Milpillas, una necesidad histórica

Milpillas, una necesidad histórica

Dice un proverbio que “no se aprecia el valor el agua hasta que el pozo se seca” y en Zacatecas deberíamos saberlo todos, porque cada año se secan cinco. Tantos se han agotado que si no dejamos reposar los mantos acuíferos para que se recarguen naturalmente, en alrededor de 10 años Zacatecas ya no tendrá agua subterránea.

Zacatecas, Guadalupe, Vetagrande y Morelos son los cuatro municipios abastecidos por los 60 pozos operados por la Junta Intermunicipal de Agua Potable de Zacatecas (Jiapaz), de los cuales anualmente se agotan seis, que de inmediato deben reponerse.

Lo peor es que cada vez el costo del agua extraída del subsuelo es más cara y de menor calidad. En los años 80 los pozos captaban agua a 100 metros de profundidad. Hoy es necesario perforar hasta 450 metros para encontrarla. Y conforme la profundidad aumenta sube el costo y baja la calidad del líquido.

En el siglo XX el petróleo fue el oro negro que desató guerras y causó una severa crisis económica mundial. En el actual siglo el agua es el oro azul y malos augurios dicen que la próxima guerra mundial será por el control del agua. Pudiera ser exagerada y hasta catastrofista esta visión, pero el panorama en verdad es desolador.

Previsiones científicas de la Organización Mundial de la Salud indican que en 2025 la mitad de la humanidad vivirá en zonas de escasez de agua. Ya desde 2016, entre 6 y 8 millones de personas mueren cada año por enfermedades o desastres naturales relacionados con el agua, y según la Organización de Naciones Unidas (ONU) 40% de la población global ya sufre sed y hambrunas provocadas por sequías.

En México, con todo y que es un país privilegiado por su gran riqueza de recursos naturales, incluyendo los hídricos, por su topografía, desaprovechamiento, contaminación y uso irracional del agua superficial, el consumo depende en 65% de mantos freáticos y de los 653 que existen, 102 están sobreexplotados.

En Zacatecas la situación tampoco es halagüeña. 75% del agua que consumimos es extraída del subsuelo y de los 34 mantos acuíferos disponibles 14 están sobreexplotados, su recarga es lenta o nula, debido a que apenas tenemos una precipitación anual de lluvia de 455 milímetros.
Nuestras principales ciudades no dejan de expandirse con nuevos fraccionamientos, cuyos moradores exigen agua y Jiapaz tiene que atender cada año 3 mil nuevas tomas domiciliarias, lo que hasta ahora implica abrir más pozos con mayor inversión. En el promedio nacional, el costo de producción de cada mil litros de agua es de 7.70 pesos; en nuestro estado esa misma cantidad cuesta 11 pesos.

Actualmente el agua disponible por habitante en la región atendida por Jiapaz cayó de 93 mil litros por año en 2008, a 68 mil litros en 2019.
¿Cómo enfrentar esta situación?

El agua es un bien común, un derecho humano universal y es obligación de los Estados dotarla de la mejor manera posible a los pueblos. Estas premisas son dogma para el Gobierno de Zacatecas, empeñado en responder estas adversidades, no exclusivamente con la apertura de más pozos, sino con soluciones de fondo y a largo plazo, como la que representa el proyecto Presa Milpillas, una magna obra que incorporaría un caudal que satisfaría la demanda de más de medio millón de personas en el corredor urbano Fresnillo-Guadalupe durante los próximos 30 años.

La propuesta, encabezada por el gobernador Alejandro Tello Cristerna, es la mejor y más viable opción, sobre todo si se desarrolla mediante un mecanismo financiero de gobernanza y gestión integral, en el que participen, además de los organismos técnicos directamente involucrados, conservacionistas, investigadores universitarios e inversionistas del sector privado.

Un grupo de expertos del Colegio de Posgraduados de la Universidad de Chapingo y de la Universidad Autónoma de Zacatecas, encabezado por María Eugenia Miranda Martínez, elaboró un proyecto integral con propuestas tan pertinentes que es respaldado por la Secretaría de Agua y Medio Ambiente.

La sociedad, beneficiaria última de todos los esfuerzos del gobierno estatal para que Zacatecas tenga suficiente agua, debe asumir que cuando la protegemos, protegemos nuestro futuro. Esta debe ser una motivación para involucrarse a fondo en la realización de un proyecto que no es del actual gobierno, sino una imperiosa necesidad histórica para resolver lo que dentro de pocos años podría convertirse en grave crisis.
Recordemos que, como dijo el investigador submarino, Jacques Cousteau, “el ciclo del agua y de la vida son uno mismo”. ■

*Titular de la Coordinación Estatal de Planeación

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