Annus horribilis

Annus horribilis

Carlos Fuentes lo describió como “el año en que estuvimos en peligro”. Hace cinco años, la revista Nexos, publicó un dossier, en el que lo llamó nuestro annus horribilis. El periodista Diego Enrique Osorno, a través de la serie documental 1994, producida por Vice y disponible en la plataforma Netflix, nos ha invitado a reencontrarnos con aquél año, un cuarto de siglo después.

Mi generación creció marcada por los sucesos de aquel año. Más allá de las crisis de las décadas de 1970 y 1980, sobrepasando la apertura impulsada por el presidente electo en ese año, el régimen se nos presentaría siempre como el culpable (por acción u omisión) del asesinato de un popular político al que apenas conocimos: Coloso. También pasaría por nuestra mente una y otra vez, la crisis económica. La muy próxima alternancia y pluralidad política, parecen, a la distancia, como impostergables, actos y consecuencias inherentes a aquél año.

Es un año que solemos recorrer con cierto morbo: entre fascinación y temor. Sesenta y cinco años de un régimen se agotaban entonces, no sin alboroto y contorsión. La expectativa de un futuro soñado, por fin a un paso, se esfumó, apenas vislumbrado. Lo fue así porque (como hoy), un sector de la sociedad pudo soñar, mientras otra, aún no podía dormir. Mientras abandonábamos el nacionalismo revolucionario como ideología, una revolución se aproximaba por el sur, sin que pasara de un grito que, más allá de los pocos días de combate, hizo al país enfrentarse a sí mismo: los pendientes del pasado no se habían ido por voltear hacia otro lado.

Ese mismo 1994 el sistema político se agotó, aunque contuvo su agonía en las siglas, no pasó del siglo. El sexenio que iniciaba no pudo desprenderse del reclamo, encono y temores, del que fue, de hecho, su origen. Los reclamos sociales no acabaron en Chiapas, aunque la atención volvería allá apenas por episodios breves (ojalá no nos vuelva a despertar un grito).

Más allá de la cursi nostalgia no podemos saber si Colosio sería un buen presidente. Tampoco, sí dejamos de lado la legítima sospecha, sí los asesinatos de ese 94 (sumado al de Colosio el de Ruiz Massieu), fueron causados por la élite en el poder, o por la élite despojada de éste. Lo que sí podemos saber es que pareciera ser que Colosio entendía la necesidad del cambio político como inherente a la apertura económica y la reforma democrático-liberal (evitaré por convicción el neo). Sabemos también que su perfil, forjado entre la lucha política desde la base y la cultura del esfuerzo (meritocracia), le permitían entender mejor que los últimos presidentes, la realidad social, política y económica, más allá de los informes, el escritorio o el cubículo.

Aquél año Antonio Torres (mi padre), echó su liberalismo fuera del “partido único”, del que siempre fue crítico, mas no contrario. María Concepción Muñoz (mi madre), su esperanza. Se decepcionaron de la mejor forma en que lo hacen los demócratas: oponiéndose en la calle y en la urna. Al año siguiente “se atreverían”, a votar y apoyar a un joven ingeniero (Francisco Sandoval Martínez), para que fuera el primer alcalde no surgido del PRI en Jalpa.

Osorno nos recuerda todo esto, de voz de los protagonistas disponibles y dispuestos para el ejercicio. Es importante destacarlo: sí ésta parece ser la versión de Carlos Salinas, es porqué es el único de los ex-presidentes involucrados, que ha querido manifestarse (en libros, artículos, entrevistas, a cada paso, a cada oportunidad, gustoso). Zedillo nos debe, a los mexicanos, mucho aún por contar. No basta haberse erigido como el gobernante que permitió la alternancia y la pluralidad, sus experiencias (memorias, análisis, vivencias), mucho nos podrían servir aún, para facilitarnos la comprensión de un México que parece haberse ido, sin dejar de estar presente. Zedillo nos debe muchas explicaciones.

No puede dejarse de lado, como una fuente complementaria para el análisis de aquél annus horribilis, el documental “1994, el año de la ruptura. El documental producido por alumnos de la Universidad Iberoamericana, está disponible en YouTube con ese título. Tanto como el de Osorno, lo recomiendo. ■

@CarlosETorres_

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