En casa con un monstruo: Guillermo del Toro

En casa con un monstruo: Guillermo del Toro

No es propiamente un libro: “En casa con mis monstruos” (Turner 2019). Es una sucesión de pesadillas. En una de las entrevistas Guillermo del Toro dice lo siguiente: su hermano le acaba de meter un susto de esos que hacen que te orines en los pantalones. Debió ser un susto muy impresionante puesto que lo recuerda con una luminosa claridad. Guillermo cuenta la anécdota. Ya antes le han preguntado por sus principales influencias a la hora de hacer cine. Pesadillas lúcidas. Lo repite porque seguramente en esos momentos ve el rostro de sorpresa de quien lo entrevista. A partir de ese momento, del susto del hermano, de la orina en los pantalones, él, Guillermo del Toro, tuvo pesadillas… pesadillas lucidas. Ya está, Guillermo: hemos pateado el trasero de Freud.

Por eso este libro es una sucesión de pesadillas lucidas. Todas ellas. Desde los colores en que se nos presentan. Desde las imágenes: si nos damos a la tarea de enlazar todas las que aparecen en el libro podríamos conformar un mundo donde la imaginación es un vieja que nunca llega a ningún sitio. Si se mueve, funciona. La imaginación de Guillermo del Toro a partir de sus principales engranajes y de sus principales mecanismos. Una aproximación a su mente: una disección para ahondar en el terreno fértil de este gran cineasta mexicano.

Hay muchos elementos que llaman la atención de este libro. Y muchas lecturas. Puedes llegar a sus páginas a través de figuras emblemáticas de las películas de Guillermo del Toro. Puedes llegar a sus páginas a través de figuras emblemáticas del cine y la literatura de terror y de la oscuridad. Pero también puedes llegar a sus páginas a través de las lecturas de Guillermo del Toro. No sé si miles, pero sí cientos de libros. Por donde quiera que ustedes miren. De esos libros de lomos grandes y tipografías llamativas que cuando los encuentras en una casa piensas que sus dueños al menos sí invierten en libros de arte. Si ponen atención a los títulos verán que hay dos temáticas que se repiten de manera constante. Mitos y leyendas. De aquí partimos no sólo para la concepción del mundo de Guillermo del Toro y todas las variables semánticas sino que, además, de los mitos y las leyendas partimos para la concepción del mundo en su totalidad. Es como si Guillermo del Toro tomase un buen trozo de humanidad y lo procesará a través de sus pesadillas lucidas para alcanzar la belleza del arte. Por eso insiste en que sus creaciones no son feas. Mucho menos terroríficas. Pertenecen al mundo de los sueños lúcidos. ¡Tómala, Freud!

Los libros de Guillermo del Toro: todo Stephen King es un fenómeno de lectura que se explica por sí solo. Entre tantos libros hay uno que llamó mi atención. Alrededor de él están muchos de mitos y leyendas, otro tanto de autores inclinados al terror y al suspenso, y repentinamente, como si se le hubiese perdido el camino, aparece uno de Mozart. ¿No les parece una feliz coincidencia? No sé. Tal vez fue un regalo que le hicieron a Guillermo del Toro. Tal vez se trata de otra pesadilla lucida.

“En casa con mis monstruos”. Guillermo del Toro es quien te abre la puerta, te dice quiubole, cómo va la vida, y te invita a pasar a su casa. Pero quiero insistir en un detalle. No es su casa a la que entramos. Ni siquiera es que entremos a la exposición que se montó en Guadalajara de sus objetos más preciados. Entramos directamente a su cabeza, corremos un poco, damos vuelta en la esquina, nos fijamos que nadie nos siga y llegamos hasta su imaginación, la de un hombre que ha conseguido el equilibro esencial entre sus primeras apariciones infantiles y su enorme talento para escribir y dirigir cine. Y de aquí las pertenencias a esa imaginación. Edgard Allan Poe. Frankenstein. Son emblemas recurrentes. Se trata de la imaginación de Guillermo del Toro, hay que recordarlo. H.P. Lovecraft no podía faltar a la fiesta de los chicos malos. Muchos de los personajes de sus películas. Algunos fotogramas: el libro abre con una de “Hellboy”. Y una ventana donde se aprecia la lluvia incluso cuando no llueve. Nos señalan que Guillermo del Toro recurrió a un efecto teatral para simular la lluvia tras de una ventana azul. Porque le gusta ver llover. Nada más por eso. Porque le parece un gesto por demás hermoso.

El libro se acompaña de fragmentos de entrevistas que le han hecho a Guillermo del Toro. Son de ese tipo de fragmentos que bien puedes enlazar con las figuras que te encuentras dentro de su imaginación. Como letreritos que te explican porque la imagen está ahí, en la recreación de la casa de los Ángeles de Guillermo del Toro.

Bienvenidos a esta imaginación. Quizás Guillermo debería sustituir ese tapete de Welcome en la puerta de su casa. Un hombre que en ningún momento deja de ser niño. Que aún mantiene la clarividencia en cada una de sus pesadillas lucidas. De ahora en adelante, cuando le digan a sus hijos que deben madurar, piénsenlo un poquito más: los monstruos no son tan malos después de todo. Y si los vemos a través de los lentes de Guillermo del Toro aprenderemos que los monstruos tienen el mismo encanto que las princesas y los príncipes. Sólo que a muchos de los monstruos les llega el amor demasiado tarde. ■

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