces, desde la esfera internacional se estaba orquestando el ataque más poderoso contra la izquierda, por lo que cualquier intento en ese sentido hubiera resultado contraproducente para México. La explicación previa tiene consecuencias para la coyuntura presente: si el modelo neoliberal fracasó en abatir la pobreza nacional entonces pierde viabilidad como ideología política. Ciertamente no lo hizo tan mal, y menos desde un concepto de pobreza tan matizado como el que usa el CONEVAL. Si se considera que 6.7 millones de personas dejaron de ser pobres y vulnerables, contra 3.9 millones que se volvieron pobres de ingresos, se obtiene que el neoliberalismo logró un “optimo de Pareto” porque, en promedio, no cayó nadie más en la pobreza mientras que muchos más salieron de ella. El resultado es miserable, por cierto, desde criterios muy exigentes. Esperemos que la “cuarta transformación” logré algo más que desaforada aceptación. ■

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